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Los jugadores de Talleres estaban en la manga visitante de la Bombonera. Sólo debían recorrer un par de metros para pisar el césped de esa cancha tan singular, que en general suele achicar a los rivales de Boca. Por eso mismo el capitán de los cordobeses, el experimentado Pablo Guiñazú, frenó a sus compañeros para hablarles. Y no fue una arenga más…

El Cholo Guiñazú les habló de esfuerzo, de corazón, de despliegue, de doblar marcas, de “huevos”… Pero el eje de su momento motivacional fue otro: el juego. Y lo sintetizó de un modo que vale para ser agendado como referencia: “Hay que tener huevitos para jugar al fútbol. Hay que sacarse el miedo de encima y jugar”.

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