Son 500 metros de agua los que separan la costa argentina de la paraguaya y se pueden cruzar remando en muy pocos minutos. De los dos lados del Río Paraná, la geografía es generosa. Hay curvas, colinas y una vegetación muy densa. Es fácil perderse en el paisaje, que de día es todo verde y de noche, negro. Esa zona de Misiones es la preferida de las bandas que ingresan marihuana al país. En los últimos meses, fue récord la incautación de droga en los límites con Paraguay y Brasil. Clarín recorrió la línea de fuego narco, donde el silencio de la selva se corta en seco con el ruido de los tiroteos.

La frontera acá no es solo esa línea imaginaria que divide el territorio de un país con otro. Es más que eso: es un portal que tiene el poder de multiplicar hasta por cuatro el valor de un kilo de marihuana y dejarle dinero en el bolsillo a quien lo atraviesa. Pero también es escenario de enfrentamientos armados de narcos con prefectos y gendarmes.

Las lanchas "Toro" que utiliza Prefectura para combatir a los narcos. (Germán García Adrasti)

La ruta de la marihuana comienza en Paraguay, donde están los grandes cultivos, y pasa por Misiones o Corrientes hasta llegar a Buenos Aires. Esa es hoy la vía preferida de los narcos, que se complementa con la frontera con Brasil a través del Río Uruguay. Al menos, así se desprende de las últimas incautaciones. Solo en Misiones, entre enero y febrero –la época de cosecha– se incautaron 32 toneladas y media.

La cifra escala a 36 si se suma lo de Corrientes y Formosa. Diez de esas toneladas fueron secuestradas en un camión con servilletas que viajaba desde Paraguay hacia Montevideo. Esa droga fue parte de la que se quemó la última semana en Eldorado.

Agentes camuflados sorprenden a los narcos cuando desembarcan con la droga. (Germán García Adrasti)

Antes de cruzar la frontera, la marihuana se carga en canoas o botes de aluminio con motores de 20 hp. En una canoa grande pueden entrar dos toneladas sin que se vean. A razón de US$ 30 el kilo, son US$ 60.000 que salen de la costa paraguaya y se convierten en US$ 250.000 del lado argentino (US$ 125 el kilo).

Los botes surcan las aguas del Paraná o el Uruguay en absoluto silencio hasta que la droga se descarga del lado argentino. No hace falta caminar muchos metros para esconderla. La selva misionera brinda condiciones inmejorables para operar en la clandestinidad.

Las bancas utilizan los caminos que cruzan la selva misionera para mover la droga. (Germán García Adrasti)

Sacarla de ahí no es un problema. Desde el aire se pueden ver varias venas rojas que atraviesan la espesa arboleda. Son caminos de tierra que, según explican los investigadores, usan los narcos para llegar en sus camionetas 4×4 y llevar la droga hasta lugares donde pueden esconderla sin riesgo. Algunas arterias ni siquiera figuran en los mapas, pero las huellas están marcadas.

Los canoeros no necesariamente son miembros de las bandas. Muchos cruzan la droga como una “changa”. Un día son cigarrillos de contrabando, soja, cerdos, y otro personas, armas y marihuana. Eso sí, el precio no da lo mismo. Los investigadores estiman que hoy un canoero gana en Paraguay unos US$ 200 por cada cargamento de droga que cruza el río.

Parte de las 32 toneladas de droga incautadas en la zona durante enero y febrero. (Germán García Adrasti)

Sin embargo, el riesgo de caer detenido es latente. Por eso, muchos salen armados o viajan custodiados. Y dicen en la selva que los tiroteos son cada vez más frecuentes. “Cuando en la gestión anterior se prohibió el uso del FAL en las fronteras, los narcos se envalentonaron y nos empezaron a tirar con calibres 762 y 12/70”, contó a Clarín el jefe de la Prefectura, prefecto general Eduardo Scarzelo. Ahora, ese fusil volvió a ser utilizado por las fuerzas federales, según confirmaron en el Ministerio de Seguridad de la Nación. Quienes vigilan la costa argentina de noche aseguran que el sonido de un tiro de FAL al aire es “amedrentador”.

Los “chajaritos”

Pero la guerra en la frontera es más compleja que detectar una canoa ilegal. La logística hoy es más sofisticada y así como en las villas del Conurbano o el Gran Rosario están los “soldaditos” narco que hacen de campana, en Misiones hay “chajaritos” –por el chajá, una de las aves de la zona– que avisan si la Policía está cerca.

Parados del otro lado de la costa, “cantan” si ven algún movimiento para que el bote pegue la vuelta. Lo mismo hacen cerca de la ruta, cuando van las pick-ups a recoger la droga oculta en la selva. Algunos pueden estar toda una noche por $ 500. Gracias a ellos, las incautaciones de droga pocas veces están acompañadas de detenciones. Los traficantes ya están lejos cuando los cargamentos son descubiertos.

La quema de la droga incautada, en un aserradero de Eldorado. (Germán García Adrasti)

La cosa cambia cuando los traficantes son atrapados infraganti por los agentes de Gendarmería o Prefectura. Ahí es cuando empiezan los tiroteos. “Nunca se sabe con qué te van a disparar; cada vez vienen con armas más pesadas”, reconoció un agente que patrulla la costa misionera.

Un equipo de Clarín presenció un ejercicio de captura de narcotraficantes. Fue en el Río Uruguay, en la localidad misionera de Alba Posse, en la frontera con Brasil. Allí acaba de instalarse una base de Prefectura.

Durante el simulacro, dos lanchas de aluminio fueron divisadas por agentes que patrullaban la costa. Ante los movimientos sospechosos de las embarcaciones, los agentes pidieron que un helicóptero sobrevuele el río para identificarlas.

El humo de la quema de marihuana y cocaína en Eldorado.

Los supuestos narcos respondieron a los tiros de fusil y el alerta derivó en la intervención de una de las lanchas especiales con las que cuenta la Fuerza: las Toro, que además están equipadas con artillería de 12,7 milímetros. Los traficantes fueron detenidos por agentes de las fuerzas especiales que estaban camuflados en la orilla.

Más agentes

Además de la base de Alba Posse, la Prefectura se instaló en El Soberbio y Panambí, todas localidades de menos de 5.000 habitantes ubicados sobre el Río Uruguay. Hasta el año pasado, la zona era controlada por la Gendarmería. Pero la complejidad del río y el aumento del tráfico de drogas hizo que el Gobierno enviara fuerzas con mayor capacidad para vigilar la frontera en el agua. Por eso, el Ministerio de Seguridad acaba de destinar a la zona 200 prefectos, a los que se les sumarán otros 100 en pocas semanas, y se incorporarán cuatro lanchas artilladas compradas en Israel.

La frontera de Misiones con Brasil por el Río Uruguay es una zona con escasa profundidad y repleta de piedras que solo los baqueanos saben cómo navegar. Esta complejidad geográfica es aprovechada por los narcos para cruzar en canoas por donde las lanchas no pueden ir.

“Es una zona que estaba muy desprotegida. Había una base de Gendarmería pero por la actividad del río no tenía la capacidad de la Prefectura para vigilarlo. Hay dos pasos fronterizos y ahí tiene que haber fuerzas”, dijo a Clarín la ministra de Seguridad, Patricia Bullrich.

En el último tiempo, las autoridades incautaron cigarrillos de contrabando, soja, cerdos, drogas y hasta tractores. “El 95% de la droga que incautamos en el país es en las fronteras”, afirmó la ministra.



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