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Hace 27 días, un hombre entró a robar al centro de estética Libelle, en el barrio porteño de Palermo. Había pedido un turno para hacerse una “higiene facial”, pero en realidad esa fue la excusa para asaltar el local. Se llevó dinero en efectivo, relojes y celulares de los empleados. Un hecho más de inseguridad y con final intrascendente, en comparación con otros episodios más graves. Sin embargo, hay un hilo conductor de esta historia con el caso que ayer terminó de manera fatal, con una mujer de 61 años atropellada por un patrullero de la comisaría 31°, a menos de cien metros del centro de estética. La víctima, identificada como Noemí Graciela Vera (61), era una vecina del barrio. Tenía un hijo, trabajaba como psicóloga y vivía a cinco cuadras del lugar en donde murió.

Escena. La cartera y las llaves de la víctima, en el asfalto. DYN

Según los primeros indicios, fue atropellada por un patrullero que estaba yendo al negocio. Para evitar la congestión de la esquina de Federico Lacroze y Cabildo, el móvil de la Policía de la Ciudad se pasó al carril de la mano contraria sin advertir que la víctima estaba cruzando la calle. Intentó evitarla y chocó a otros dos autos, pero igual no pudo esquivar a la mujer. Vera fue atendida en la calle por una estudiante de medicina que pasaba por la zona, pero falleció a los pocos minutos, producto de un grave traumatismo de cráneo.

Según pudo averiguar Clarín, desde el centro de estética habían llamado al 911 porque sospechaban de un paciente que había pedido un turno, también para hacerse una “higiene facial”, algo que les hacía recordar a la modalidad de robo que habían sufrido hace casi un mes.

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“Menos del 10% de los pacientes son hombres y desde lo que pasó la otra vez, tomamos algunas precauciones”, contó Lucía, una de las empleadas de Libelle. “Les pedimos nombre, DNI y un teléfono celular. Cuando quisimos chequear la identidad de esta persona que supuestamente iba a venir constatamos que era falsa. Su nombre no concordaba con su DNI y el teléfono que nos había dado no respondía. Le cancelamos el turno por mail pero igual llamamos al 911 para que enviaran un patrullero”, agregó la mujer.

Pericias. Uno de los autos que fue chocado por el patrullero. DYN

Así fue como un móvil de la comisaría 31° estuvo en el lugar, ubicado a media cuadra de la esquina de Cabildo y Lacroze, para prevenir otro posible hecho de inseguridad. Pero fue otro patrullero el que protagonizó el siniestro, porque “es habitual que se dirijan dos o hasta tres móviles cuando hay una denuncia”, aseguró una fuente de la Policía de la Ciudad.

En la esquina de Cabildo y Zapata, a media cuadra de Lacroze, en el barrio de Colegiales, la gran concentración de vehículos impedía el paso del patrullero. Quiso avanzar por el carril contrario y cuando advirtió que la víctima estaba cruzando por la senda peatonal, chocó a un Chevrolet Celta y a una Renault Kangoo. A pesar de la maniobra, igual embistió a Vera cuando cruzaba la calle. La mujer que manejaba el Chevrolet fue atendida por una contusión en la zona cervical, aunque estaba fuera de peligro.

Los policías involucrados en el accidente quedaron a disposición de la Justicia, acusados de homicidio. Uno de ellos también fue atendido en el lugar, con un corte en el mentón.

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La causa está a cargo del juez de Instrucción Marcelo Conlazo Zavalía, que entre otras cuestiones tratará de averiguar si el patrullero circulaba con sirenas, si cometió una infracción de tránsito y si estaba al tanto de que ya había llegado otro vehículo de la Fuerza al negocio al que se dirigía.

Ayer, en la zona del epsiodio, el comisario Claudio Pezzati, a cargo de la seccional 31°, aseguró que los patrulleros no pueden infringir las normas de tránsito cuando están yendo a una emergencia. Durante el operativo posterior estuvieron trabajando agentes de la Gendarmería, para garantizar la neutralidad de las pericias.

María, testigo del choque, relató que escuchó la sirena de un patrullero, aunque los investigadores creen que eran de otro móvil que iba al lugar. El que estuvo involucrado en el accidente solo habría tenido puestas las balizas, pero no la sirena.

La víctima era psicóloga y trabajaba en el Hospital Fleming, en José León Suárez, partido de San Martín. Una de sus socias, con la que compartía varias horas a la semana, se enteró por el llamado de una paciente y quedó en shock, por lo que no pudo contestarle nada a Clarín. “No lo puedo creer”, se limitó a decir.

Vera vivía sobre la avenida Luis María Campos, casi en la esquina con Federico Lacroze, a una cinco cuadras de donde murió atropellada. Camino a su casa se hubiera cruzado con el centro de estética, allí donde ayer comenzó a escribirse el inicio de esta historia absurda.

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