“El Ángel” es una película “inspirada en hechos reales” como anticipan sus realizadores en la promoción del film. Relata una parte de la vida de Carlos Eduardo Robledo Puch (66), el asesino más prolífico de la historia criminal de la Argentina y que más tiempo lleva preso (46 años).

El director Luis Ortega tomó algunos elementos del libro “El ángel negro: La feroz vida de Carlos Robledo Puch”, del periodista Rodolfo Palacios, que cuenta la biografía del criminal condenado por 11 homicidios, una violación, dos raptos y 17 robos.

Carlos Eduardo Robledo Puch fue detenido en 1972. Los medios lo apodaron “El Ángel de la Muerte”.

Pero a “fines narrativos”, Ortega eligió modificar en su relato cuestiones en torno a la vida de Robledo Puch y la forma en la que se dieron algunos de los delitos que protagonizó junto a sus cómplices.

En esta nota, Clarín repasa algunas de las principales similitudes y diferencias entre “El Ángel” y el prontuario de Robledo Puch.

1. La relación con sus padres

En “El Ángel”, “Carlitos” (Lorenzo Ferro) vive con sus padres en una casa de clase media de la zona norte del Gran Buenos Aires. Su vida escolar está marcada por los actos de indisciplina y malas calificaciones.

Su padre Héctor (Luis Gnecco), un vendedor de aspiradoras, intenta ser más estricto que Aurora, su madre (Cecilia Roth), pero no consigue ponerle límites. Aurora es más contemplativa con “Carlitos” pero igual le recrimina que deje de “traer cosas prestadas” -que sabía que en realidad eran robadas. Disfruta cuando ve a su hijo tocar el piano con gran talento pero sufre cuando se ausenta por largos periodos de tiempo.

En la vida real, Robledo Puch vivía en Olivos, en el norte del Conurbano. Su padre, Víctor Robledo Puch, no vendía aspiradoras sino que era mecánico. Trabajaba como supervisor de la automotriz General Motors y debía viajar por todo el país. Por ese motivo no estaba presente en su casa.

La madre -que en la vida real se llamaba Josefa Aída Habendak- se ocupaba poco de Robledo Puch. Sentía que siempre tenía algo más importante que hacer antes que atenderlo a él.

Los padres tampoco se preocuparon demasiado por el bajo rendimiento de “Carlitos” en el secundario. Ni siquiera cuando repitió primer año. La que lo entendía como nadie era su abuela. A ella era a quien el adolescente le dedicaba los clásicos alemanes sobre el teclado del Steiner que la jubilada tenía en su living.

Por pedido de su abuela, “Carlitos” solía acompañarla a misa los domingos, estudiar idiomas y no faltar a las clases de piano.

2. Su primer cómplice

En la película, “Carlitos” y Ramón Peralta (Chino Darín) se conocen en el nuevo colegio al que los padres de Robledo mandan a su hijo. No tardan en hacerse amigos y socios para delinquir. 

El Ramón Peralta de la película se llamó en realidad Jorge Antonio Ibáñez, alias “Queque”, un ladrón de limosnas en las iglesias que había estado dos veces presos. “Carlitos” lo conoce cuando sus padres lo cambian al colegio Cervantes, después de estar casi un año recluído en el Instituto Bonanza de La Plata por una condena por 9 hurtos y 5 robos. 

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Dos años menor que él, Ibáñez tenía mucha calle y conocimiento del mundo del hampa. Con esa particular mirada, ve algo especial en Robledo. Al igual que en “El Ángel”, el amigo de “Carlitos” lo invita a la casa para que “conozca a su padre”. Es allí también donde Robledo Puch entra en contacto con las armas. El que la da una pistola para que tire es “Queque”. Robledo Puch probó varias veces y todos los disparos dieron en el blanco. Ibáñez quedó maravillado.

3. El primer golpe como banda

En El Ángel José Peralta, el padre de Ramón, se da cuenta que con “Carlitos” y su hijo tiene “la banda perfecta”. Es Robledo Puch el que aporta el dato que en la zona hay una armería y los tres deciden ir a asaltarla. 

En los hechos reales, el primer robo que planifican “Carlitos” y “Queque” es a la joyería de Rachmil Israel Isaac Klinger, en Olivos. En pocos minutos, los dos ladrones se llevaron 100 mil pesos de la caja, joyas y relojes. Al botín lo escondieron en la casa de Ibáñez y “Carlitos” decidió quedarse con un anillo de oro con un brillante que tenía un valor de 50 mil pesos.

4. El segundo cómplice

Ramón Peralta y Carlos Robledo Puch son detenidos por manejar un auto robado sin documentos y con una gran cantidad de dinero encima, según la narración del film. Esa estadía en prisión es el primer paso para la aparición de un tercer personaje, Miguel Prieto (Peter Lanzani), quien finalmente se suma a la sociedad delictiva.

La historia verdadera tiene diferencias sustanciales. En la madrugada del 10 de enero de 1971, “Carlitos” y “Queque” iban caminando por Libertador cuando decidieron entrar a robar la agencia de motos Chizzini. Los dos ladrones entraron por el techo del negocio y luego sacaron por el portón una Guzzi 250 roja modelo 1950 y una Gilera 150 roja y negra. A toda velocidad, encararon hacia Capital Federal.

Robledo Puch, durante el juicio en el que lo condenaron a perpetua.

Robledo Puch, durante el juicio en el que lo condenaron a perpetua.

En el camino los paró un patrullero y terminaron detenidos. Como ya había cumplido los 18, Robledo Puch pudo salir a la mañana siguiente. A Ibáñez lo sacó su padre. Después de ese episodio, “Carlitos” volvió a su casa, agarró algunas joyas que tenía escondidas y dinero y se tomó un micro a Mar del Plata.

En un boliche de esa ciudad conoció a Héctor José Somoza, un estudiante secundario con las mismas inquietudes y moral que Robledo Puch. Los dos amigos vivieron con intensidad ese verano en Mar del Plata. Meses después se reencontraron en Buenos Aires.

5. La caída del ángel

Prieto y Robledo Puch van a robar una joyería por segunda vez. El fracaso del plan y la desconfianza entre los protagonistas derivan en un asalto trágico. Un error permite a la Policía acercarse a “El Ángel”.

La verdadera caída de Robledo Puch fue después del asesinato a su cómplice, Héctor José Somoza. Habían ido a asaltar la ferretería industrial Masseiro Hermanos, en Carupá. Robledo comenzó a abrir la caja fuerte con un soplete que habían tomado de la misma ferretería. Somoza le disparó al sereno, al que antes habían encerrado en un cuarto. El pacto era no dejar testigos.

En un confuso episodio, Somoza se le acercó a Robledo por atrás y lo apretó contra su cuerpo tomándole el cuello con el brazo. La reacción de “Carlitos” fue inesperada. Le dio un codazo y luego le disparó en la cabeza con un revólver. Robledo Puch fue en busca del botín de 1.400.000 pesos que había en la caja, pero antes de irse, roció el cuerpo de Somoza con alcohol y luego le desfiguró la cara y las huellas digitales el soplete para que no lo reconocieran.

Se olvidó de un detalle: un pedazo del DNI de Somoza había sobrevivido al incendio y quedó tirado en la ferretería. Los investigadores fueron a la casa del fallecido y los padres le dijeron que había salido con Robledo Puch. A “Carlitos”, lo detuvieron en lo de su abuela.



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