Luego de que las nuevas autoridades en la conducción del BCRA encararan decididamente el objetivo de la estabilización cambiaria, y así es que el dólar se ha desinflado en las últimas ruedas, las inquietudes ahora se trasladan rápidamente en los costos que tendrán asociados en la economía.

Ante los satisfactorios resultados de reducir la divisa desde los máximos, en base principalmente a un fuerte ¨apretón monetario¨ – que combinó una importante suba de encajes y en simultáneo mayores tasas en pesos – la duda pasa hasta cuándo podrá ser sostenible dicha dura restricción monetaria.

Ocurre que frente a las perspectivas de recesión y repunte de la inflación para los próximos trimestres, la política monetaria contractiva no hace más que acentuar los daños que tendrán no sólo efectos económicos sino también sociales, con su evidente correlato en el escenario político que poco a poco va entrando cada vez más en escena ante las cruciales elecciones del año próximo.

De ahí que los inversores, aún sin querer forzar a las autoridades monetarias a reducir la tasa de manera prematura, se comienzan cada vez más a preguntar si un ¨mix¨ de un dólar más alto – más cuando el repunte del tipo de cambio sólo permitió recuperar la competitivad perdida en los últimos años – con menores tasas no sería más conveniente para intentar suavizar las perspectivas a futuro.

Resulta probable que antes de lanzarse a dicho objetivo, el BCRA quiera acelerar el desarme de la montaña de las Lebacs, aún a costa de liberar fondos que deban ser absorbidos por otros instrumentos o normativas bancarias, a fin de no volver a echar nafta sobre la demanda de divisas.

En vista a que el canje de Lebac por Letes no ha despertado interés, y que la herramienta que genera mayor demanda es el ¨bono dual¨ es posible que la migración de los pasivos del BCRA hacia el Tesoro se siga buscando intensificar a través de dicho mecanismo, que actualmente es uno de los pocos disponibles para obtener financiamiento voluntario local, sobre todo dado que los porcentajes de renovación de las Letes – la próxima bola de nieve – vienen en descenso y con mayores tasas.

Aún con dicha hoja de ruta, lo más relevante pasa por poder encontrar un puente de mayor calma cambiaria combinada con menores tasas en pesos que permita recuperar la confianza de los inversores, a fin de poder reabrir lo antes posible el financiamiento externo que es la verdadera llave, camino que todavía requiere de señales para reducir el elevado riesgo país de unos 580 puntos básicos.

Ocurre que resulta indispensable poder complementar el ¨mega-paquete¨ de asistencia financiera del FMI con financiamiento voluntario desde el exterior, ya que dichos fondos no resultan suficientes para atender ordenadamente en su totalidad las necesidades financieras hasta fines de 2019.

Lograr dicha indispensable reapertura de los mercados de deuda externos permitiría también poder transitar la compleja etapa de cumplimiento de las metas del FMI con mayor facilidad, así como elevaría las chances de reelección de la actual administración el año próximo, algo sobre lo cual los inversores otorgan cada vez mayor relevancia en su proceso de decisiones.

Es por ello que se debe aprovechar la mayor calma cambiaria, aunque sin descuidar su aún prematura y frágil estabilización, para avanzar con el resto las medidas económicas que permitan restablecer la confianza perdida, ya que finalmente resultó el deterioro de la credibilidad el principal motor que disparó la crisis cambiaria y de los activos financieros durante los últimos meses.

En caso de lograrse avanzar en dicho sentido la economía elevaría sus chances de mostrar mejoras hacia el 2019, y así la probabilidad de continuidad del actual ciclo político se vería en aumento, aún frente a una oposición que intentaría usufructuar de todos los errores de política económica acumulados, así como de un escenario externo que resulta más desafiante para los emergentes.



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