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Si bien los años suelen tener la perfidia de embellecer aún lo más oscuro, no ha sido este el caso de Maximiliano “Pachu” Peñaflor. Su pasado es negro, su presente lo es aún más y el futuro, sobre todo el de quienes lo rodean, puede ser todavía peor.

Es que a “Pachu” Peñaflor siempre le gustaron los lujos. Los de otros. Y nunca reparó en molestias ajenas para obtenerlos.

Tampoco lo hizo la Justicia.

A los 40 años, “Pachu” ya tiene una deuda pendiente de 30 años con la sociedad. Y están a punto de cargarle una factura igual de grande por lo que hizo mientras se suponía que debía estar preso por todo lo que ya había hecho. Entre una y otra, claro, se encontró con un juez que le hizo un descuento.

Fue el 30 de noviembre de 2016, a la dos de la tarde, cuando “Pachu” empezó a disfrutar de su mal ganada libertad. Ramiro iba en su camioneta Porsche Cayenne por la colectora de Panamericana, en Ingeniero Maschwitz, cuando una Honda Transalp blanca le cortó el paso. Quiso eludirla pero lo encerraron por atrás con un Toyota Corolla del que bajaron varios hombres. Uno, encapuchado, llevaba un fusil FAL.

Era “Pachu”, back in business. Unos días antes, el 10 de noviembre, le había robado ese mismo Toyota Corolla a un hombre que iba con su hijo por Ramos Mejía.

A Ramiro lo tiraron en el asiento trasero de su propia camioneta . Notó que retomaban hacia Capital Federal, mientras le quitaban el Rolex, los Ray Ban, los documentos de su avión y lo obligaban a llamar a alguien para que pagara un rescate. Sería su socio el elegido: le tuvo que pedir que abriera la caja fuerte de las empresa y sacara los 3.000 pesos y los 2.000 dólares que guardaban ahí. Un rato más tarde, en el puente de la Panamericana y ruta 25, lo soltaron cerca del McDonald’s.

El 7 de diciembre de 2016, a las once de la mañana, “Pachu” y los suyos fueron en el Toyota que habían robado en Ramos Mejía hasta una sucursal del Banco ICBC en Pilar, reventaron el blindex con una maza y agarraron los cartuchos de carga de los cajeros automáticos. Pero estaban vacíos. Indignados, le dieron un mazazo a una pared y trataron de llegar al tesoro, pero era inútil. Tanto como los golpes y las patadas que le dieron a la contadora.

Se fueron con las manos vacías. Y fue peor.

12 de diciembre de 2016. Tres de la tarde. Con pasamontañas, guantes, fusiles y handys, los hombres de “Pachu” asaltaron enItuzaingó a Carlos, dueño de un Mercedes Benz C200 Kompressor, y se lo llevaron cautivo. No lograron convertirlo en secuestro porque la víctima se les retobó: se negó a llamar a familiares para pedir dinero, por lo que resolvieron liberarlo. Sólo se llevaron el coche.

La banda decidió volver a los bancos.

El 11 de enero, a las cuatro de la tarde, en el Mercedes Benz Kompressor llegaron con la maza al Banco Industrial de Tigre. Le reventaron el blindex y sorprendieron -o no tanto- a los portavalores que recargaban dinero en los cajeros. Esta vez sí había plata, mucha plata: 750.000 pesos en efectivo. Cuando se iban, le dispararon a un policía, hicieron unas cuadras y se pasaron a una camioneta.

Era la Porsche Cayenne de Ramiro.

17 de enero de 2017. Una y cuarto de la tarde. Luis iba en su Audi Q5 blanca por la autopista del Oeste, bajó frente al Hospital Posadas y ahí le cruzaron otra camioneta: la Cayenne. Se bajaron varios, Luis no llegó a contar cuántos. Algunos estaban encapuchados. Otros llevaban FAL. Eran “Pachu” y sus hombres. Lo pasaron al asiento de atrás, le sacaron el Iphone y llamaron a su socio, al que le exigieron 100 mil dólares. Al final, cobraron 10 mil sobre la autopista, cerca del peaje de Ituzaingó.

“Pachu” estaba cebado.

El mismo 17 de enero, a las tres menos cuarto de la tarde, Antonio y Daniel estaban charlando dentro de un BMW 328 blanco en Vila Devoto. De golpe, una camioneta se les cruzó adelante: era, otra vez, la Cayenne de Ramiro.

Dos hombres con fusiles se les fueron encima y los pasaron a la parte de atrás del BMW. Llamaron a la esposa de Antonio y negociaron hasta que lograron que les llevara 10 mil dólares, 20 mil pesos y joyas a la Panamericana.

Pero “Pachu” quería más. Cuando la mujer de Antonio llegó al lugar acordado en su camioneta BMW X1, se le subieron al vehículo y también se la llevaron cautiva. Dudaron, pero finalmente decidieron soltarla en la zona de Boulogne junto a su marido y al amigo.

Eso sí, se quedaron con la camioneta.

20 de enero de 2017. Cinco de la tarde. Jorge y Claudia iban en un Golf GTI blanco por Lomas del Mirador cuando les cruzaron una camioneta Audi Q5 blanca: era la que le habían robado a Luis. Tres asaltantes encapuchados, con chalecos antibalas y fusiles hicieron lo de siempre. Llamaron a la hermana de Jorge y la obligaron a reunir 128.000 pesos, a pagar en la colectora de Panamericana, en Boulogne. Cobraron y los liberaron.

No estaban ni cerca de lograr satisfacción.

24 de enero de 2017. Dos y cinco de la tarde. Marcelo bajaba unas chapas de su Ford Ranger en Morón cuando se le apareció una Audi Q5. Era la de Luis. Lo amenazaron con fusiles y se llevaron su camioneta. Esa misma tarde, con la Q5, asaltaron a Jorge Luis cuando bajaba de su BMW 330i en Villa Adelina. Le robaron el coche y quedaron listos para otro golpe.

El más grande que darían.

30 de enero de 2017. 10 de la mañana. Aldo Oscar Venturini (69), el dueño de una distribuidora de cigarrillos, manejaba su furgón Renault Master por la calle Reúiblica de Francia, en Florencio Varela, cuando se dio cuenta de que alguien lo había entregado. Lo acompañaban un empleado y dos policías a los que había contratado para custodiar los seis millones de pesos de recaudación que iba a depositar al banco, pero de nada le sirvió: le cruzaron adelante una camioneta.

Era la Ford Ranger blanca robada a Marcelo.

Con las caras tapadas por pasamontañas, los cuerpos cubiertos por ambos de enfermero de color azul y muchas armas automáticas, los ladrones convirtieron a la Renault Master en un queso gruyere. Al menos 180 disparos atravesaron la chapa para, entre otras cosas, matar a Venturini y lograr que no hubiera oposición para llegar a los seis millones.

El botín dejó tranquilos a “Pachu” y su gente durante un tiempo. Pero no tanto.

17 de marzo de 2017. Dos de la tarde. En Carapachay, secuestraron a Juan Carlos cuando iba en su Audi A5. Le cruzaron un Volkswagen Golf GTI, el que le habían robado a Jorge y Claudia, y se lo llevaron.Cuando empezaban a hacer los llamados extorsivos, se dieron cuenta de que tenía problemas cardíacos y se estaba descompensando. Lo liberaron. Tres días más tarde, con el mismo coche secuestraron a una mujer de 78 años que iba con su nieta en una Audi Q5, en Pilar. Llamaron a su familia para exigir rescate pero finalmente, por algún motivo, las liberaron sin cobrar.

Todo iba para abajo.

El 22 de marzo de 2017, a las tres y media de la tarde, Gustavo bajaba de su BMW 320 gris en Castelar cuando se le apareció una camioneta Audi Q5. Era la de la abuela. Se lo llevaron cautivo rumbo a su casa pero a último momento, mientras escuchaban la frecuencia policial, se echaron atrás y lo liberaron en Capital. Antes, “Pachu” le hizo una pequeña demostración: le disparó a un policía con un fusil, que luego guardó en un estuche de guitarra. La Policía salió a perseguir la camioneta, hubo otro tiroteo y la banda la dejó tirada en Paraná al 1100, en Recoleta.

El final, al menos de esta saga, se acercaba.

El 27 de marzo de 2017, Raúl salía de un restorán de Pilar, y cuando estaba por subir a su camioneta Audi Q5 con su hija, se les apareció un auto. Los secuestraron y se los llevaron por la Panamericana hasta la ruta 9, donde los liberaron. Los ladrones sólo se quedaron con el vehículo que, cuatro días más tarde, luego de que un testigo de identidad reservada los delatara, les encontrarían escondido.

“Pachu” es de San Miguel, pero los pocos días de su vida que pasó en libertad se movió por Grand Bourg. Allí lo detuvieron.

Lo curioso es que estuviera libre. En agosto de 2008, el Tribunal Federal N° 3 de San Martín lo había condenado a 30 años de prisión por siete de los secuestros extorsivos más impactantes de comienzos de la década, además de distintos robos a bancos.

No, no pasaron 30 años desde entonces.

Entre los secuestros que cometió “Pachu” están los del padre de Pablo Echarri (2002), el de Cristian Ramaro (2004, hijo de un empresario fluvial de Tigre por el cual se pagaron dos rescates), y el del adolescente Nicolás Garnil (2005). Cuando lo condenaron, se consignó que su pena quedaría cumplida en 2034, aunque podría pedir su condicional en 2024.

No, ninguna de esas fechas llegó aún. Sin embargo, en abril de 2016 la Sala III de la Cámara de Garantías de San Isidro le concedió la libertad a “Pachu”. Gracias a eso, en noviembre de aquel año ya estaba secuestrando.

Sus cómplices comparten beneficios. Juan Pablo Mendoza, el segundo detenido por integrar la banda de “Pachu”, fue condenado a 15 años de cárcel en 2002 por un homicidio, aunque en abril de 2012 obtuvo la condicional. Oriundo de Fuerte Apache, allí conoció a Alan Dzikoski, señalado como chofer de la organización, quién cayó preso en esta causa cuando regresa de un viaje a Miami. Había dejado lejos Ciudadela: vivía en Puerto Madero.

El cuarto detenido, Gustavo Olivera Acuña, es el único que de seguro no volverá a la calle. El 10 de junio apareció suicidado en el penal de General Alvear. “Pachu” y sus cómplices le echaron la culpa de todo, pero la Justicia -por ahora- no les cree: esta semana el juez Néstor Barral los procesó, tras un pedido de los fiscales Santiago Marquevich y Sebastián Basso.

Cuánto tiempo estarán presos ahora es la gran pregunta. El 5 de octubre, un camión del Servicio Penitenciario llevaba a “Pachu”, Mendoza y Dzikoski cuando, al cruzar un paso a nivel en Hurlingham, un tren lo arrolló. Un guardia murió y cinco resultaron heridos.

Una unidad del Servicio Penitenciario fue arrollada por un tren en Hurlingham. (Mario Sayes) Hurlingham tren arrolla al movil del Servicio Penitenciario que trasladaba a La Banda del FAL accidentes ferroviarios

Una versión no comprobada dice que familiares de los tres presos venían hostigando al chofer y que lo empujaron al accidente. Nadie se anima que prometer que esta vez sí, “Pachu” dejará de secuestrar.

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