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Puede ser imitar una coreografía, como lo propuso Michelle Obama en la campaña Let’s Move!, para combatir el sedentarismo; subir una foto con el apodo que nos pusieron de chicos, para luchar contra el bullying; o tirarse un baldazo de agua helada, para concientizar sobre la ELA (Esclerosis Lateral Amiotrófica).

Sea el desafío viral que fuere, lo cierto es que estos retos son un furor de los últimos años en las redes sociales y tienen consecuencias positivas concretas fuera del mundo virtual.

Un ejemplo claro: los 115 millones de dólares que el #IcebucketChallenge recaudó en 2014 para la asociación ELA. Un ejemplo cerca: el bullying se metió en la agenda de los medios argentinos durante 8 días consecutivos y despertó el interés de políticos con tuits y posteos en Instagram.

Ahora, los hashtags apuntan a temas que no tengan que ver con recaudar fondos o cambiar conductas negativas entre los más chicos. Siguiendo esta tendencia, marcas como Farmacity linkean directamente a los hábitos diarios más dañinos para la salud de los argentinos. El principal: la adicción al tabaco.

Fumar un cigarrillo o menos en promedio por día a lo largo de la vida aumenta el riesgo de muerte prematura en un 64%. Y hasta un 87% en quienes fuman entre uno y diez cigarrillos diarios.

Los datos del Instituto Nacional del Cáncer de Estados Unidos (NCI) se suman a los que acaba de publicar la Organización Mundial de la Salud (OMS) en el marco del Día mundial Sin Tabaco: el cigarrillo mata a más de 7 millones de personas por año.

Pero ¿qué pasa cuando lo que se propone a través de las redes implica un cambio rotundo y positivo en la vida de quien se suma al reto? En eso consiste el desafío #ElÚltimoPucho: que los fumadores suban un video o una foto contando por quién dejarán de fumar y que quienes conocen y aman a un fumador lo alienten por la red a dejar el hábito.

Casi todos los fumadores saben por qué deberían dejar de fumar. Sin embargo, esto no suele ser suficiente para que abandonen el cigarrillo. Farmacity reunió a un grupo de fumadores y decidió reformular el abordaje: en lugar de “por qué”, preguntó “por quién” dejarían de fumar.

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Al cambiar la pregunta del por qué al por quién el 83% de los fumadores apagaron su pucho sin que nadie se lo pidiera.

“Mi hijo me lo pidió y prometimos con el meñique que él me iba a ayudar para que no fumara más”, sostiene una de las madres que aceptó el desafío. Hijos, nietos, hermanos, padres y amigos son los principales mencionados por los participantes como razones para cumplir el objetivo.

Los afectos y a las emociones como motores del cambio, podría ser la clave para que miles de fumadores abandonen el hábito.

Según datos del Ministerio de Salud de la Nación, el consumo de tabaco provoca más de 40.000 muertes anuales en el país. Aún así, ocho millones de argentinos siguen fumando.

El tabaquismo afecta principalmente a personas pobres y constituye una causa importante de disparidades en la salud entre personas con altos ingresos y pobres, según la OMS.

En la Legislatura porteña se presentaron los resultados de la encuesta de Tabaquismo en la Ciudad -se hace desde 2010- realizada entre el 6 y el 9 de marzo a 1.503 porteños por la consultora Aresco.

El estudio reveló que no cede la adicción al cigarrillo, pero crece el rechazo social al humo de tabaco en los ambientes privados, como la casa o el auto: para el 89% de los encuestados. A su vez, cada vez son más los porteños –el 53,8 %– que quieren que se prohíba fumar en plazas y parques.

¿Por qué? Familiares y conocidos se niegan cada vez más a permitirle al fumador encender un cigarrillo delante de ellos.

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