Nicolás y Franco son jóvenes evangelistas. Franco tuvo una historia de vida muy difícil, tras probar sustancias y otros excesos hoy se dedica a la iglesia y ahora aceptó la propuesta de su amigo de encargar la venta de caburé. Nicolás se dedicó siempre a esta actividad, al igual que su familia, ahora, en sociedad quiere llevar el negocio más allá, y que su puesto sea el “más reconocido de la ciudad”. Este lunes comenzaron y las ventas ya son todo un éxito.

Música cristiana, libros sobre la palabra de Dios, buena atención y bajo todas las condiciones requeridas por la Municipalidad, los jóvenes se lanzaron a la venta de este tradicional menú misionero.

Con mucho entusiasmo Nicolás contó que ambos están terminando el secundario, los fines de semana están en la iglesia y ahora decidieron ganarse su propio dinero. Para él es terreno conocido el de la chipa, ya que desde chico vendía las que hacía su madre. Ahora su madre vende en ferias y en la Costanera los fines de semana. El decidió hacerlas él y venderlas, pero ya no más en la calle, sino con un puesto. Invitó a Franco quien sin dudarlo decidió acompañarlo en este desafío emprendedor.

Ambos aseguraron que no solamente el trabajo los motiva, sino las ganas de contar sobre Dios a los que quieran escuchar. “La juventud también puede hacer otras cosas, como trabajar y hablar de Dios, porque muchas veces creen que solo podemos ir a boliches”, expresó Franco.

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