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El Papa Francisco iniciará este lunes una visita de tres días a Chile –seguida de otra de la misma duración a Perú- donde deberá desplegar todas sus condiciones de líder y su carisma para sortear con éxito acaso el viaje más desafiante de los 22 que realizó durante su pontificado.

Es que una serie de situaciones adversas se conjugan en el país transandino que lo tornan particularmente delicado.

Por lo pronto, llega a la nación latinoamericana donde cosecha la menor valoración. Con una Iglesia chilena que tiene la peor aprobación de la sociedad respecto a la del resto de la región y sufre la mayor pérdida de fieles.

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Se suma a ello la tensión con sectores mapuches radicalizados que vienen protestando por su visita e incluso atentados a cinco iglesias de Santiago ocurridos el viernes. Lo cual llevó a extremar las medidas de seguridad.

Según una encuesta de Latinobarómetro, que se conoció en los últimos días, en Chile Francisco tienen una evaluación favorable, de 1 a 10, de 5,3 sobre 10, lejos de Paraguay, donde la aprobación llega al 8,3.

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La confianza en la otrora prestigiosa Iglesia chilena -que jugó un destacado papel contra la dictadura de Augusto Pinochet y de cercanía a los pobres- cayó en los últimos 20 años del 80 al 36 por ciento. Mientras, la cantidad de católicos se derrumbó en ese período del 74 por ciento de la población al 45 por ciento.

Los casos de pedofilia cometidos por miembros del clero –entre ellos el más emblemático es el del sacerdote Fernando Karadima, condenado por la justicia y expulsado del sacerdocio- es el factor que más ha perjudicado la imagen de la Iglesia, además de la pérdida de religiosidad de la gente, entre las principales razones.

Un hombre supervisa las tareas de preparación en la Catedral de Santiago de Chile para la visita del papa Francisco. (DPA)

El propio Papa quedó afectado por el escándalo de la pedofilia cuando, hace dos años, nombró obispo de Osorno a Juan Barros, un prelado que se había desempeñado en la parroquia a cargo de Karadima en Santiago.

La designación provocó reacciones airadas de quienes consideraron que Barros no podía ignorar el proceder delictivo de Karadima y, por tanto, el pontífice no debió nombrarlo.

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De hecho, interrumpieron la ceremonia de toma de posesión a los gritos. Consciente de la enorme indignación por estos hechos -en Chile se contabilizaron 80 casos de pedofilia cometidos por curas- el Episcopado chileno admitió la posibilidad de que el Papa se refiera al tema.

Incluso, el vocero del Vaticano, Greg Burke, no descartó que Francisco reciba a víctimas y familiares de estos abusos.

Otro factor que sumó malestar fue el hecho de que el pontífice, durante su visita a Bolivia, hace dos años, se haya pronunciado a favor de un diálogo entre Bolivia y Chile por el reclamo del país del altiplano de una salida al mar, que perdió a fines del siglo XIX, en la guerra del Pacífico.

Los sucesivos gobiernos chilenos no quieren siquiera sentarse a conversar de este tema. El tribunal de La Haya analizada una presentación de Bolivia para que se inicie un diálogo.

Con todo, se considera improbable que el Papa vuelva a abordar esta cuestión porque se descuenta que no querrá empañar su visita. En diciembre, el presidente boliviano, Evo Morales –que impulsa una mediación del Papa-, visitó a Francisco, pero la Santa Sede dejó trascender entonces que el reclamo boliviano no había sido tratado.

Francisco llegará a Santiago pasadas las 20 de lunes, hora argentina, tras 15 horas de vuelo durante el que sobrevolará suelo de nuestro país y, como es de práctica al pasar por cada nación que saluda al gobierno local, enviará un mensaje al presidente Mauricio Macri. Con todo, el vocero Burke aclaró que en esta ocasión no será meramente protocolar, pero prefirió no anticipar su contenido.

El martes, Francisco iniciará una muy intensa actividad que comenzará con una visita a la presidenta Michelle Bachelet en el Palacio de La Moneda. A media mañana oficiará una misa en el Parque O’Higgins -que se prevé multitudinaria-, el mismo sitio donde la celebró hace casi 31 años Juan Pablo II y durante la que se produjeron incidentes entre manifestantes que protestaban contra la dictadura de Augusto Pinochet y los carabineros.

Por la tarde, visitará una cárcel de mujeres y luego estará con obispos, religiosas y seminaristas en la catedral y más tarde, en el santuario del Padre Hurtado, con sacerdotes jesuitas y con carecientes.

El miércoles Francisco se trasladará a Temuco, en la sureña región de la Araucanía, en lo que se presenta como la etapa más complicada del viaje porque es la zona de la problemática aborigen que en los últimos años derivó en episodios de violencia de los grupos radicalizados con quemas de templos católicos y evangélicas, entre otros atentados.

En el aeropuerto de Maquehue, el Papa oficiará una misa “por el progreso de los pueblos”. Se descuenta que durante la homilía se referirá a los reclamos de los mapuches. Tras la misa almorzará con un grupo de habitantes de la zona.

Luego regresará a Santiago donde tendrá primero un encuentro con jóvenes y luego otro con referentes del mundo de la educación y la cultura. El jueves viajará al norte, a Iquique.

Allí también oficiará una misa masiva en la que se cree abordará la problemática de los migrantes y la medioambiental, además de rendir homenaje a la Virgen del Carmen, patrona de Chile.

Finalmente, almorzará en el santuario de Nuestra Señora de Lourdes. De Iquique, tras despedirse de la presidenta Bachelet, partirá a Lima.

En Perú –donde estará hasta el domingo- celebrará misa y tendrá encuentros en Puerto Maldonado (en la Amazonia), Trujillo y la capital, desde donde regresara a Roma.

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