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Apunte mental: la tablet, play o notebook que le falta al nene, los últimos juguetes que su hermanita más chica pide a cada rato, esa camisa o jean que papá siempre buscó, y no encuentra nunca, el vestido de verano -junto a las últimas tendencias en accesorios 2018- que mamá quiere conseguir.

Estos, y mil requisitos más, pueden ser algunas de las “listas de compras” de aquellos cientos de argentinos (incluyendo los movilizados por la visita de mañana del Papa Francisco) que emigran como golondrinas hacia Chile y quieren captar los mejores productos a precios rebajados.

Pero no todo es tecnología y pilcha en la tierra de Bernardo O´Higgins. Un factor a tener en cuenta para aprovechar este veranito son los juegos playeros y distintas opciones para relajar de cara (o espalda al sol).

El agua fría, la prohibición de bañarse en gran parte del frente costero trasandino junto a la incómoda presencia de medusas son un factor que obliga a muchos a estar más cerca de la playa que de la arena. Y, sobre todo, en constante movimiento.

Una de las atracciones principales que se impone este verano desde el otro lado de la cordillera Chile es el spikeball. ¿Qué es? Inventado por un estadounidense en 1989, esta deformación del voley hace poco tomó trascendencia en Sudamérica.

El juego consiste en un enfrentamiento de dos duplas, en el cual una persona le pasa la pelota a su compañero (a través de un golpe) y la otra remata hacia una cama elástica circular. El esférico rebota y los rivales repiten el proceso.

Gana el punto quien logra que la pelota no sea atrapada por su rival y toque la arena. Ojo, si o si, los jugadores deben ir rotando: el que remata luego debe ser el que asista a su pareja. El kit que contiene dos pelotas, arco, red, inflador y base, en Mercado Libre se lo consigue a partir de los 2.200 pesos. ¿En Chile? 1.600 pesos.

En las playas de Reñaca es un furor. Bien cerquita del mar gélido se ven varias redes elásticas clavadas en la arena y la tensión puesta en el esférico para completar las 21 conquistas. Esta moda lúdica acaba de aterrizar en Pinamar, y quizás se imponga en otros balnearios.

Otro de los clásicos divertimentos que adoptó su versión beach (como pasó con el fútbol, tenis o voley) es el frisbee o disco volador. En las playas trasandinas se ve a un grupo de jóvenes que intentan voltear con el disco una botella elevada a través de una tarima de plástico. ¿Yesto?

Son las herraduras polacas o beersbee, en relación de la lata de cerveza como objetivo a voltear. Pero para jugar a esto no se necesita andar corriendo caballos ni buscar su origen en Polonia. No, cada uno de los palos deben clavarse a una distancia de siete metros y medio. El objetivo es lograr tirar la botella de tu rival con el disco sin que el otro lo intercepte. Ah, también se puede jugar en parejas.

El kit-que incluye el frisbee y las estructuras tubulares para crear la tarima como así también la base para ubicar la botella- ronda los 1.300 pesos argentinos (unos 40.000 chilenos). En Argentina, aún no se ve.

Otro artefacto que no se rinde a la hora del descanso es el puff inflable, que del otro lado de la cordillera se lo conoce como banano. A esta especie de reposera, que se infla a través del viento, hay que saberla plegar en una de sus puntas para albergar el aire necesario para un buen descanso.

En Chile, un banano cuesta alrededor de 300 pesos argentino (10.000 chilenos) que se pueden conseguir, sobre todo, en las playas de Reñaca. ¿Acá? Poco más del doble (700 pesos). Hay variedad de colores como así también algunos con motivos especiales, como los camuflados.

Otra de las atracciones que se ven por Chile es el Squap Paddle, un juego de playa en dónde el objetivo es lanzar una pelota a través de una especie de guante propulsor en forma de boca. Del otro lado de la cordillera se consigue por unos 1.800 pesos. Por estas tierras, casi que ni se ve.

Y para los más chiquitos, que le gusten estar a los saltos, están las camas elásticas con malla de protección periférica, que en Chile se consigue a unos 4500 pesos argentinos y aquí arrancan desde los 5.000.

Por último, en época en dónde los unicornios son furor, se imponen los inflables gigantes con forma de estos seres imaginarios que le ponen calor al verano. Y hay que bucear en Internet para ver modelos que podés encontrar desde 1.100 pesos (resiste hasta 90 kg y mide 2,20 x 2 metros) hasta piezas que rondan los 4.000, con mejor diseño y resistencia. w

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