Pocos meses después de que Seattle llorase la muerte del ídolo del grunge, Kurt Cobain, la ciudad del estado de Washington acogía a un joven que también revolucionaría el mundo, pero el comercial.

Su nombre, Jeff Bezos. Fundó la empresa Cadabra, nombre que cambiaría al cabo de un año por el de Amazon. Veintitrés años después, es el hombre más rico del mundo –aunque no de la historia– y su empresa tiene todos los números para ser la primera billonaria de todos los tiempos, según los expertos.

Amazon aún tiene recorrido por hacer en el mundo. Su televisión de pago –Amazon Prime– trata de llegar al nivel de Netflix; Amazon Restaurants es una aplicación que aún está por despegar en todo el mundo y además, hace poco la compañía estadounidense compró por 13.700 millones de dólares Whole Foods, una empresa que se encarga de vender alimentos naturales y orgánicos. ¿Pero cuál es la relación de su CEO con la comida?

Jeff Bezos, que cumplió 55 años el viernes, suele empezar su día tomando un saludable desayuno con su familia, su mujer MacKenzie y sus cuatro hijos. Y es que al jefe de Amazon no le gusta que haya reuniones y entrevistas a primera hora de la mañana si no es por voluntad propia.

Jeff Bezos comiendo un gusano.

Trata de evitar los desayunos americanos llenos de azúcar y con muchas calorías. No obstante, este hábito lo adquirió después de casarse, ya que durante los 90 –como ha explicado–su desayuno consistía en una caja entera de bizcochitos. Algo poco nutritivo que cambió cuando Mackenzie le dijo que siguiera unas normas de nutrición.

Otro hábito que sigue en relación a las tareas de la casa es limpiar los platos después de cenar. Según el propio Bezos, su mujer dice que “es la cosa más sexy” que hace.

Miembro de The Explorers Club

Aunque sigue una dieta saludable, Bezos es un amante de la comida excéntrica. De hecho, pertenece al club The Explorers, una sociedad privada estadounidense que promueve el estudio científico y el trabajo de campo. Pese a que es un club con más de cien años de historia con gran interés en la investigación, es conocido mayormente por sus exóticas cenas anuales.

En los últimos años, los platos incluyeron lagartos enteros cocidos, tarántulas, ojos de cabra, gusanos y lombrices. Las entradas para este evento anual cuestan desde 375 dólares a 1.200. Pese a la rareza y al precio de la cena, casi 1.500 personas asisten a la celebración.

El día que desayunó pulpo y compró una empresa por 110 millones de dólares

Amazon adquirió alrededor de 70 empresas desde que se fundó e invirtió en muchas otras. Una de ellas fue Woot, una compañía de ofertas en productos varios. En una entrevista a Dallas’ D Magazine, Matt Rutledge, propietario de la marca online, explicó que cuando se reunió con Bezos en un restaurante éste pidió para desayunar un pulpo preparado con papas, bacon, yogur de ajo verde y un huevo poche.

Era un plato demasiado estrafalario para aquellas horas de la mañana, pero no tanto para Bezos. Rutledge, que no entendía lo que estaba pasando, le preguntó por los negocios, por qué había comprado su compañía por 110 millones de euros. Bezos respondió: “Eres el pulpo que me voy a comer ahora en mi desayuno”. “Cuando miro el menú, eres lo que no entiendo, lo que nunca he tenido. Debo pedir el pulpo del desayuno”, le esgrimió el CEO.

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Rutledge no comentó si Bezos se acabó comiendo el plato, pero se sabe que dos años después de aquel extraño desayuno Matt abandonó su compañía ya que Amazon lo presionaba mucho y el sistema de trabajo había cambiado radicalmente. Bezos se quedaba con el pulpo, pero seguía sin entenderlo.

La norma de las dos pizzas

Aunque Bezos es reconocido por ser un hombre muy popular y agradable en fiestas y cocktails, no suele emplear mucho de su tiempo en reuniones con los inversores de Amazon. De hecho, reconoció que sus encuentros suman un total de seis horas anuales.

Por lo que respecta a las reuniones de equipo, el jefe de Amazon tiene una norma: nunca organiza una reunión en la que dos pizzas no puedan alimentar a todos los presentes. Asegura que le ponen nervioso las reuniones en las que hay mucha gente, ya que hay mucho ruido y no acaban siendo productivas. No obstante, no siempre elige que reine la pizza.

Fuente: La Vanguardia



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