A Juan José Gil (64) le gustaba el lujo y llevaba una vida extravagante. Un triplex con ascensor, en Adrogué, varias propiedades a su nombre y autos de alta gama eran la cara visible de una vida que no podía justificar legalmente. Es que el negocio millonario que manejaba le valió el apodo de “El Zar del Juego” entre los investigadores, que hace ocho meses están detrás de sus pasos. Hombre de la zona sur, su organización de quiniela clandestina cayó ayer después de 80 allanamientos y terminó con 57 detenidos, entre ellos cuatro policías de la Bonaerense. Según fuentes del caso, mientras les pagaba a jubilados y a pequeños comerciantes pequeñas comisiones por levantar apuestas ilegales, se cree que él y sus socios ganaban millones.

El negocio estaba aceitado gracias a la antigüedad y la impunidad de la que gozaban. Gil y su mano derecha, Fernando Andrés Lizuaín (64), eran conocidos “quinieleros” en el sur del Conurbano pero nadie parecía percibir su actividad como un delito. Tenían vínculos con el viejo PJ lomense que databan de la época duhaldista y contaban con protección policial en todas las jurisdicciones donde operaban. Ahora los acusan de asociación ilícita y de juego clandestino. Pero también podría intervenir la Justicia Federal para investigar si lavaban el dinero que recaudaban, mediante alguna maniobra fraudulenta.

Policiales, detienen al zar del juego clandestino, Jose Gil.

Gil y Lizuaín eran los “capitalistas”, manejaban la plata y se llevaban gran parte de la recaudación. Usaban búnkers que funcionaban como oficinas administrativas donde cargaban las apuestas en bases de datos y analizaban las estadísticas de las jugadas. Por debajo de ellos estaban los “pasadores”, encargados de recaudar el dinero y de transmitir los números por los que se apostaba en los barrios. Los “correos” y comerciantes eran la base de la cadena: le cobraban a la gente que quería apostar a un número y los anotaban en precarios cuadernos o papelitos que después pasaban a través de los “correos” o por fax.

“Entre los detenidos hay de todo. Desde un jubilado que andaba en bicicleta recorriendo los negocios para juntar la plata, hasta una docente que en su tiempo libre levantaba apuestas”, explicaron fuentes de la investigación a Clarín.

Policiales, detienen al zar del juego clandestino, Jose Gil.

Los comercios en los que levantaban las apuestas eran precarios y estaban ubicados en barrios de la periferia. La banda operaba en Lomas de Zamora, Almirante Brown, Esteban Echeverría, Lanús y Avellaneda.

Juan José Gil no tenía una fachada de empresario detrás de la que esconderse: así de impune era su negocio. Todos lo sabían “quinielero” y hasta tenía una agencia de lotería habilitada en la que, además de la oficial, también levantaba apuestas ilegales. “Vamos por más” se llamaba la SRL registrada a su nombre.

Según los investigadores, solía moverse entre dos de sus propiedades: una en Villa Centenario, Lomas de Zamora, demasiado ostentosa para el barrio; y un triplex en Adrogué, sobre la calle Amenedo. Allí vivían su mujer y sus hijos, pero ayer no lo detuvieron allí sino en Puerto Madero. Como no lo habían hallado en sus domicilios de Lomas de Zamora, rastrearon las comunicaciones y descubrieron que estaba en una terminal por abordar un “Buquebús” para fugarse rumbo a Uruguay.

En los 80 allanamientos realizados ayer incautaron 326 mil dólares, 540 mil pesos, 2.200 euros, pesos mexicanos, reales y pesos guaraníes. También, computadoras, bases de datos, anotaciones y cuadernos donde llevaban la contabilidad informal.

El socio de Gil coordinaba los búnkers, instalados en algunas de las casas allanadas. Eran como oficinas contables. Según informaron los investigadores, a Lizuaín le gustaban las fiestas y ostentar su dinero en grandes cenas con amigos y mujeres. Entre sus cosas encontraron fotos de presuntos encuentros sexuales.

Para recaudar a través de los pequeños comercios barriales, ubicadas en algunas de las zonas más pobres del GBA, la banda pagaba una “cuota mensual” a distintas comisarías. Entre los más de 80 allanamientos hubo algunos dirigidos a la comisaría 5° de Villa Fiorito; la 7° de Villa Centenario; la 10° de Ingeniero Budge (las tres en Lomas de Zamora); y la 3° de 9 de Abril, en Esteban Echeverría.

Por estar involucrados con esta banda detuvieron y desafectaron de la Fuerza al oficial Ramón Orlando Moya; al oficial Luis Martínez; y al capitán (comisario) de la comisaría 5° de Lomas, Ramón Orlando Salguero. El oficial Alejandro Javier Knollinger, del Comando de Patrullas de Almirante Brown, estuvo prófugo pero se entregó en la fiscalía ayer por la tarde.

Además, después de los allanamientos, por orden del Ministerio de Seguridad de la Provincia descabezaron la comisaría 7° de Villa Centenario, en Lomas de Zamora. De allí desafectaron de la Bonaerense al subcomisario Enrique Ibarra, por tenencia de armas sin registro; a Viviana Del Valle Delgado, administradora, por tener 15 mil pesos sin justificar; y a Emiliano Rodríguez, titular de la comisaría, también por tener dinero cuyo origen no pudo explicar.



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