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Por Victoria Giarrizzo, Investigadora de la UBA y Directora de CERX.

Listo. Se acordó con el FMI, se tranquilizaron los mercados, y se consiguió una ráfaga de oxígeno para salir de la emergencia. Argentina obtuvo un tiempo valioso (y costoso) para intentar equilibrar su economía y ponerla en marcha.

Pero todo será en vano, si no logra rápidamente un objetivo: crecer y aumentar su nivel de exportaciones para generar simultáneamente más ingresos y dólares.

Argentina tiene un gravísimo problema fiscal. Cierto. Pero más grave que eso es su problema de crecimiento. Porque en la medida que la producción crece poco o no crece, el empleo no aumenta lo suficiente, la recaudación tampoco, y el Estado se ve obligado a incrementar su tasa de asistencialismo para evitar mayor desempleo y pobreza, limitando la posibilidad de resolver el problema fiscal.

La situación productiva es muy delicada. Desde el año 2011 las tasas de crecimiento de la Argentina son inestables, un año arriba, un año abajo. Al punto que si se mide cuánto se creció en los últimos 7 años, la respuesta es nada. Aún creciendo 1,5% este año, el producto por habitante será a fin de año 3,1% inferior al de 2011.

Lo mismo sucede cuando se mira el sector exportador. En 2017 se exportaron apenas 58.428 millones de dólares, sólo 4,3% más que diez años atrás, pero si se miden las exportaciones por habitante, se exporta 5,8% menos que 2007.

La performance argentina de los últimos diez años en materia exportadora fue muy pobre, y en términos de crecimiento llevamos siete años en los mismos niveles de producción. Pero con un agravante: la descapitalización del país, que se traduce en dificultades para acelerar la economía hacia adelante.

Secuencia

En el gobierno gana protagonismo la postura de que para crecer primero hay que resolver el problema fiscal. Incluso sorprende al ministro de la producción, Francisco Cabrera, con la misma visión. Primero lo fiscal y después llegarán las inversiones y el crecimiento, aseguró el ministro a los empresarios de la Unión Industrial del Oeste (UIO) reunidos en el parque industrial La Cantábrica de Morón, la semana pasada.

Sin embargo Argentina no tiene ni tiempo ni colchones para esperar esa secuencia. Resolver el tema fiscal llevará meses, años, e implica ajustar el gasto, crecer menos, en una economía que ya de por sí tiene problemas para crecer. Este año se esperaban tasas de crecimiento del 3-3,5% que ahora se verán reducidas a 1,5%. Y peor es que sólo crecen la mitad de las empresas. El resto cae o no crece, lo que en un contexto de subas de costos, implican cierres, menos empleo y menos recaudación. Es difícil alentar inversiones si la demanda no crece.

La secuencia debería ser simultánea. Resolver el problema fiscal desacelerando la economía, no es solución, es más problema. El objetivo “crecimiento fuerte” debe ser tan prioritario como el objetivo “reducir el déficit”. Si Argentina creciera más, se recaudaría más, el sector privado estaría más activo y el Estado podría ir reduciendo tanto el empleo público como algunos subsidios sin impacto en el bienestar. Porque el problema de la quita de subsidios hoy, es que se lo hace en un momento donde las familias se sienten más pobres, más vulnerables, y por eso el impacto duele.

Con los 50 mil millones de dólares de respaldo Argentina se asegura por ahora no tener una crisis financiera ni cambiaria. Pero cuidado. En la medida que ese dinero se use para financiar especulación o más fuga de capitales y no para empujar hacia arriba la actividad productiva, el problema fiscal a futuro se agravará porque habrá que pagar más servicios financieros, y por lo tanto, aún bajando el déficit primario, el déficit total subirá.

Entonces ¿cuál es la solución? Duplicar y triplicar las tasas de crecimiento para bajar el déficit con recursos propios. Pero no cualquier crecimiento, sino uno muy orientado al sector externo. Poner a disposición de las pymes créditos blandos para capitalizarse. Apoyar a las empresas que tengan potencial exportador para insertarlas en el mundo, porque además el país necesita generar dólares y ampliar su mercado para incrementar su riqueza. Poner en marcha todas las inversiones fuertes que permitan reducir costos de producción. Hay interesantes proyectos para activar el transporte ferroviario uniendo Mendoza, Buenos Aires, Misiones, y otros puntos del país, que se sumarían al Belgrano Cargas, que demostró su fuerte impacto en costos. Negociar con las grandes proveedoras de insumos mejores condiciones de precios para las pymes. Continuar desburocratizando el Estado y simplificando procesos, y todo aquello que aliente un shock de inversiones, crecimiento y exportaciones. Ese es el camino para que el oxígeno no se agote en poco tiempo, y en cambio, se multiplique.

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