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Un video muestra a un hombre bailando tango con su hija de 4 años en el aula del jardín de infantes. Lo hace frente a sus compañeros, un público en miniatura que los mira con atención y en un silencio insólito. La actitud y el carisma de la nena impresionan. Tanto, que hasta Marcelo Tinelli compartió las imágenes en su cuenta de Facebook, lo que disparó más de cinco millones de reproducciones para el clip.

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“Pocas cosas tan inmensas como el amor de un padre por una hija. ¡Miren este hermoso video! ¡Es emocionante!”, publicó el conductor televisivo la semana pasada. En su perfil las imágenes dispararon más de 60.000 comentarios, muchos de maestras que se entusiasmaron y le pidieron que los invitara a su programa.

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Esta familia de Resistencia, Chaco, lleva al tango en la sangre. “Joaquina baila desde que estaba en la panza de su mamá. Mi esposa y yo somos bailarines y profesores. Por las noches, antes de acostarnos, además de hablarle le hacíamos escuchar música, particularmente Tanguera. Era asombroso ver cómo se movía adentro”, recuerda Alejandro Parras en diálogo con Clarín. Justamente ese tema, que a la pequeña “le gusta mucho”, fue el que bailó en el video que se viralizó.

Joaquina cuando era todavía más chiquita, junto a su papá.

El clip se grabó durante los festejos por el Día de la Familia, el último octubre, en el Jardín de la Universidad Nacional del Nordeste (UNNE). El profesor sabía que a Joaquina le gustaba bailar y la invitó a compartirlo con sus compañeritos. “Ella, sin ningún problema, aceptó la invitación. La noche anterior nos dijo que quería bailar tango. Repasamos en casa las figuras más reconocidas por ella, como ochos, caminadas, ganchos y poses. Luego improvisamos lo que aparece en el video”, cuenta su papá. Esta semana va a bailar en su nueva escuela, también a pedido de los maestros.

La peculiar pareja se anima a bailar en público.

El juego fue la herramienta que usaron para enseñarle. “Desde muy pequeña vivenció el movimiento de la danza, ya que nos acompañaba a algunas clases y las observaba. Luego en casa, y desde el juego, comenzó a descubrir con su cuerpo aquellos movimientos que le resultaron más significativos“, dice el padre.

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“Tiene buena memoria musical y visual, todos los días nos sorprende con cosas nuevas. Reconoce en la música qué es tango, qué es folklore, qué es ballet. Y utiliza los movimientos propios de cada baile”, continúa el hombre. Solo para los entendidos, detalla que “en la musicalidad del tango, ella reconoce el tiempo de adagio y la variación”.

Joaquina junto a su familia, antes de una presentación.

Su primer baile en público fue en 2014, a un mes de cumplir los dos años. “Fuimos con su mamá a una presentación y al finalizar ella me pidió bailar. Todavía recuerdo cuando me señaló el lugar que le correspondía al escenario y me llevó de la mano. Yo no entendía nada. Es más, no sabía lo que tenía que hacer. Ahí nomás la mamá puso el tango ‘Café Domínguez’ y lo improvisamos con Joaquina”, describe el padre.

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A partir de entonces, la pequeña no se detuvo. “Cuando tenía dos años y medio hicimos una peña folklórica y le preguntamos si quería bailar. Ella nos pidió el vestido y los zapatos. Bailó ante 400 personas sin ningún temor”, asegura Alejandro.

De entrecasa, Joaquina y Alejandro juegan a través del tango.

Hasta ese momento, todo era juego e improvisación. Pero este año, por decisión propia, la nena empezó a tomar clases de folklore de forma regular. Sus padres aseguran que le da felicidad: “sentimos que no baila por bailar, baila con decisión, convencida de lo que está haciendo. Ella sabe cómo hacer lo que tiene que hacer. Es innato, dicen que está en sus genes”.

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