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La vida de Oleg Sentsov, un cineasta ucraniano encarcelado en una prisión del Ártico ruso, corre grave peligro. Sentsov cumple este martes 100 días de huelga de hambre para exigir su libertad y en protesta por la encarcelación en Rusia de decenas de ucranianos a los que considera “presos políticos”. El gobierno ruso no ha dado por ahora ninguna muestra de que vaya a ceder a las peticiones de Sentsov.

Sentsov se había opuesto a la anexión rusa de Crimea y fue uno de los líderes de las protestas del Maidan en Ucrania, que en 2014 hicieron caer al régimen pro-ruso de Viktor Yanukovich. Rusia acusa al cineasta de ser miembro del movimiento de extrema derecha “Praviy Sektor” y de haber intentado cometer atentados terroristas en la ciudad de Simferópol, en Crimea.

Oleg Sentsov hace la V de la victoria durante su juicio en Rusia. / AP

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Tras la anexión rusa de la provincia ucraniana de Crimea, Sentsov, originario de esa región y conocido cineasta, volvió desde Kiev para protestar contra la ocupación de las fuerzas militares rusas. En una manifestación, dos meses después de la anexión, fue detenido. Fue trasladado a Rusia, donde fue juzgado y condenado el 25 de agosto de 2015 a 20 años de prisión por “organización y participación en un grupo terrorista”.

Organizaciones de defensa de los derechos humanos como Amnistía Internacional aseguran que el juicio fue una farsa de estilo “estalinista”. El gobierno ucraniano, la Unión Europea y Estados Unidos denunciaron la falta de garantías del juicio. Bruselas dijo que el proceso “violó el derecho internacional y las bases elementales de la justicia”. Sentsov denunció en su juicio haber sufrido torturas. El tribunal lo acusó de actos de sadomasoquismo.

Su presunto cómplice, Henadiy Afanasiev, se retractó durante el proceso judicial de las confesiones que había hecho durante la instrucción porque dijo que fueron hechas mientras era torturado por el servicio secreto ruso. Memorial, la más prestigiosa ONG rusa de defensa de los derechos civiles, dijo que “es evidente que Sentsov es un preso político”.

Activistas rusos muestran carteles con el eslogan "#Save Oleg Sentsovv" (lit. Salvemos a Oleg Sentsov) durante una marcha en Kiev, Ucrania./ EFE

Activistas rusos muestran carteles con el eslogan “#Save Oleg Sentsovv” (lit. Salvemos a Oleg Sentsov) durante una marcha en Kiev, Ucrania./ EFE

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A principios de junio, cuando Sentsov ya llevaba tres semanas en huelga de hambre, el presidente ruso Vladimir Putin dijo que “fue detenido en Crimea no por sus actividades como periodista sino por su participación en la preparación de un atentado”. La Administración penitenciaria rusa inyecta desde hace semanas a Sentsov, con su consentimiento, complementos vitamínicos.

Las voces que piden su liberación siguen aumentando. Escritores y cineastas occidentales exigen a Moscú que ponga fin al encarcelamiento. El Kremlin recuerda la gravedad de los cargos y que Sentsov no ha pedido el indulto. Hacerlo podría sacarlo de prisión (hasta el portavoz del Kremlin Dimitri Peskov así lo ha dicho en varias ocasiones) pero también sería un reconocimiento de su culpabilidad, que se niega a aceptar.

La prima de Sentsov, Natalia Kaplan, dijo en una entrevista a la agencia AFP que el cineasta “no piensa ni abandonar su huelga de hambre ni pedir a Putin el indulto. Moralmente es el mismo Oleg”. Kaplan mostró su alarma por el estado de su primo: “Oleg ha perdido la esperanza y ya no cree en su liberación”.

Activistas rusos piden por la libertad de Oleg Sentsov./ EFE

Activistas rusos piden por la libertad de Oleg Sentsov./ EFE

Su prima explicó que el ritmo cardíaco del cineasta es “muy bajo, de 40 latidos por minuto. Se queja de que le duele el corazón, de debilidad general e intenta no levantarse mucho para ahorrar fuerzas”. Su abogado, que ya lo llama el “kamikaze ucraniano”, dijo a la misma agencia que Sentsov está “dispuesto a morir”.

Los médicos de la prisión ya advirtieron a Sentsov que no lo dejarán morir y que si continúa su huelga de hambre empezarán a alimentarle a la fuerza por una sonda.

Una activista política rusa, Zoïa Svetova, pudo visitarlo en la prisión de Labytnangui (a unos 4.000 kilómetros al noreste de Moscú) y contó que Sentsov camina, ve la televisión, escribe y recibe “muchas cartas”. Svetova dice que Sentsov calcula haber perdido 17 kilos pero que los médicos de la prisión “dicen que son 11”.

Activistas rusas muestran carteles con el eslogan "#FreeSentsov" (Sentsov Libre) durante una marcha  en Kiev, Ucrania./ EFE

Activistas rusas muestran carteles con el eslogan “#FreeSentsov” (Sentsov Libre) durante una marcha en Kiev, Ucrania./ EFE

La periodista Ksénia Sobtchak, que pudo hablar con Sentsov a través de una videoconferencia a finales de junio, dijo entonces que el cineasta estaba “muy pálido, muy flaco” y que había perdido varios dientes.

El gobierno ucraniano ha hecho gestiones para obtener su puesta en libertad. El presidente Petro Poroshenko trató en junio el asunto con su homólogo ruso Vladimir Putin, adelantando la idea de un “intercambio de prisioneros” en el que pudiera incluirse a Sentsov. Una iniciativa que no se concretó.

Si Putin no cede y lo pone en libertad, Sentsov va camino a la muerte en una prisión de una de las regiones más frías del mundo, la península de Yamal, al borde del Ártico ruso.

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