El no es Walter White. Mucho menos Heisenberg. Ni siquiera es químico, como el personaje de Breaking Bad. Martín Saaied es un arquitecto de Vicente López que hace un año y medio empezó a estudiar, investigar y a emprender sobre la industria del cannabis. Hoy, a los 46 años, es el “unicornio” del ambiente weed friendly de Punta del Este.

Y no sólo en Uruguay, donde el consumo recreativo tiene tres vías de control desde el Estado: farmacias, clubes cannábicos y autocultivo para uso personal (hasta seis plantas). Quiere que sus innovaciones en la marihuana lleguen a la Argentina.

Es que, yendo al cogollo de la ley, Martín está desarrollando un negocio totalmente legal. No se está ocupando del cultivo ni la elaboración del cannabis. Le está proveyendo a esa industria tecnología para mejorar sus procesos. Todo eso, como un elegido de Silicon Valley, donde la producción cannábica ya está robotizada.

Logró la licencia de una de las empresas más importantes de la industria del cannabis en California (Foto Guillermo Rodriguez Adami)

En la meca de cráneos tech de California, logró firmar un contrato con la empresa Sageanalytics.com para representar y vender en Latinoamérica una máquina de espectroscopia de la marihuana.

Más allá de la calidad orgánica de cannabis, sativa e indica, fue creada para medir de forma industrial la potencia de los cristales de cannabidiol (CBD, el componente no psicoactivo) y el THC (o tetrahidrocannabinol, que es lo que produce el efecto narcótico).

El análisis de cada muestra sale US$ 10

“Tiene un lente de cristal de zafiro producido en Canadá o en Finlandia (que cuesta US$ 5 mil). Con él envía cinco haces de láseres diseñados para que dentro del cannabis sólo vean las moléculas que tienen que medir”, dice Martín a Clarín desde Punta del Este.

En otras palabras, esa máquina es lo que determina lo que, por ejemplo, dirán en porcentaje los paquetes entregados en farmacias de Uruguay (9% de THC).

“Fue desarrollada para la industria cannábica en California, que se extendió muchísimo y es cerrada en sí misma, porque no pueden exportar ni importar, trabajan dentro de su Estado. Pero ellos crearon una maquinaria que no tiene ni THC ni CBD entonces se puede vender en el mundo. Eso mismo hago yo”, sigue.

La etiqueta que emite está validada por la Administración de Alimentos y Medicamentos (FDA) de Estados Unidos. Eso es igual a decir que en un dispensario de marihuana en California el frasco con esa rotulación es una garantía de que lo que se va a fumar es lo que está impreso.

Martín la vio por primera vez en Praga. Solo, con su inteligencia para los números y su voz calma fue a conquistar a la empresa. Pegó.

En Uruguay ahora se ocupará de venderla en procesos industriales, por ejemplo, “a quienes tienen 10 hectáreas o 60”. Pero también ofrece el servicio a clubes cannábicos, a los que les mide la cosecha a entre 5 y 10 dólares la muestra. Sin dar nombres ni direcciones, habla de los que están en La Barra y en Punta del Diablo.

La máquina de espectroscopia de marihuana creada en Silicon Valley y usada en un club cannábico de La Barra.

“Algunos la quieren comprar. Porque hay clubes con más dinero o menos.” La membresía promedio de esos clubes es de US$ 250 por mes por los 40 gramos permitidos para cada miembro, que no pueden ser menos de 15 ni más de 45.

El método tradicional de análisis de la marihuana en Uruguay y Argentina es a través de laboratorio. Con una máquina conocida como HPLC (cromatografía líquida de alta resolución) -que vale US$ 250 mil- y necesita un ingeniero químico con una curso de capacitación encima. Ese informe dirá todas las moléculas que hay en una muestra, por ejemplo, unas 1.225, y habrá que identificar los cannabinoides dentro de esa lista.

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Pero la máquina que él ofrece es una tablet con una caja -donde se coloca la muestra- del tamaño de la mitad de una de zapatos. Además de ser totalmente portátil, no necesita un técnico para utilizarla. El resultado aparece en segundos. Queda registrado en una base de datos en Estados Unidos e impreso en la etiqueta. El cultivador después tendrá que hacer el seguimiento de su cosecha para, así, mejorar su calidad.

“Está preparada para hacer el trabajo sola”, detalla el emprendedor, que quiere interesar en su producto al Conicet, único encargado en Argentina de investigar el cannabis.

De cultivo rotativo. La "nave nodriza de la marihuana".

Pero la máquina de medición no es su única innovación en el campo verde. Ya instalado en Uruguay, este año traerá a su socio polaco, que vive en Bélgica, para patentar una máquina que lo vio crear en Europa y que permite cultivar marihuana de manera rotativa.

Es un esqueleto cilíndrico que tiene paredes de bandejas en las que se ponen los cubos de lana de piedra donde vive la raíz de la planta. Al crecer hacia el centro, ahí está el eje de la iluminación. Así, reduce el costo de electricidad, de agua y de espacio para la cosecha. También -explica-, permite a los cultivadores controlar mejor la cosecha porque se trabaja “más cómodo, sin agacharse nunca y con una visión de todas las plantas todo el tiempo”.

Tendrá un valor de US$ 10.000 y, por las fotos que mostró a Clarín, podría describirse como una nave nodriza del cannabis.

“Va a llegar en enero y en febrero la patentamos. Vamos a evaluar costos de producción para hacer 5. Ya tengo un comprador de Brasil que le interesa y otro de Córdoba. Y tengo otras 3 máquinas ya pre vendidas.

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Para ir a su showroom, sobre Francisco Ros en Montevideo, hay que hacer cita previa. Allí también distribuye cremas y aceites a base de cannabis para el tratamiento de personas y animales. Esos productos están certificados en Suiza. Tienen CBD en distintas proporciones y menos del 1% de THC, es decir, cumplen con la normativa uruguaya de vender CBD sin THC.

El Instituto de Regulación y Control del Cannabis se basa en lo que está escrito en la ley. Y hay muy poco escrito. Por eso su postura es de hermetismo total. “Es la línea que bajaron para todos los niveles de funcionarios”, dijeron desde el Instituto. Pero su director, Martín Rodríguez, fue uno de los oradores hace pocos días en la Cannabis Conference de Punta del Este, donde Saaied, “el arquitecto de la marihuana”, fue uno de los principales expositores.

El argentino está convencido de que en Argentina va a dejar de ser delito la tenencia para uso personal. “Ya tenés en el mercado la semilla, los métodos de cultivo, lo tenés todo a disposición y decirle a la gente que no la plante y no se la fume… estarían todas las cárceles llenas de gente que fuma un porro. Pero yo no me ocupo del cannabis recreativo. No me interesa tanto porque puede tener que ver con áreas de excesos o vicios. Mi especialidad está en el cannabis medicinal. Que tiene productos controlados, con médicos que receten y hagan un seguimiento.”

Seguimiento como el que le hacen a él, desde Silicon Valley.



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