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“Los ortivas (policías) están regalados. Acá (en la comisaría) no hay nadie. Cuando vengan a hacer el ‘engome’ (recuento), los voy a atropellar”.

Era domingo y había pasado poco del mediodía cuando los agentes de la Federal encargados de las escuchas telefónicas a una banda de falsificadores de documentos decidieron llamar al juez del caso para avisarle que uno de los sospechosos había recibido el llamado de un preso y que estaban planeando dar un golpe comando en una comisaría ese mismo día para rescatarlo.

Pero no sabían la localidad ni la seccional de la que hablaban. Mucho menos, el nombre del preso.

Ahí mismo comenzó una carrera contrarreloj que culminó cuatro horas después, cuando la Policía logró frustrar la fuga y selló el destino de José María Agusto; deJosé María Agu; de José María Augusto; de José María Augusto Gandolfi; de María Augusto José; de Miguel Ángel Vecchio; y de Miguel Ángel Vechio, como figura en el Registro de Reincidencia este ladrón que en los últimos 20 años se cansó de robar bajo 7 identidades diferentes.

José María Agusto, tal su nombre real, tiene 36 años y nació en el corazón de Ingeniero Budge, en la zona que está detrás de la Feria de La Salada (Lomas de Zamora), pero ahora duerme en el penal de Olmos.

Según las fuentes consultadas por Clarín, cuando se chequean sus antecedentes salta enseguida que, además de sus siete nombres, tuvo causas en la Justicia Juvenil y desde el 1° de noviembre de 1997, cuando la UFI 6 de Morón lo acusó de tenencia de arma de guerra ya como adulto, no paró de visitar esos Tribunales, los de Lomas de Zamora, La Matanza, Mercedes y Capital Federal. Así como empezó su hoja de antecedentes la terminó, porque a la comisaría de Trujui (Moreno) llegó también por ese delito: tenencia de arma de guerra.

Eran las 0.30 del 8 de junio pasado cuando al móvil de Gendarmería apostado en Lincoln y Hernando de Magallanes, en Moreno, le llamó la atención un Peugeot 206 que iba muy despacio y a la par de una moto. Decidieron pararlo y no bien el gendarme se acercó a la ventanilla del conductor le vio el arma en la cintura. Además de la pistola calibre 9 milímetros -que había sido robada el 28 de noviembre de 2012 de una casa en Ituzaingó- y de un cargador con 16 proyectiles, Agusto tenía en la guantera un pedido de paradero a su nombre del 31 de agosto de 1998 solicitado por un Tribunal de Menores de Mercedes; y en la billetera el acta que indicaba que el 11 de mayo -40 días antes-, le habían concedido la libertad condicional. Eso sí, el coche era suyo.

Policiales, Jose Maria Agusto.

Hasta lograr el beneficio de la condicional en mayo, Agusto dormía en el penal del Magdalena por una condena unificada a 16 años y seis meses de prisión por robo agravado por el uso de arma de fuego (una parte era por los 13 años y medio que le había dado el Tribunal Oral N°4 de Morón y la otra por los 3 que le dió el N°16 de la ciudad de Buenos Aires en 2003). Además, tenía antecedentes de 2012 en Morón, de 2004 en Lomas de Zamora y de 1998 en La Matanza y otra vez en Morón: todos vinculados a distintos robos con armas.

Agusto necesitaba escaparse de la comisaría de Trujui de manera urgente. La detención de Gendarmería lo llevaba de nuevo a la cárcel a cumplir toda la condena. Y el domingo era un día ideal, porque casi no había policías en la seccional.

“Tenían todo planeado. Había dos autos, un Chevrolet blanco y un Fiat Palio negro, a cuatrocientos metros de la comisaría y dos motos en la esquina que lo iban a levantar. La idea era llevárselo unas cuadras y dejarlo escondido, ‘enfriándose’, como dicen ellos, para al otro día sacarlo del país en otro coche”, le contaron a Clarín sobre las escuchas que hacían los agentes de la Federal de Avellaneda, que respondían al Juzgado Federal N°2 de Lomas de Zamora, de Federico Villena, mientras intentaban descubrir la localidad y la seccional donde se iba a producir la fuga.

Se usaron geolocalizadores y se intervinieron otras 18 líneas de teléfono durante cuatro horas de trabajo mientras Agusto desde su celda seguía dándole instrucciones a “Víctor”, el cómplice que lo iba a liberar y a quien el juez Villena seguía por una causa de documentación apócrifa para autos y motos que se vendían en Facebook. “Víctor” finalmente caería la semana pasada por ese tema.

Fue cerca de las 18 de ese domingo 25 de junio que dieron con la comisaría donde se iba a producir la fuga. Y hacia allí fueron dos equipos del Grupos Halcón. Sin saber que era porque los estaban escuchando, Agusto vio aparecer a los policías y decidió abortar la fuga. El plan hasta entonces era que se pusiera un pañuelo en la mano izquierda para que lo reconocieran y que, no bien atropellara al policía que hacía el recuento y saliera de la comisaría, corriera hacia donde estaban las motos esperando para llevárselo:

-Agusto: La situación se complicó.

-Víctor: Está bueno, listo, dejalo para la semana, para cuando vos veas. Avisame un día antes. Acá estamos.

-A: Nos vamos a comunicar porque se va a complicar, imaginate que está el comisario, y es medio raro que esté los domingos. ¿me entendés? Hay movimiento en la comisaría. No está como está todos los domingos. Por ahí se tranquiliza después de las 12, pero ese no es el horario.

-V: Estamos acá, a cuatro cuadras del lugar, esperando que vos des el ok. Ahí ya le digo a estos que se muevan, que se vayan yendo.

-A: Bueno, vamo’ a pararla porque está en movimiento la comisaría. Si se llega a pinchar… quedamos… se pincha mal, boludo.

-V: Sí, sí, nosotros estuvimos a las 14 ahí, mirando todo. Todo lo que es esa cuadra no tiene cámara. Tiene la de los negocios nomás, pero no pasa nada… Lo que es domo y eso no tiene nada. Después para salir para la avenida, por la 23, sí hay cámaras. Tienen que colgarse y subirse a otro vehículo ellos. Vos tenés que salir y correr para la izquierda, en la esquina hay un local que venden electrodomésticos, ahí van a estar las bici paradas ya, ¿entendés?

No se desalentaron y comenzaron a planear la fuga para el domingo siguiente. Pero otra vez todo fue escuchado por los agentes de la Federal. “La idea era elegir una casa dentro de la jurisdicción de la comisaría de Trujui, tener la dirección exacta y el apellido de sus dueños. Y, entonces, quemarles el auto y llamar al 911 para denunciar que los habían atacado, como si fueran las víctimas. Así se iban los agentes para allá y escapaba Agusto”, recordaron las fuentes.

Pero no pudo. Dos días después de la fuga frustrada, la Justicia decidió el traslado urgente de Agusto a la cárcel de Olmos, donde se quedará, al menos, hasta el 14 de septiembre de 2019, cuando expira su condena.

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