Con la llegada de Brasil de una hembra joven, se reavivan las esperanzas para que el felino se reproduzca en Corrientes.

Durante los primeros días se mostraba agresiva, desafiante. Estaba inquieta en ese espacio de apenas diez metros cuadrados, con estrictas medidas de seguridad, climatizado y tarimas de madera rústica a tres metros de altura. Luego fue sometida a una serie de chequeos médicos y hasta pasó por el quirófano para que pudieran extraer el implante anticonceptivo que llevaba puesto.

Pero a los pocos días de haber llegado al centro de rescate del parque provincial San Cayetano para cumplir con su período de cuarentena obligatoria, su actitud de fiera cambió. “Caminaba contorsionándose, con la cola levantada, y empezó a marcar el recinto con manchas de orina. Su comportamiento era “demasiado amistoso”, no había duda de que estaba en celo”, cuenta exultante la bióloga Alicia Delgado, a cargo del centro San Cayetano, donde este ejemplar de jaguar pasó sus primeros cuarenta días antes de ser trasladado al Centro Experimental de Cría de de Yaguaretés (CECY), que funciona en el corazón de este extenso humedal correntino y dueño de una las zonas de mayor biodiversidad del país, pero que desde hace más de 60 años perdió a su máximo predador.

“El yaguareté es un moldeador de hábitat, porque al ser el predador tope él es el que regula toda la red trófica. Su ausencia genera superpoblación de otras especies que están por debajo en la cadena y que desestabiliza el ambiente, como sucede