Por primera vez en la historia judicial argentina una catarata de empresarios, muchos miembros del “Club de la obra pública”, se presentaron a declaración indagatoria y varios pidieron acogerse al régimen del imputado colaborador (arrepentido) como consecuencia del efecto de “bomba hidrógeno” de la causa de los cuadernos de las coimas.

Este viernes se sumaron a los arrepentidos el ex presidente de la Cámara de la Construcción, Carlos Wagner, el poderoso empresario de la construcción Aldo Roggio y el gerente general de Electroingeniería, Jorge Neira.

El juez Bonadio y el fiscal Stornelli acertaron con su estrategia de detener a los más mencionados en los cuadernos del remisero Oscar Centeno y de llamar a indagatoria a otros empresarios para quebrar el pacto de silencio que existía con los ex funcionarios K.

El primer paso lo dio el ex gerente general de Isolux, Juan Carlos De Goycoechea, la semana pasada. De Goycoechea era el más débil porque la casa central de España lo había abandonado a principios de año y denunciado por el pago de comisiones ilegales en la central térmica de Río Turbio, entre otras obras. Luego de De Goycoechea se sumaron al régimen del arrepentido Armando Losón (Albanesi), Héctor Zabaleta (Techint) y Angelo Calcaterra (ex Iecsa), entre otros.

Este efecto dominó se produjo porque los empresarios no quieren estar ni un día presos y no tienen lealtades políticas como los ex funcionarios, sino negocios. Estos arrepentimientos constituyen el inicio de un “Lava Jato” argentino, un proceso judicial gigantesco que arrasó con el establishment económico brasileño con Marcelo “el príncipe” Odebrecht a la cabeza.

Esta causa empezó en marzo de 2014 y ya tiene más de 160 arrepentidos, casi 200 sentencias para 130 procesados con penas de prisión que en total llegan a 2.000 años de cárcel, entre ellos el ex presidente Lula Da Silva. Dos años después, Odebrecht firmó acuerdos de colaboración con el Ministerio Público de Brasil y el ministerio de Justicia de EE.UU. donde aceptó haber pagado coimas en 12 países de América latina y Africa. En particular, confesó haber pagado 35 millones de dólares a ex funcionarios argentinos.

La causa local va en el camino de ser el “Lava Jato” argentino, aunque a diferencia de Brasil no es -al menos hasta ahora- contra el gobierno en el poder. Es así porque la causa de los cuadernos abarca, por lo menos, unas 30 obras públicas distintas -sobre todo energéticas- que incluyeron sobornos por más de 160 millones de dólares.

Esta, en unas semanas, alimentará de pruebas a otras causas como la de los barcos de la importación de gas natural líquido (GNL), las centrales térmicas, la mina de Río Turbio y otras que nos sorprenderán en los próximos días, sobre todo porque ya se identificó a cuevas financieras que sacaron parte de las coimas al exterior.

Bonadio y Stornelli intentan ahora recuperar la plata robada y tienen otras pistas que provocarán otra ola de indagatorias. Ya declaró en secreto un financista relacionado con cheques pagados, mientras se realizan en secreto otras medidas de prueba. Entonces, la pregunta clave será ¿además de los empresarios también empezarán a arrepentirse los financistas?



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