Lanzado a tientas como precandidato presidencial del espacio Federal de los gobernadores peronistas, Miguel Angel Pichetto señaló los riesgos del descrédito sobre la política tradicional que genera el nuevo lavajato criollo pero, además, incorporó a la crisis económica como otro factor de esa misma erosión de las expectativas públicas.

Para ello, hizo dos movimientos lógicos durante el acto que protagonizó el jueves en La Plata. Dijo: “Somos –el Peronismo Federal- una construcción muy clara y nítida que se diferencia de Unidad Ciudadana (del kirchnerismo)”. Pero, como eso no garantiza demasiado desmarque, sugirió que “si el peronismo no se reconstruye, si no instala liderazgos firmes y no lleva una propuesta, corre el riesgo de diluirse“.

¿Cuál sería esa propuesta? “No somos la avenida del medio. No somos una alternativa híbrida, sin rumbo y sin corazón. Nosotros somos el futuro”, intentó convencer a una audiencia, paradoja mediante, conformada en gran medida por tercera edad.

El salteo de la avenida del medio excede el planteo estrenado por Sergio Massa en la presidencial 2015 y procura subsumirlo como un espacio más amplio donde entran los gobernadores Juan Manuel Urtubey, Juan Schiaretti, Sergio Uñac y también el economista Roberto Lavagna como expectable. Y aquí aparece la novedad: el esbozo de programa económico que expondrá en un próximo acto en el Conurbano.

Primero el diagnóstico: “El gobierno de (Mauricio) Macri concebía el mundo a partir de la globalización que planteaba (Barack) Obama. Creía que si resolvía los factores de endeudamiento externo y le pagaba a los holdout resolvía al problema de la inversiones y esas inversiones iban a llover”, revisó Pichetto.

“Lo que pasa es que ese mundo global de Obama, que en general siempre era beneficioso para los países centrales, no existe más”, completó. “Este gobierno tuvo un proceso de gestión económica pésimo. Se demostró que aumentó el endeudamiento externo, que la paritaria fue siempre a la baja, que la pérdida de poder adquisitivo es tremenda, que la devaluación es del 40% con paritarias en el sector público del 15% y en los gremios más fuertes de 25 puntos”.

Pichetto plantea un “proteccionismo moderno”. Explica que los países europeos “cuidan su economía” y que en Estados Unidos, Trump definió “claramente” cuáles eran las consignas para el crecimiento, con la recuperación de la industria estadounidense. Ese modelo –según sus dichos de anoche- decidió terminar con la producción de autos con el sueldo de máquinas mexicanas y la producción en el sudoeste asiático. Resultado: en Estados Unidos “creció el empleo y se calentó la economía”.

Pichetto se expone con estas comparaciones. Pero intenta un revulsivo para despertar el interés público de su precandidatura. El año pasado ensayó con las políticas de inmigración en nuestro país. “¿Cuánta miseria puede aguantar la Argentina recibiendo inmigrantes pobres?. Tenemos que dejar de ser tontos. El problema es que siempre funcionamos como ajuste social de Bolivia y ajuste delictivo de Perú”, cuestionó sin prejuicios.

Ahora reclama contra el formato de producción de la industria automotriz en nuestro país, que tiene un componente externo superior al 70%. Pichetto plantea que el porcentaje de autopartes llegue al 30%, por lo menos. Córdoba, Santa Fé, el Gran Buenos Aires están detrás de esa expectativa. Nada es azaroso en el discurso.

“El mundo cambió y Argentina sigue atada a un criterio librecambista del entorno del Presidente que deja entrar toda la porquería que se construye en el sudoeste asiático con mano de obra esclava que sustituye la mano de obra argentina”, señala.

Hasta con el medio ambiente la embiste Pichetto, para abundar en controversias: “No tengo una visión hiperambientalista“, dijo. Para después criticar a aquellos que pregonan “una Argentina pastoril donde no tiene que haber energía nuclear, ni explotar los recursos de la minería ni extraer el petróleo con el fracking”.

Viene del sur. Por eso, “Vaca Muerta” está en medio de la prédica estrenada anoche en el Teatro Centro. El lugar no fue casualidad. “Vine a La Plata, una ciudad muy cerca de mis afectos y donde me recibí de abogado (1976), por invitación de estimados compañeros de toda la vida”, mencionó al arribo con el apuro del lanzamiento en la provincia de Buenos Aires.

Hasta hace tres décadas, no había necesidad de ese afincamiento bonaerense para ser un presidenciable. Desde el tucumano Julio Argentino Roca hasta Carlos Menem hay una lista de esta confirmación histórica, pero la última reforma constituyente (1994) que eliminó el Colegio Electoral, transformó a la Provincia en sufragante macrocefálica del sistema con el peso del 40% del electorado directo (la mitad con la Ciudad Autónoma) que condiciona todo el padrón nacional. Por eso, el precandidato Pichetto en lugar de empezar la campaña en alguna localidad de Viedma, Río Negro, distrito que representa en el Senado, hizo el montaje político en la capital provincial, y ya tiene agenda completa en agosto para actos en el Conurbano e Interior.



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