Pocos jugadores ostentan el privilegio de que abuelos, padres, hijos y nietos los idolatren y, al mismo tiempo, puedan verlos jugar cada fin de semana. Les pasa a las estrellas, sobre todo, transversales a la diferencia generacional de los hinchas. Aunque también hay casos particulares, de jugadores desconocidos para el gran público para amados en su pago chico.

Un caso es Patricio Roldán: su DNI marca 40 años, su archivo dice que suma más de dos décadas como profesional –debutó en 1996- y cualquiera que conozca el mundo de la Primera C no dudará en colocarlo como símbolo de Excursionistas, institución en la que hizo las inferiores, cobró su primer sueldo y, con la que está por empezar, sumará 16 campañas. En la actualidad, Roldán es el más veterano de la categoría: dice que los dolores tardan cada vez más en irse después de cada partido, pero que las ganas aún no se le esfumaron, aunque el carretel se esté quedando sin hilo.

“A los 40, el esfuerzo que hay que hacer en cada entrenamiento es enorme, cuesta mucho si uno quiere ser competitivo. Pero lo vivo bien porque el fútbol es mi vida y este club es mi pasión, así que estoy tranquilo y quiero aportar mi experiencia a los más chicos.”, asegura el Pato, como todos lo conocen en el Bajo Belgrano.

Con el club que lleva como bandera al recientemente fallecido Loco Houseman (“René era y es el número 1 de todos los hinchas, y yo vengo de la tribuna, soy un fanático más) , el Pato las pasó todas, las buenas y las malas. “A mí me tocó salir campeón dos veces, en 2001 y en 2016, hace poco. Pude ver a Excursio en la B, que es la categoría en la que los hinchas quieren estar como mínimo. Y también hubo momentos feos, como el reciente descenso y el mal campeonato del año pasado, donde quedamos muy abajo. La realidad es que para un club como el nuestro, la cuestión económica es determinante. No generamos los ingresos suficientes como para escalar, porque si bien somos una institución tradicional, tenemos muchas dificultades”.

El diagnóstico de Roldán lleva a la pregunta siguiente: ¿en el futuro cercano se ve del otro lado del mostrador? “Yo hice el curso de DT y de manager deportivo, y quiero seguir ligado al club. Por ahora, como técnico no porque siento que debo capacitarme más, pero a lo mejor como manager deportivo o en alguna posición en la que pueda aportar mi experiencia, aportar para un club ordenado, parecernos a uno de la A. Hoy todo cambió. Los pibes necesitan alguien que los guíe, en un ambiente competitivo y marcado por lo económico”.

Lo que maneja el Pato es retirarse en junio de 2019, cuando finaliza su contrato, y allí probarse la nueva pilcha. Tiene en claro que el desafío no es fácil, que el salto de jugador a dirigente requiere cuidado y es consciente de que hay un runrún que hasta hace poco ubicaba a Excursionistas en el lugar de “club manejado por la barra brava”, con allanamientos por causas de narcotráfico incluidas.

“Hubo gente que le hizo mucho daño al club. Nos quedó esa mancha de la violencia y cuesta sacársela de encima, porque si bien es algo extra futbolístico y que pasa en muchos clubes, a nosotros nos sacudió. No podíamos estar tranquilos con esa gente en cada rincón. Por suerte ahora hay dirigentes que están encarrilando las cosas y entre todos empujamos para que el barco marche en la dirección correcta. Hay proyectos para mejorar las instalaciones, se está trabajando en aumentar la vida social del club, se respira un aire sano de trabajo. No hay más lugar para delincuentes. Ojalá cuando me retire pueda colaborar en fortalecer al club, porque siento que tengo mucho para dar desde ese lugar”.

Falta poco para que arranque el campeonato final del Pato con la camiseta de Excursionistas. Este señor de 40 tiene un último sueño futbolístico: lograr el ascenso tan anhelado. Toda la familia Verde lo acompañará para lograrlo.



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