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En términos políticos, e incluso en hechos que influyeron su ánimo en forma personal, acaba de terminar la peor semana de Cristina Fernández de Kirchner desde que llegó al poder presidencial en mayo del 2003. Los últimos siete días bastaron para que sufra un vértigo declinante extraordinario.

La figura que ostentó durante los últimos doce años, la centralidad en el peronismo, el poder presidencial y los medios, que fue dos veces Presidenta de la República, terminó diluyéndose, enredada en una derrota electoral, algo imperdonable para el peronismo.

En orden cronológico, así pasó la semana que marcó un quiebre en la carrera de Cristina Fernández.

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Día uno, domingo 22 de octubre.

Cristina salió segunda en las elecciones legislativas en las que se postuló como candidata a senadora por Buenos Aires a través de un nuevo partido político, Unidad Ciudadana.

Dicho más corto: perdió. Aun ante la evidencia del escrutinio, Cristina dio un discurso el domingo a la noche en el que evitó admitir de forma explícita esa derrota obvia. Tampoco felicitó a quien le ganó sacando más votos, Esteban Bullrich, de Cambiemos.

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Ese mismo día, la ex presidenta supo que los intendentes más influyentes del PJ bonaerense, que habían hecho campaña por ella, la abandonarían. El despoder es cruel. El búnker K para esperar el final de la elecciones fue en el estadio del club Arsenal, de Sarandí.

Alrededor de las cuatro de la tarde de ese día, su asistente y jefa de La Cámpora, Mayra Mendoza, una de las pocas personas que la acompañaban en ese momento en el piso de la familia Kirchner en La Recoleta, llamó por teléfono a jefes comunales del peronismo K de Buenos Aires para pedirles que acompañen a “la Doctora” al búnker en Sarandí. No fue ninguno de esos jefes territoriales de peso, salvo los absolutamente leales a Cristina. Son tres: Verónica Magario, de La Matanza; Ernesto Secco, de Ensenada, y Oscar Ferraresi, de Avellaneda.

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Cuando Cristina salió finalmente al escenario para dar su discurso como senadora electa por la minoría, es decir, para hablar como candidata que perdió los comicios, estaba poco acompañada por esos intendentes, y por dirigentes sin peso real en la política conurbana.

Día dos, lunes 23.

Uno de los fundadores del kirchnerismo, el ex secretario Legal y Técnico, Carlos Zannini, declaró como imputado en la causa por encubrimiento a posibles terroristas gracias a la firma del Pacto con Irán.

Su defensa se despegó de la estrategia K en ese causa. Se presentó con un abogado vinculado al PJ que nada tenía que ver con los letrados de Cristina Fernández, ni del canciller Héctor Timerman, por nombrar a otros dos imputados en el caso.

Cristina y Zannini están peleados. Tanto es así, que por orden K, Zannini fue expulsado de la unidad básica que ayudó a fundar Santa Cruz, en la que nació el kirchnerismo a principios de los ’80. Ese lugar se llama “Los Muchachos Peronistas”.

“Traidor”, fue la palabra que usaron sus “compañeros” para ya no dejarlo participar de la política K.

Ocurre que Zannini, dicen en el entorno de Cristina, fue ideólogo de la estrategia judicial del Gobierno K. Pero de los principales funcionarios de la gestión, es el que notoriamente menos problemas legales tiene.

“Es el único al que los jueces no tocan. Todos nosotros estamos desfilando por Comodoro Py”, resumió un dirigente K de los pocos que todavía acompañan a Cristina. Zannini no se habla con la ex Presidenta.

No es el único de los fundadores del Frente para la Victoria que pasa ese trance con la familia K. Lo mismo le ocurre a Héctor “Chango” Icazuriaga. Desde que Cristina lo echó como jefe de la ex Secretaría de Inteligencia, vía un llamado de Oscar Parrilli, jamás volvió a hablar con él.

Día tres: martes 24.

El bloque K en diputados, comandado por Héctor Recalde, no quiso unificar una postura común para defender al ex ministro Julio De Vido, quien afrontaba un pedido de desafuero y detención, solicitados por dos jueces que lo investigan por corrupción. Cristina rompió relaciones también con De Vido. ¿Cuántos secretos de negocios privados y públicos de los K conoce De Vido?

Según fuentes del PJ legislativo, Cristina habló con Recalde para que emita un comunicado sobre el tema, que recién se difundió el día en que De Vido terminó preso.

La ex Presidenta no lo apoyó en público. Nunca. Cristina no habla con él, al menos, desde mitad de año. Los distanció el despoder. De Vido dijo por donde pudiera que su ex jefa fue la responsable de la derrota del PJ en las elecciones presidenciales del 2015.

El comunicado de los Diputados K finalmente se difundió: el texto afirmaba que ante las “insólitas versiones que dicen que este espacio ´dejó solo´ a De Vido” los legisladores K aclaraban que no había sido así, ya que si no el oficialismo no hubiese logrado el quórum para sesionar el miércoles 25, ellos hubiesen acompañado a ese dirigente. Extrañas razones de afiliados a un partido que celebra el “Día de la Lealtad”.

De Vido está preso desde que el oficialismo consiguió ese quórum.

Día cuatro, miércoles 25.

De Vido esperó la sesión de Diputados en casa de uno de sus hijos. Solo con su familia. Clarín supo por fuentes del PJ que el ex ministro prefirió no ver por tv lo que pasaba el Congreso. Se enojó cuando se enteró que ese día, más temprano, uno de los jefes de La Cámpora, Andrés Larroque, declarante como imputado en la causa por el Pacto con Irán, respondió preguntas de los periodistas en tribunales y esquivó hablar de él.

De Vido está convencido que eso pasó por orden de Cristina.

El ex ministro se entregó en los tribunales tras ser desaforado. Ningún otro preso “célebre” vinculado a los K tomó una medida igual. Detenido en la cárcel de Ezeiza, hace tres noches que De Vido no puede dormir.

Día cinco, jueves 26.

De Vido recibió un apoyo público inesperado. Fue el de ex piquetero Luis D’Elía, quien también está enojado con Cristina. El dirigente descargó su capacidad de daño solo a traves de un tuit: “Me dolió que @CFKArgentina no haya tenido una sola palabra de solidaridad con @JulioDeVido”, escribió. Su tuit se viralizó.

Los gobernadores del PJ volvieron a reunirse como otras épocas previas a la era K. Lo hicieron para buscar en conjunto una estrategia para negociar con un Gobierno, el de Cambiemos, que ganó las elecciones legislativas en la mayoría del país. Pero también aprovecharon para ponerle punto final al apoyo a Cristina.

Maldades del partido de Perón, el vocero de ese mensaje fue un ex ministro de la Presidencia K, Juan Manzur, hoy gobernador de Tucumán. “Es un ciclo terminado, hay que tener propuestas superadoras”, quitó de la cancha el mandatario a su ex Jefa.

Día seis, viernes 27.

Se cumplieron siete años de la muerte de Néstor Kirchner. Ni Cristina Fernández, su viuda, ni sus hijos, viajaron a Santa Cruz a visitar el Mausoleo donde se resguardan los restos del ex presidente. La provincia, su provincia, es un caos. Los K perdieron las elecciones también allí. Por primera vez.

El fin de un apogeo que duró mucho. Y terminó rápido.

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