A los 29 minutos del segundo tiempo, en la Bombonera, hubo una jugada que motivó la bronca de todo Talleres. Fue un remate desde la puerta del área de Juan Ramírez que se desvió en pegó en la mano de Pablo Pérez y luego motivó una gran atajada de Esteban Andrada.

Así como esa postal le dejó alivio a todo Boca porque no fue gol (hubiera significado el empate cordobés) y porque su nuevo arquero demostró una excelente respuesta en un instante decisivo, a Talleres le provocó enojo e impotencia. Es que antes de la atajada de Andrada la pelota pegó en la mano de Pablo Pérez. 

Para el árbitro Facundo Tello, no hubo intención. Pero claramente Pérez amplía el volumen de su cuerpo abriendo el brazo en forma exagerada. Da la impresión en su giro hacia atrás (se pone de espaldas ante la situación) que expande su brazo en forma intencional para tratar de cubrir el mayor espacio posible. Y ahí pega la pelota.

Debió cobrarse penal. Pero el juego siguió. Boca, tranquilo porque el empate no se alteró y contento por su arquero. Talleres, impotente y lleno de bronca por ese error arbitral.



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