Daniel Lagostena (58) fue condenado este miércoles por el crimen de su pareja, Erica Soriano (30). Si bien el cuerpo de la mujer nunca fue hallado, para el Tribunal Oral en lo Criminal N° 9 de Lomas de Zamora no hay dudas de que él la mató. El monto de la pena se conocerá el próximo viernes, aunque la fiscalía había pedido 25 años.

“Ya está, es un logro. No sé lo que va a pasar en adelante. Erica descansa en paz. Esto sirve para saber la verdad y que ninguna otra persona sufra lo mismo. La vida es una de cal y una de arena, es así. Siempre lo miré a Lagostena, pero él me cruzó la mirada una sola vez”, dijo María Ester Romero, madre de Erica, quien fue vista con vida por última vez en agosto de 2010 en el partido bonaerense de Lanús y cuyo cadáver jamás fue encontrado.

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Lagostena (58) llegó al juicio detenido e imputado de “homicidio en concurso ideal con aborto en contexto de violencia de género”. Durante el juicio declararon entre 60 y 70 testigos.

“Los asesinos y los delincuentes dicen que son inocente, pero es un psicópata. Todos los testimonios fueron importantes. Yo ya dije que no importa lo que pasé, lo importante es que llegamos hasta acá. Era impensado llegar hasta acá”, agregó la mujer.

El 3 de junio de 2017, la causa fue elevada a juicio oral por orden del juez de Garantías 8 de Lomas de Zamora, Gabriel Vitale, y a pedido del fiscal Gerardo Loureyro y de la familia de la víctima.

Previamente, la sala III de la Cámara de Apelación y Garantías de Lomas de Zamora había confirmado la prisión preventiva de Lagostena dictada en junio de 2016 por Vitale y rechazado un pedido de arresto domiciliario.

Daniel Lagostena fue condenado este miércoles por el crimen de su pareja, Erica Soriano. (Luciano Thieberger)

Daniel Lagostena fue condenado este miércoles por el crimen de su pareja, Erica Soriano. (Luciano Thieberger)

En la elevación a juicio a la que accedió se dio por acreditado que el 20 de agosto de 2010 Lagostena y Erica, tras visitar a un ginecólogo en Capital Federal, se dirigieron a su domicilio en Lanús, donde ya se encontraba una persona no identificada hasta ahora que utilizó el teléfono de línea para llamar a una pizzería a las 22.01.

En base al estudio de otros llamados, se estableció que a las 22.13 Erica habló con una amiga, quien luego declaró que se dio cuenta que en el viaje iba manteniendo una pelea con Lagostena.

Según la investigación, cerca de la medianoche, el imputado comenzó a intercambiar mensajes con su sobrino Brian Poublán (25), hijo de su hermana, con quien hasta entonces no tenía un trato cotidiano ni habitual.

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Alrededor de las 5 del día siguiente, un teléfono celular a nombre de la madre del joven registró llamadas salientes en el centro porteño y la Costanera Norte, y luego se activó en Lanús, cerca de la casa del joven y su madre.

La intensidad de llamadas (seis entre las 5.05 y 5.53) llamaron la atención de los investigadores porque no era habitual el uso horario ni el patrón de comunicación y lo que se cree es que se dieron en el lapso durante el cual se hizo desaparecer el cuerpo de Érica.

Si bien Lagostena dijo que solamente tenía un celular a nombre suyo, luego se comprobó que contaba con cuatro teléfonos móviles activos.

Para el juez Vitale, “no resulta razonable suponer que una persona con sus características se sustraiga de su ámbito familiar, o que haya renunciado a todos sus derechos personalísimos, de identidad, de matria potestad, derechos patrimoniales y sucesorios”.

Verónica, hermana de Erica, tras el fallo condenatorio a Lagostena. (Luciano Thieberger).

Verónica, hermana de Erica, tras el fallo condenatorio a Lagostena. (Luciano Thieberger).

Otro dato valorado por los pesquisas fue que cuando la familia de Erica concurrió a su casa con la Policía para saber sobre ella, encontró allí la ropa con la que Lagostena dijo que ella había salido hacia lo de su madre tras mantener una discusión con él, su cartera con todas sus pertenencias, excepto el celular, y el ácido fólico que tomaba por su embarazo.

Los peritos que buscaron rastros en la casa hallaron, pese a que hacía 24 grados, la chimenea caliente y restos de poliéster que se correspondían con una bombacha, por lo que se presume que el imputado quemó allí la ropa de su pareja.

También se encontró una mancha de sangre debajo de una mesita ratona que fue detectada con el reactivo Luminol, pero como había sido lavada sólo se pudo determinar que era de mujer.

Esta prueba coincide con el testimonio de una testigo de identidad reservada que declaró que “el día del hecho Daniel y Erica discutieron y por tal motivo le pegó un ‘sopapo’, ella se cayó y se golpeó la cabeza contra una mesada”.

“Erica murió y por esto Daniel llamó a un amigo, quien durante la madrugada fue a la casa y se llevó el cuerpo de Erica al crematorio de Lanús”, aseguró.

Los investigadores dan por acreditado que Lagostena tenía vínculos con propietarios y empleados del rubro funerario que lo podrían haber ayudado.



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