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Un periodista se prepara para hacer una entrevista en pleno secuestro y ve que el secuestrador tiene su arma sobre el regazo en vez de apuntarle a la chica secuestrada. Entonces le dice al camarógrafo:

─¿Pedimos que le ponga la pistola en la cabeza?

Esa fue apenas una de las varias escenas documentadas en las que el periodismo cruzó burdamente la línea de la dignidad durante una situación extrema: ocurrió hace 30 años, en una toma de rehenes que empezó en la entonces Alemania Federal.

El episodio se registró entre el 16 y el 19 de agosto de 1988, duró 54 horas, incluyó una persecución internacional y terminó con 2 personas muertas.

Todo arrancó ese martes alrededor de las 8 en la sucursal del Deutsche Bank en Gladbeck, una ciudad de unos 75.000 habitantes.

El banco ni siquiera estaba abierto. Encapuchados y armados, Hans Juergen Roesnar (31 años) y Dieter Degowski (32) entraron igual, amenazaron a los empleados y demandaron plata.

La policía se enteró a las 8:04 por un llamado anónimo y logró rodearlos. Entonces Hans y Dieter tomaron 2 rehenes.

Las partes negociaron durante varias horas. Por la noche finalmente los 4 (delincuentes y rehenes) se subieron a un auto que les dieron y escaparon hacia el noreste con un botín de 300.000 marcos.

En el camino pasaron a buscar a Marion Loeblich, la novia de Hans. Cambiaron de coches. La policía les perdió el rastro. Al día siguiente en Bremen secuestraron un colectivo con 32 pasajeros. Llegó el periodismo y Hans dio una conferencia de prensa con el arma en la mano.

Contestándole a la prensa. (AP)

Contestándole a la prensa. (AP)

Luego enfilaron para Hamburgo en el micro. En una estación de servicio liberaron a los 2 empleados del banco de Gladbeck. Marion aprovechó para ir al baño y la policía aprovechó para detenerla. Dieter advirtió: O la sueltan en los próximos 5 minutos o matamos un rehén.

Lo primero no pasó y lo segundo sí: le pegaron un tiro en la cabeza a Emanuele di Giorgi, un italiano de 15 años.

Ya con Marion otra vez a bordo cruzaron la frontera hacia Holanda, abandonaron el colectivo y siguieron en otro auto que les proporcionó la policía alemana. Se llevaron 2 rehenes de 18 años: Silke Bischoff e Ines Voitle. Volvieron a Alemania y llegaron a Colonia.

Fotografiando al delincuente. (Captura video)

Fotografiando al delincuente. (Captura video)

Millones de personas seguían cada paso por los medios. Era un espectáculo.

Y Udo Roedel no se lo quiso perder.

Trabajaba para el diario sensacionalista Express y se acercó al lugar de los hechos, donde vecinos y periodistas rodeaban el coche mientras Dieter (pasado de cerveza y anfetaminas) gritaba que ya había matado a uno mientras le apuntaba a Silke.

Amenazando a la rehén. (AP)

Amenazando a la rehén. (AP)

Los reporteros metieron micrófonos y cámaras por las ventanillas y disparaban preguntas, Hans avisaba que no se iban a rendir y una fotógrafa se subía a una escalerita para conseguir un mejor ángulo.

De pronto un hombre de lentes y saco oscuro se puso a charlar con los delincuentes y terminó subiéndose al auto, al lado de Silke. “Esta historia es mía“, pensó.

Era Udo, el periodista. Estuvo unos 40 minutos con ellos, hasta que lo bajaron en la autopista.

Escasos kilómetros más adelante la policía tomó acción y los encerró. Hubo tiros. Uno, de Hans, le dio en el pecho a Silke, que falleció ahí mismo.

Udo fue al diario y escribió su historia.

“Si hay algo que me reprocho ─le dijo en estos días a la BBC─ es eso: llevé el voyeurismo mediático hasta el extremo. Aún me da vergüenza.”

Al año siguiente lo contrató Bild am Sonntag, el tabloide más grande de Alemania.

Pero al poco tiempo el Consejo de la Prensa Alemana consideró que en el episodio hubo varias faltas éticas y decidió prohibir las entrevistas a secuestradores en acción.

Fue una situación nueva para la policía y, por supuesto, para los medios. Ni siquiera nos frenamos a pensar qué estábamos haciendo.”

Udo Roebel, periodista

Hans, Dieter y Marion fueron detenidos. El 22 de marzo de 1991 un tribunal los condenó: Hans sigue preso, Dieter salió en febrero pasado y Marion pasó 6 años en la cárcel. 

Una banda alemana de rock surgió con el nombre de la chica asesinada, Silke Bischoff. Tras separarse, 2 miembros armaron otra propuesta musical y pasaron a llamarse 18 Veranos, por la edad que tenía Silke al morir. Y el grupo punk Emscherkurve 77 sacó una canción titulada Gladbeck: es una crítica al rol de los medios.

Fuentes: BBC, Documentary Channel, AP, El País de España, Deutsche Welle, The New York Times, The Guardian.

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