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Fueron más de 30 mensajes de texto llenos de amenazas, de desesperación, de obsesión, de un hombre que no entendió el significado de un “no” y que la mujer no es una posesión. Que persiguió y hostigó a su ex, y a sus amigos, hasta que un día ella lo denunció: la había agarrado del cuello enfrente a la escuela de sus hijos y le dijo que la iba a matar.