Por Salvador Di Stefano

En los primeros días de mayo se desato una corrida cambiaria que llevo al tipo de cambio de $ 20,00 a $ 25,00. Las razones fueron de las más diversas, desde el impuesto a la renta financiera, la suba de las tasas en Estados Unidos y la falta de financiamiento en los mercados de crédito.

Después de estos acontecimientos vino la posibilidad de un acuerdo con el FMI, y pedirle U$S 22.000 millones. Los hechos demostraron que este monto no estaba disponible, el FMI le presto al gobierno U$S 50.000 millones, de los cuales U$S 15.000 millones vendrán el martes próximo, y U$S 7.500 millones se canjearán por pesos para financiar el déficit fiscal. El resultado de esta gestión fue que el dólar pasaba de $ 25,00 a $ 26,50.

En lo últimos 10 días el ministro de hacienda y el presidente del Banco Central se reunieron con banqueros, economistas y empresarios para explicar el conjunto de medidas monetarias a aplicar. El tipo de cambio paso de $ 26,50 a $ 28,00.

Claramente, la sucesión de los eventos mencionados nos indica que el mercado no cree en la gestión que llevan adelante las autoridades monetarias del Banco Central.

En el día de ayer, el dólar alcanzó un máximo impensado, pero la particularidad es que los negocios fueron escasos. Muchos insumos dolarizados no se consiguen, y las ventas disminuyen notoriamente. Nadie quiere vender, por miedo a no poder reponer la mercadería que entrega al consumidor.

Así estamos en un escenario de ventas muy bajas, por falta de precio cierto en la mercadería más importante de nuestra economía, el valor de la relación dólar y pesos. Por si esto fuera poco, las tasas de las lebac en $ treparon a niveles del 42% anual. Mientras que las letes en dólares se ubican en el 5,0% anual.

Los índices de precios muestran una evolución alarmante, el índice minorista refleja una inflación del 26,3% para los últimos 12 meses, y el mayorista del 37,7% para igual plazo. Si a esto le sumamos que la devaluación de los últimos 12 meses es del 63,0%, una inflación proyecta del 37% para todo el año 2018 luce muy razonable.

Conclusión. La salida de Federico Sturzenegger era inevitable, y genera descompresión en el mercado. Su paso por el Banco Central le dejo un sabor amargo al gobierno, no logro contener la inflación, acrecentó innecesariamente el stock de lebac, y genero una gran volatilidad en el tipo de cambio. El actual presidente Luis Caputo, era quien de echo manejaba la mesa del Banco Central, ingresa con un margen de maniobra alto, el dólar está en un precio muy elevado, y con muy poco mostrara autoridad bajando el tipo de cambio. Tendrá como tarea titánica bajar los índices de inflación, ojalá tenga suerte.



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