Era un partido especial para Ricardo Centurión. Por lo que se jugaba Racing en la ida de los octavos de final ante River, por su pasado en Boca, porque era la primera prueba grande que tenía tras caerse a último momento de la lista de la Selección para el Mundial. Pero le costó desequilibrar -como a todo Racing- y cuando fue reemplazado mostró su bronca.

En el primer tiempo había hecho una gran jugada por izquierda con una bicicleta, un enganche en el área y la caída sobre el césped para intentar forzar una falta de Javier Pinola que el árbitro brasileño Anderson Daronco no compró. Prometía más el partido de Ricky, pero se diluyó en intentos tibios, fue previsible y al final no gravitó.

Por eso en el complemento, cuando el 0-0 parecía inamovible, Eduardo Coudet, el entrenador de Racing, intentó mover un poco a un equipo muy estático y le dio la chance a Jonathan Cristaldo. El Chacho decidió sacrificar a Centurión. Iban 29 minutos del segundo tiempo.

El gesto de Centurión fue claro. No quería salir. Se fue mordiéndose el labio inferior, meneó la cabeza. Saludó a Cristaldo, pero no a Coudet. Y para coronar revoleó con furia una botellita de agua contra el césped. Ricky, como todo el equipo, no tuvo claridad para atacar y chocó con una defensa de River ordenada. Buscará revancha en el Monumental, donde con Boca selló el triunfo por 4-2 en el Superclásico del Campeonato de Primera División, en diciembre de 2016. 



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