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El policía local Luis Oscar Chocobar dice que él no mató a nadie. Pero su mirada lo contradice y deja ver que detrás de esos gestos serios y distantes, hay una persona que aún está en shock. Chocobar nació hace 30 años en Salta y se crió con sus abuelos paternos Zoila y Savignano en La Merced, a unos 20 kilómetros de la capital provincial. Para él, son sus padres. No le gusta hablar mucho de los biológicos y cuenta que tenían problemas con el alcohol y él terminó en un reformatorio y luego en lo de sus abuelos. Tiene dos hermanos y otros cinco hermanastros por parte de su madre.

Su destino como policía lo imaginó cuando él todavía no era Chocobar. El apellido le llegó recién a los 15 cuando su madre lo reconoció. Entonces no tenía ni documentos. “En mi partida de nacimiento decía ‘hijo de nadie; padre: nadie; madre: nadie’”, dice en una entrevista con Clarín.

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Por esos años, Chocobar iba a la “Escuela Infantil de Policía” y ahí decidió su destino. El policía de Avellaneda dice que tiene la piel “dura” porque trabajó desde los 11 en el campo. La ayudaba a su mamá a encañar tabaco. A los 14 pasó a secar las flores, separar y cultivar. No fuma y dice que “el tabaco es lo peor que hay”.

Chocobar vivió en La Merced hasta los 18, cuando resolvió venirse a Buenos Aires. Tomó la decisión cuando le quitaron una beca universitaria mientras estudiaba contaduría. Dice que le fue mal en los exámenes porque en Salta tenían matemáticas solamente hasta 3° año y no hasta 5°.

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A pesar de soñar con ser policía desde chico, la vocación recién se le despertó a los 27 años. Antes trabajó en dos fábricas textiles, en un súper chino, limpió baños públicos en Puerto Madero y fue jardinero.

Fue en 2015 cuando decidió inscribirse en la Policía Federal y en la Local al mismo tiempo. Eligió la de Avellaneda: fueron los primeros que lo llamaron. “Por mi forma de ser muchas veces dejo de lado mi propia salud para cuidar la de los demás. Mi señora se enoja conmigo porque me dice: ‘Vos te preocupás por todos menos por vos’”, afirma.

“Yo por ahí demuestro mucha dureza en mi forma, en mi piel, en mi cara, pero por dentro soy como un osito”

El agente tiene una hija producto de una relación anterior y ahora vive en pareja con Caterin (28). Anda por la calle con gorra porque no quiere que lo reconozcan. “Igual hasta ahora solo me apoyan, me gritan de los autos: ‘¡Grande Choco!’”, asegura. Y en el trabajo, dejó la calle para hacer tareas de logística, siempre en Avellaneda. “Todos los días mis compañeros tratan de mimarme, hablarme y abrazarme. Yo por ahí demuestro mucha dureza en mi forma, en mi piel, en mi cara, pero por dentro soy como un osito”, expresó.

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