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Pese a que la mayoría de los empresarios arrepentidos en el caso de los cuadernos se escudaron tras un mismo discurso que sostiene que no “se pagaron coimas, sino aportes de campaña”, la Justicia descree de esto. Para poner en duda esa hipótesis, los investigadores indagarán sobre los pagos que se hicieron en años pares y por fuera de los períodos electorales. Esos fondos apuntalarían el eje de la causa: una red de sobornos a gran escala.

La causa de los cuadernos de las coimas cuenta con 9 arrepentidos que a excepción del ex chofer de Roberto Baratta, todos son empresarios. Los directores y ejecutivos de las principales compañías contratistas del Estado están señalados de ser “quienes pagaban” las coimas que investiga la Justicia. 

Cuando los empresarios y directivos involucrados empezaron a hacer cálculos con sus abogados, la ecuación no era favorable: sus empresas estaban expuestas, y la condena que podría recaer sobre ellos en un eventual juicio no iba a permitirles salir de prisión en un lapso breve de tiempo. Como si fuera una estrategia conjunta, de a uno, incluso en un mismo día, comenzaron a reunirse con el fiscal Carlos Stornelli y a firmar los acuerdos de colaboración.

Por ahora, el único empresario que habló de pago de coimas y no de “portes de campaña” fue Carlos Wagner.

Aldo Roggio (Roggio), Ángelo Calcaterra y Javier Sánchez Caballero (ex IECSA), Armando Loson (Albanesi), Juan Carlos De Goycochea (ex Isolux), Héctor Zabaleta (ex director de Techint), Jorge Neyra (Electroingeniería), Claudio Glazman, integran el listado de imputados colaboradores pero prefirieron hablar de “aportes electorales”.

La confesión fue similar: todos negaron las sumas adjudicadas en los cuadernos de Centeno donde se habla de millones de dólares, minimizaron la cantidad y la temporalidad de los pagos. Por otro lado, coincidieron en negar que hayan sido sobornos, sino “aportes de campaña”, buscando correrse del delito que se les imputa. ¿Alcanzó la explicación? Para la Justicia ahora no es suficiente, sobre todo tras las revelaciones de Carlos Wagner que describió una estructura armada por los Kirchner junto a De Vido para recolectar coimas de las obras. 

¿Por qué para la Justicia no es verosímil ni suficiente hablar de aportes de campaña? En primer lugar porque los empresarios realizaron pagos fuera de los años electorales y en este punto, el discurso en algunos casos se volvió ambiguo: “Nos decían fuera de las elecciones que eran necesario los aportes igual”, dijo un importante empresario en su arrepentimiento.

Sólo a modo de ejemplo. El 20 de abril de 2010, Isolux entregó a Baratta 700 mil dólares . El 21 de julio de ese mismo año, sin elecciones en el calendario, en el subsuelo de Alem 454 el ex funcionario K retiró “una valija gris con 4.500.000 dólares” de un empresario. El 4 de agosto, Baratta llevó a la Quinta de Olivos donde estaba Néstor Kirchner y Julio De Vido, un bolso con 400 mil dólares que había buscado de un empresario esa tarde. Al día siguiente, después reunirse con el ex presidente, Baratta se “almorzó con Mundín y Wagner”.

Así, la Justicia sostiene el eje de la causa: la existencia de una “asociación ilícita destinada a organizar un sistema de recaudación de fondos para recibir dinero ilegal y enriquecerse ilegítimamente”. Es decir: un circuito de sobornos en el que firmas de la construcción y del sector energético pagaban al Estado por las obras que recibían.

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