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Fernando “Pino” Solanas tiene 82 años. Pero ayer hizo un vibrante discurso que emocionó a los jóvenes de la “ola verde” que apoyaban el proyecto de ley de despenalización del aborto. En un vibrante discurso que dio sobre el filo de la medianoche, cuando ya se sabía que iban a perder la votación, el senador porteño les dijo “a las chicas y muchachos que están afuera: hoy no es una derrota. Esto es un triunfo monumental”. 

“Hablo en nombre de otra Argentina”, que “no quiere una juventud reprimida. Ahí está esa fabulosa y gloriosa juventud en las calles de Buenos Aires. Esta oleada verde de chicas, que está expresando una marcha que lleva años, de las mujeres, nada menos que por el reconocimiento igualitario de sus derechos. No sólo el derecho a la vida de las mujeres… El derecho a poder decidir sobre su cuerpo. ¿Y por qué no? ¿Por qué tenemos miedo a decir que el derecho a gozar? ¡A gozar de la vida y a gozar de su cuerpo!”, dijo Pino Solanas.

El senador porteño lamentó “profundamente que en casi todos los debates” en el recinto y en las comisiones del Senado, “hubo un gran ausente, lamentable ausente, la mujer”. En esos discursos “la mujer era un objeto, un objeto descartado. Una verdadera vergüenza. No puedo dejar de olvidar a las mujeres que he conocido y que han sufrido el tema central de este debate”, ya que “hay miles de mujeres que no tienen otra opción que el aborto clandestino, porque ninguna ley represiva a lo largo de la historia pudo impedir los abortos. Acabemos con la hipocresía de una clase dirigente que sabiendo que las más pudientes podían acudir a los abortos seguros, las menos pudientes estaban condenadas a la infección o a la muerte”.   

“Yo estoy seriamente preocupado por las vocaciones que se dicen democráticas, que respetan la Constitución Nacional. ¿Cómo es posible que en el resultado de esta noche exista una mayoría que cree que le puede imponer a la mitad o más de la mitad de las mujeres argentinas su mirada del mundo? Es inconcebible que legisladores que provienen de culturas populares y democráticas le pretendan imponer a la otra mitad del país, porque las que deciden si seguir o no con sus embarazos son las mujeres”. 

“La Argentina es un país laico”, que garantiza la libertad de cultos y la igualdad ante la ley. “¿Cómo olvidar a doña Raquel?”, se preguntó Pino Solanas, sobre una mujer “humilde”, de 35 años y con cuatro hijos, que la abandonó su marido y la dejó embarazada. “¿Qué tiene que hacer Raquel? ¿Y Susana? Pobrecita, violada por su marido, que cuando no quería hacer el amor, su marido la molía a golpes. ¿Qué tiene que hacer, con varios hijos y embarazada? ¿Y Merceditas? La violó el padrastro. ¿Lo podía denunciar al padrastro? ¿Cuántas anécdotas nos han contado? Podemos seguir discutiendo sobre la teoría de la interpretación constitucional, jurídica, etc. pero ¿quién se hace cargo de estas cosas? Acá no discutimos si aborto sí o aborto no, porque nadie quiere el aborto. La ley que viene de diputados le posibilita” a las mujeres que puedan decidir “interrumpir su embarazo”. 

Luego hizo un racconto por países que “profesan el catolicismo” que legalizaron el aborto, como España, Italia e Irlanda. “¿Quiénes se oponen a esto? Los sectores más reaccionarios y conservadores”. Las mismas que “se opusieron al matrimonio igualitario, al divorcio y muchísimos otros derechos que se conquistaron”. 

“Yo también sufrí en mi juventud la represión del medio ambiente. Me coloco en la posición de muchos chicos y chicas de 14 y 15 años, que se aman. ¿O les vamos a enseñar que deben o no amarse?”. Y reivindicó “el goce, como un derecho humano fundamental”. 

Después Pino Solanas contó una situación sobre el aborto, que atravesó en su adolescencia, junto a su novia. “Yo lo sufrí en carne propia. A los 16 años me recibí de bachiller y me enamoré profundamente. Ella también. Y nos enamoramos tanto, con la oposición de la familia de ella, que nos escapamos. Y nos amamos. Por supuesto, ella quedó embarazada. Al tiempo, desapareció o no la vi por un tiempo. Y luego me enteré que, la verdad, había entrado en pánico. Estaba tan perseguida por el miedo a la represión de sus padres y la represión social, que terminó haciéndose un aborto clandestino. Hubo que internarla varias semanas, porque casi se muere de una infección. Yo lo viví. Viví el pánico de esa chica. Yo no quiero una juventud con pánico, que le tema al mundo que viene ni a los mayores”. 

El senador porteño dijo que era católico, pero que cuestionaba la posición institucional de la jerarquía de la Iglesia católica. “La Iglesia bendijo los vuelos de la muerte, sabía que se torturaban mujeres embarazadas y se entregaban los hijos de esas mujeres. No los vimos en la calle, marchando como Nora Cortiñas, desafiando la represión en la puerta de la Casa Rosada”. 

Es que al inicio de su discurso, Pino Solanas se había trenzado en una fuerte discusión con la vicepresidenta y titular del Senado, Gabriela Michetti, por impedir “una excepción a la regla”, y trabar el ingreso al recinto de la cofundadora de Madres de Plaza de Mayo. “Me parece lamentable, y un signo de los miedos antidemocráticos que existen, las medidas de seguridad y el siniestro Congreso vallado, que viene de épocas inmemoriales y que le cierra las puertas a los mejores referentes del pueblo para presenciar los debates. Esa Argentina queremos cambiar”.

Para finalizar, Pino Solanas les dijo “a las chicas y muchachos que están escuchando afuera, sea cual sea el resultado de esta noche”, que “la causa de ampliación de derechos de las mujeres, hoy no es una derrota, es un triunfo monumental. Ellas lograron introducir un debate fundamental. Ellas lo lograron. Años de movilizaciones. Que nadie se deje llevar por la cultura de la derrota. A las millones de mujeres movilizadas: nadie podrá parar la oleada de las nuevas generaciones. Será hoy o mañana, pero será”.

Así fue el debate por el aborto en el Senado

​Así votaron

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