Desde Apóstoles ella pasó a buscarlos por Oberá y entre los tres, además de dos hijos menores (de 8 y 14 años) de la mujer, partieron sin prisa hacia la capital del país. Era la tarde del miércoles 24 de mayo de 2017.
Todo transcurrió normalmente -dijeron- hasta que en el puesto caminero Paso Cerrito -sobre la ruta nacional 14- en Entre Ríos, se complicó. La Peugeot Partner fue retenida para un control de rutina, la misionera al mando se puso bastante nerviosa, dudó ante algunas preguntas y eso dio paso a la intervención de un can detector de narcóticos, que terminó descubriendo la maniobra.
En el vehículo, que ante los controles pretendía dejar la imagen de un tranquilo viaje familiar, en realidad eran transportados 34 kilogramos de marihuana. Por eso sus ocupantes fueron detenidos, a excepción de los chicos, que recalaron en casas de parientes.
Pocos meses después, ella fue beneficiada con prisión domiciliaria en función de sus hijos pequeños a los que debía cuidar, pero sus hermanos no corrieron con la misma suerte.
Hace pocos días se realizó el juicio oral en el que los tres hermanos fueron condenados, pero a la mujer le dieron una pena de cinco años y seis meses, como autora de la maniobra, en tanto que a los hombres le impusieron una pena de dos años y medio como partícipes secundarios, ordenando en paralelo sus inmediatas liberaciones.

Supuesto engaño
La historia de los dos obereños supuestamente engañados por su hermana comenzó a escribirse a mediados del año pasado.
Tiene como protagonista principal a Sandra Marina Núñez (32), oriunda de la localidad de Campo Viera, pero con domicilio actual en la ciudad de Apóstoles; aunque con un rol secundario aparecen sus hermanos: Denis Damián Núñez (26) y Cristian Omar Esteban Núñez (29), ambos nacidos en Oberá, siendo habitantes del barrio Caballeriza.
Durante el debate oral, que se desarrolló en Tribunal Federal de Concepción del Uruguay, Entre Ríos, la mujer admitió que fue ideóloga y responsable del fallido transporte de marihuana. Contó que sus hermanos, supuestamente, desconocían la maniobra.
En esa línea, dijo que les pidió que la acompañaran, pero ellos (sus hermanos) no sabían nada, que recién se enteraron cuando los paró el control porque ella les había dicho que iban a Buenos Aires a ver a su mamá y un trabajo. Frente a los jueces manifestó que “fue una mala decisión”, que siempre trabajó, nunca hizo nada ilegal y estaba “arrepentida, porque mis hijos la pasaron mal por mi culpa”. En esa misma línea, declaró que aprovechó sus conocimientos de mecánica de autos para acomodar la marihuana, asumiendo toda la responsabilidad. “Yo los llevé a esto, los arrastré a los dos (hermanos) y estoy sumamente arrepentida”, dijo Sandra.
Tanto Denis como Cristian fueron consecuentes con sus dichos. El primero contó que aceptó viajar porque la invitación era para ver a su mamá y en ese momento no tenía recursos para ir por cuenta propia hasta Buenos Aires, debido a que cinco hijos estaban a su cargo y no ganaba mucho en su oficio de mecánico.
El otro, de profesión albañil, aseguró lo mismo, pero agregó que no sabía qué traía el auto porque su hermana vive en Apóstoles y ese día directamente pasó a buscarlo por Oberá, por lo que subió al auto y partieron.

Fallo condenatorio
Para los jueces Rojas de Di Pretoro, Jorge Sebastián Gallino y Roberto Manuel López Arango, eso es inverosímil. Cuando debieron dictar sentencia tuvieron en cuenta una serie de elementos que a su criterio aclaran el protagonismo que tuvo cada uno de los imputados, especialmente la mujer, que fue colocada en la escena con un rol destacado.
Pese a sus declaraciones, también entendieron que los varones no pudieron haber estado ajenos al transporte ilegal, puesto que los ladrillos de marihuana estaban distribuidos en los paneles de ambas puertas, debajo de los asientos y en los respaldos, en un compartimiento del tanque de combustible y en el piso del auto, cubierto solamente por una alfombra.
Eso, sumado a la declaración de testigos, uniformados y el resultado de las pericias hechas sobre los teléfonos celulares que cargaban los Núñez, los puso en una posición pasible de condena.
Fue así. Los jueces condenaron a Sandra Marina a cinco años y medio de prisión, manteniendo el régimen domiciliario bajo una serie de reglas de conducta, como no salir del país, adoptar oficio y fijar residencia. “Es evidente que la imputada era quien dominaba el hecho, tenía el señorío del mismo, concentraba el sí y el cómo, tenía las riendas del acontecer”, dice el fallo condenatorio.
En cuanto a los obereños, Denis Damián y Cristian Omar, determinaron que “ambos son partícipes secundarios. Tenían un rol distractivo ante un eventual control policial, para dar la imagen de un grupo familiar que se trasladaba a efectuar una visita a su madre”.
Fueron condenados a dos años y seis meses de prisión en suspenso por lo que judicialmente se ordenó la inmediata libertad, puesto que a diferencia de su hermana ambos permanecían privados de su libertad en una penitenciaría entrerriana.

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