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El papa Francisco ya realizó cinco viajes a Latinoamérica y en ningún de estos casos hubo incidentes ni hechos previos de violencia, como los que ocurrieron en Chile. Por el contrario, tuvieron gran impacto en las distintas comunidades católicas de la región, con circunstancias particulares de acuerdo a la situación política dominante en cada una de ellas.

Hechos urticantes como los casos de abuso sexual cometidos por sacerdotes no pudieron ser evitados por el Pontífice, aunque en todo momento buscó descomprimir la presión sobre la Iglesia. Se puede decir que le resultaron más fácil de llevar las cuestiones sociales, entre ellas la pobreza y la desigualdad, muy presentes en América Latina.

Como es natural, se lo notó cómodo en aspectos políticas que tuvieron que ver con reconciliaciones, entre ellos el restablecimiento de relaciones entre Cuba y Estados Unidos y el acuerdo de paz de las FARC con el gobierno de Colombia.

En sus discursos trató por encima los múltiples casos de corrupción que se vienen dando, evitando herir la relación con los gobiernos regionales.

El primero viaje, y de enorme repercusión por la cantidad de fieles que reunió, fue el de Brasil, en julio de 2013, para asistir a la XXVIII Jornada Mundial de la Juventud en Río de Janeiro. En la ciudad carioca superó ampliamente la prueba de la popularidad, rompió en varias ocasiones el protocolo para acercarse a los fieles y realizó gestos simbólicos como visitar una favela, así como a los adictos, presos y enfermos.

Francisco en Río de Janeiro. (EFE)

Dos años después, en julio de 2015, Jorge Bergoglio realizó una gira de una semana por Ecuador, Bolivia y Paraguay, donde pidió perdón por los crímenes contra los indígenas durante la conquista de América, y pronunció uno de los discursos más importantes de su pontificado al fijar su posición sobre los diferentes problemas sociales y económicos que enfrentan los excluidos. Puntualmente llamó a trabajar para garantizarles como un derecho sagrado la tenencia de tierra, techo y trabajo.

En su paso por Bolivia el presidente Evo Morales le regaló una talla de Cristo con una peculiaridad: la cruz representaba nada menos que una hoz y un martillo. El “crucifijo comunista”, como se lo llamó, sorprendió a Francisco y derivó en polémica en las redes sociales.

El presidente boliviano Evo Morales entrega al Papa Francisco un crucifijo con la hoz y el martillo. (ANSA)

En septiembre del mismo año viajó a Cuba y a Estados Unidos, actuando como catalizador del deshielo que recién se iniciaba entre la superpotencia capitalista, gobernada en ese momento por Barack Obama, y la isla comunista liderada por Raúl Castro. Inclusive llegó a mantener un breve encuentro con Fidel, quien moriría al año siguiente.

El Papa con Fidel Castro en La Habana. (AP)

Al año siguiente, en febrero del 2016, el pontífice argentino recorrió durante cinco días México. Allí habló de dos temas incómodos para los mexicano, como son los aberrantes casos de pederastia y la desaparición forzada de los 43 estudiantes de Guerrero, a cuyos familiares no recibió. También se pronunció sobre la corrupción, la violencia, la pobreza y la exclusión, todas cuestiones movilizantes para los mexicanos.

Francisco en el estadio Venustiano Carranza de Morelia, México, el 16 de febrero del 2016. (EFE)

El año pasado Francisco celebró un único viaje a América Latina, a mediados de septiembre: el país elegido en esa ocasión fue Colombia, a donde llevó un mensaje de reconciliación y paz tras el histórico acuerdo entre las Fuerzas Armadas Revolucionarias de Colombia (FARC) y el gobierno de Juan Manuel Santos, que permitió el desarme de la guerrilla y su inserción como nuevo actor político.

Francisco conversa con un grupo de mujeres afectadas por la guerra en Villavicencio, en un acto para promover la reconciliación con un grupo de víctimas del conflicto armado de más de medio siglo en Colombia. (EFE)

El Papa conmovió a los colombianos al presidir ante miles de personas en la ciudad de Villavicencio uno de los actos más emocionantes y desgarradores de su pontificado, al unir y escuchar el testimonio de víctimas y victimarios del conflicto armado que devastó ese país por medio siglo.

Chile y Perú también implican un desafío para el Pontífice, con temas recurrentes de Latinoamérica.

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