El griego Angelos Tzortzinis, fotógrafo independiente que trabaja para la AFP en Atenas, fue uno de los primeros periodistas en llegar el 23 de julio a Mati, el pueblito costero donde se desarrollaba un incendio que terminó dejando casi un centenar de muertos.

Angelos tiene 33 años

Acostumbrado a coberturas difíciles, dice que se trató de lo peor que vio en su carrera. Este es su relato, con sus imágenes, publicado en el blog Focus: El making-of de la noticia.

Era de tarde cuando llegué a Kineta, al oeste de Atenas. Las ráfagas de viento eran tan fuertes que tuve que frenar mi moto en la ruta, desde donde tomé algunas imágenes del cielo.

Finalmente encontré una manera de pasar y fotografiar las llamas.

El fuego devoraba Kineta.

El fuego devoraba Kineta.

Luego supimos que otro incendio desarrollaba en el este, cerca de la costa, a unos 80 kilómetros.

Alrededor de las 19 estaba en la colina que domina Mati. Pude ver el fuego abajo. Tomé fotos de personas mirando las llamas.

Incendios en Grecia: Mati, el pueblo que no existe más, donde la gente murió abrazada

Mirá también

Incendios en Grecia: Mati, el pueblo que no existe más, donde la gente murió abrazada

Con algunos colegas logramos bajar a la ciudad alrededor de las 21:30 o 22. Y ahí… fue un caos. Como si hubiera caído un cometa.

El fuego aún ardía en algunos lugares, pero el resto se sumía en la oscuridad porque la electricidad estaba cortada.

En el camino nos topamos con un camarógrafo con un reflector. Aproveché el momento en que se dio vuelta para tomar fotos, muy rápido: 10 segundos de luz y yo disparando el obturador sin distinguir muy bien lo que estaba fotografiando.

Mati consumiéndose.

Mati consumiéndose.

Fue entonces cuando vi cuerpos quemados debajo de los autos, en particular dos cuerpos entrelazados. Según la policía, también había un niño, pero no lo vi.

Había otro cuerpo del cual solo quedaban huesos y piel. Lo más impresionante era el olor a piel quemada.

Incendios en Grecia: el irlandés que murió en su luna de miel y otras historias tras las llamas

Mirá también

Incendios en Grecia: el irlandés que murió en su luna de miel y otras historias tras las llamas

También había muertos dentro de los autos, pero no me di cuenta en ese momento sino después, al enviar las fotos.

El fuego había sido muy rápido y derritió todo en su camino. El metal de los autos parecía un líquido sobre el pavimento. Hasta la suela de mis zapatos había comenzado a derretirse.

También escuchamos “¡bam bam bam!“, las explosiones de las baterías de los coches.

El 24 de julio ya había más de 50 víctimas fatales.

El 24 de julio ya había más de 50 víctimas fatales.

Los cables eléctricos habían caído. Tuve que deslizarme hacia abajo para llegar a una pequeña ensenada, donde guiándome por los gritos encontré a algunas personas que se refugiaban.

Apenas tenía la linterna de mi teléfono para iluminarme. Parecía una película de ciencia ficción.

La acción desesperada de una familia ante el fuego: "Cerremos las ventanas y que sea lo que sea"

Mirá también

La acción desesperada de una familia ante el fuego: "Cerremos las ventanas y que sea lo que sea"

En la playa tomé fotos de personas a bordo de barcos. Durante el tiempo que estuve allí, no vi ninguna embarcación oficial que viniera a rescatarlos, solo pequeños barcos de pesca.

Estaba tan sorprendido que en un momento me di cuenta de que había dejado de tomar fotos. Solo miraba esa escena impresionante.

Escapando por el mar.

Escapando por el mar.

Solo, bajo presión, sentía que no entendía nada. Además, la situación práctica era muy difícil porque ya no había internet en Mati.

Estaba trabajando como un robot, sin pensar; lo único que quería era conexión para enviar mis fotos.

Hacia las 22:30 el registro oficial hablaba de 1 muerto, información aún no demasiado alarmante. Nadie hablaba de un desastre. El testimonio de Angelos permitió publicar una alerta a las 00:26 informando sobre 5 fallecidos. Casi 3 horas más tarde las autoridades indicaron que había “más de 20 muertos”.

A la mañana siguiente estaba emocionado, cansado, mi cabeza daba vueltas. Llevaba un día sin dormir.

Arruinado, en la costa.

Arruinado, en la costa.

Un noticiero de TV comenzó a evocar “algo horrible de lo que todavía no podemos hablar”.

26 personas habían quedado carbonizadas en un terreno cerca del mar. Los cuerpos aparecieron abrazados.

Probablemente no pudieron ver hacia dónde iban en medio del pánico y la oscuridad. Querían llegar a la playa pero el terreno estaba al borde de un acantilado. Los fotografié de lejos. No nos permitían acercarnos, pero igual no sé si yo lo hubiera hecho…

Devastación.

Devastación.

Este incendio es lo peor que he experimentado en este trabajo. Jamás vi una catástrofe parecida aunque estuve en campos de guerra con bombardeos y muertos.

Por la crisis migratoria también he visto algunas situaciones muy difíciles.

Pero aquí, en el siglo XXI… Una casa llena de muertos… Me conmovió también porque es mi país.

Las palabras no son suficientes para describir lo que vi.”

Angelos Tzortzinis, fotógrafo

Recibí cientos de mensajes en las redes sociales, personas conmovidas que comentaban mis fotos. No respondí.

Buscando a su perro.

Buscando a su perro.

Recién al tercer día empecé a tomar conciencia de lo que había sucedido.

El fuego había sido loco, muy impredecible. Por ejemplo: fotografié 2 ramos de flores en la reja de una casa. Era un tributo a una familia que quedó carbonizada cuando quiso huir.

Todavía había pequeños trozos de huesos.

Lo peor es que después de devorarlos el fuego cambió repentinamente de dirección y su casa quedó intacta. Eso me contó el vecino.

Las flores y la tragedia.

Las flores y la tragedia.

Seguí fotografiando durante 4 días las consecuencias del incendio y también tomé algunas imágenes para ayudar a las víctimas en sus informes de indemnización.

Qué sí y qué no

Esta cobertura también me hizo plantear qué imágenes se podían divulgar en una tragedia así. Fotografiar a los muertos es parte de mi trabajo, pero trato de hacerlo con respeto.

La primera noche envié la imagen de un cuerpo carbonizado debajo de un automóvil, donde no podíamos ver mucho. Pensé que era suficiente para que la gente entendiera lo que estaba pasando.

Todo quemado.

Todo quemado.

Entonces decidimos con Aris [Messinis, jefe de fotografía en Atenas] y Stéphane Arnaud [redactor en jefe de foto en París] que enviaría otras imágenes más duras y cada responsable editorial decidiría cuáles publicar.

Pienso que es bueno para el fotógrafo enviar lo que tiene y dejar que otra persona, con más perspectiva, juzgue qué se debe hacer.

La cuestión es hallar un equilibrio entre la ética, el respeto por los muertos y la información pública.

Por supuesto que es mi trabajo mostrar las imágenes de los cuerpos, pero lo que me interesa es darles a las personas otro aspecto de lo que está sucediendo, tomar cierta distancia.

Por ejemplo, la imagen que más me gusta la tomé arriba de Mati, al atardecer, y muestra a un padre mirando el fuego con su hijo en brazos.

El infierno allá abajo.

El infierno allá abajo.



Fuente