Se terminaba el primer tiempo en el Cilindro de Avellaneda cuando Renzo Saravia se escapó por derecha y Leonardo Ponzio lo bajó. El árbitro brasileño Anderson Daronco cobró la falta y rápidamente sacó la amarilla. Pero se la mostró a Exequiel Palacios. Racing y River iban 0-0 en el partido de ida de los octavos de final de la Copa Libertadores. Y todo era confusión.

Ponzio había sido amonestado a los 29 minutos por una fuerte falta sobre Ricardo Centurión contra el lateral derecho de la defensa de River. La pregunta que quedó picando es si el árbitro lo hubiera expulsado igual si no se lo confundía con Palacios en la barrida a Saravia.

El brasileño desenfundó rápido la amarilla y quedó preso de su decisión. Los jugadores de Racing le reclamaron, le advertían que el de la falta había sido Ponzio y que ya estaba amonestado. En ese momento, Daronco se tocó el transmisor que tenía en la oreja (ese audífono popularmente conocido como “cucaracha”) y escuchó lo que le decían del otro lado. A falta de VAR, siempre hay un recurso para evitar papelones.

El árbitro brasileño Anderson Daronco, en el Cilindro de Avellaneda. (EFE)

El árbitro brasileño Anderson Daronco, en el Cilindro de Avellaneda. (EFE)

Enseguida, Daronco lo buscó a Ponzio y le preguntó si él había cometido la falta. El jugador fue sincero y le respondió afirmativamente. Entonces al árbitro no le quedó otra opción: hizo un gesto para indicar que Palacios no estaba amonestado, le mostró la amarilla a Ponzio y después la roja.

Marcelo Gallardo se agarraba la cabeza, mientras los de Racing primero gritaban y protestaban el fallo inicial; y después festejaban la expulsión de Ponzio, un jugador clave en el medio de River. Lo único bueno para el DT de River es que fue en la última jugada del primer tiempo (del tiro libre salió un pase para Lisandro López que remató débil, a las manos de Franco Armani) para rearmar el esquema en el vestuario.



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