Antes de negarse a declarar como principal acusada de haber asesinado a sus clientes, el mexicano Rodrigo Alexander Naged Ramírez (59) y su hijo, el colombiano Jhon Naged (30), la abogada Julieta Estefanía Bonanno (29) intentó darle una clase de Derecho al juez federal Adrián González Charvay. La indagatoria casi termina a los gritos ante el asombro del juez y del abogado defensor de la mujer, Leopoldo Murúa, un profesional que ofrece sus servicios 24 horas por Mercado Libre.

Esto ocurrió el jueves a la tarde. Del Juzgado Federal de Zárate-Campana, Bonanno partió a la cárcel de mujeres de Ezeiza, donde fue alojada en un pabellón de máxima seguridad, en el mismo lugar en el que se encuentra Silvana Salazar, esposa del capo narco peruano Marco Antonio Estrada Gonzáles, alias “Marcos”.

El misterioso encapuchado, detrás de la abogada del narco que terminó ejecutado junto a su hijo, antes de entrar al departamento de Belgrano.

Allí entró con la misma arrogancia con la que enfrentó a Charvay en su indagatoria, y también durante todo su desempeño como abogada de las víctimas en la causa “Bobinas Blancas”: armó un escándalo porque no le daban champú para lavarse el pelo.

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Sin ningún tipo de antecedentes en casos de narcotráfico -rubro en el que se conocen todos- y menos uno de la envergadura de “Bobinas Blancas” (casi una tonelada y media de cocaína), Bonanno solía pasearse por los Tribunales de Morón (jurisdicción donde se matriculó) alardeando de sus supuestos contactos con capos de carteles de México.

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Incluso sostenía que el iPhone que usaba se lo habían dado los jefes de los Naged y que ella respondía directamente a México. Cada vez que podía mostraba fotos de mansiones y personas que había conocido en un viaje a ese país, viaje que ahora es investigado por la Justicia.

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Por todos estos elementos, más las sospechas de que entregó a los Naged al sicario sin ningún gesto de nerviosismo, el juez Charvay quiere tener rápido las pericias psicológicas y psiquiátricas que ordenó. Estas son de rigor, por el monto de la pena que podría caberle si es condenada. Pero en el caso de Bonanno existe una sospecha sobre su condición mental.

El caso

Los Naged fueron asesinados el lunes 4 de junio a la noche en un departamento que alquilaban en Belgrano, sobre la avenida Cabildo al 2600. Procesado por narcotraficante, el mexicano había sido excarcelado luego de sufrir un ACV que lo dejó incapacitado.

Doble crimen en Belgrano, en edificio sobre la avenida Cabildo al 2600. Foto David Fernández

A Jhon le apoyaron el cañón de una pistola 9 milímetros en la frente y dispararon. A su padre le dieron otro tiro en la cabeza desde una distancia de unos 10 centímetros. Dos balas. Sin embargo, en el departamento quedaron tres vainas servidas. Hasta ahora es un misterio si hubo un tercer disparo y dónde fue a parar.

En el departamento quedó tirado un cuchillo con sangre, pero ninguna de las dos víctimas tenía cortes. Por eso los peritos investigan si la sangre del cuchillo se debe a una salpicadura o pertenece al sicario que entró al lugar junto con la abogada Bonanno.

Rodrigo Alexander Naged Ramírez (59), el narco mexicano implicado en "Bobinas Blancas" asesinado en Belgrano.

Un detalle importante para tratar de entender qué pasó es que ni Naged Ramírez ni su hijo tenían señales de lucha, de haber peleado por sus vidas. Su asesino o asesinos los sorprendieron y es también ahí donde se complica la situación de Bonanno.

La abogada quedó filmada pasadas las 21 del lunes 4 cuando llegaba al edificio de las víctimas. Se la ve muy relajada, mascando chicle aunque detrás suyo está parado un hombre con capucha. Una escena clave la muestra saliendo hacia la vereda, mirado a un costado y saliendo del ángulo de cámara, momento en el que detrás de ella se ve pasar al sicario.

Cuando Jhon Naged le baja a abrir la puerta de entrada, el sicario pasa con ella sin problemas. Pocos minutos antes ambos quedaron filmados en lo que parece una conversación, tapándose la boca.

Todos estos videos se los mostraron a Bonanno el jueves durante la parte de la indagatoria en la que se exhiben a los acusados las pruebas de cargo. Dicen que su aplomo y soberbia mutó en furia.

El operativo "Bobinas Blancas", en Bahía Blanca.



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