“Tómala vos , dámela a mí, vamo’ a matar un referí”… El primer tiempo había finalizado y, de repente, el Palacio Ducó, estadio reconocido como Patrimonio Histórico de la Ciudad de Buenos Aires, se convirtió en una especie de Coliseo romano. Desde los cuatro costados cantaban de manera intimidante contra el árbitro Patricio Lousteau, que se iba rodeado al vestuario por efectivos policiales ante la queja de los jugadores de Huracán. Enajenados, todos se fueron encima del hombre de negro.

¿Qué había sucedido?

Se jugaba tiempo adicionado de esa primera mitad y llegó una jugada que indignó a todos los quemeros. Lucas Gamba madrugó (¿tomándolo del hombro?) a Pinola tras un pelotazo alto y largo. El delantero se llevó la pelota y encaró a Armani, que consiguió tapar su remate pero el balón quedó en juego y lejos del alcance del guardameta millonario.

Para capturarla apareció como un rayo Diego Mendoza, que se desplazó hacia la derecha y definió con el arco a su merced. Todos gritaban el gol. Todos festejaban en Parque Patricios. Pero de pronto sonó el silbato Loustau para sancionar una falta y anular el gol, lo que desató una airada protesta de los jugadores locales.

Después de taparle el remate a Gamba, Armani intentó levantarse y salir corriendo desesperadamente para obstaculizar a Mendoza. Sin embargo, ni bien buscó pararse el arquero cayó. Gamba, en el frenesí de la corrida, había caído sobre él y cuando el arquero se estaba levantando lo tomó de una pierna. Eso fue lo que provocó la caída del 1 millonario.

En un momento se dudó sobre si el árbitro había cobrado esa falta o un manotazo de Gamba contra Pinola en la disputa por la pelota. Pero no. Lo que Loustau había sancionado (y bien) era el agarrón del delantero a Armani, que impidió al arquero ir a buscar la pelota y tapar a Mendoza. Las repeticiones televisivas despejaron minutos más tarde las dudas.

“Yo quise salir y Gamba me agarró y no me dejó. Estuvo bien el árbitro porque fue falta. Si no me hubiera agarrado, yo me hubiese levantado para ir a buscar la pelota. Hay que ver si llegaba…”, relató Armani luego del flojo empate sin goles en un Ducó que fue un hervidero contra el juez, que hizo muy bien su trabajo. Para Marcos Díaz, el arquero local, “el árbitro cobró el gol primero, me pareció raro que después cobró la falta…”.

Los hinchas de Huracán ya venían enojados por el penal que sancionó a los 15 minutos por una clara mano de Garro. Ahí también acertó Loustau. La mano del jugador local estaba imprudentemente despegada del cuerpo, según indicaron especialistas en el arbitraje tras la consulta de Clarín. Garró admitió que hubo contacto del balón con su brazo: “No tengo ninguna intención de tocarla con la mano, aunque si me toca”.

No fue la primera vez que desde estás tribunas se cantó con frases intimidantes hacia un árbitro. Nada lo justifica pero las razones tal vez se encuentren en esa especie de karma que Huracán tiene con el arbitraje.

Basta con recordar la falta que Gabriel Brazenas no cobró de Larrivey a Monzón (Moralez terminó convirtiendo el gol que le dio el título a Vélez) en el estadio Amalfitani en la definición del torneo Clausura 2009. Esa mala decisión de Brazenas privó al Globo de un título. Hubo varias situaciones en los últimos años en las que los de Parque Patricios fueron perjudicados. Ayer la queja no se correspondió con lo que pasó en la cancha.

Las jugadas más importantes del partido de Loustau fueron correctas como así también la del asistente mundialista Juan Pablo Belatti, quien levantó bien su bandera en el segundo tiempo para anular un gol de Scocco por posición adelantada.

Eso sí, Loustau falló en no amonestar a Jonatan Maidana antes de la amarilla que le sacó por un manotazo. Fue la única mancha ya que el de River debió ser expulsado cuando lo amonestó. Más allá de esto, el árbitro y sus colaboradores estuvieron a la altura; los equipos y la gente, no.



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