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Los institutos del CONICET están atravesando un momento crítico. Tanto, que 240 directores (de un total de 250) de estos institutos firmaron una carta que el pasado miércoles entregaron en la Cámara de Diputados. “El CONICET está al borde de la parálisis”, advirtieron. Uno de los problemas más graves es que a siete meses de transcurrido el 2018, los institutos aún no tienen presupuesto aprobado por el directorio del CONICET.

El reclamo reunió a los investigadores más destacados del país. A modo de ejemplo, entre los firmantes está la directora del Instituto de Biología y Medicina Experimental (IBYME), Damasia Becú, que entre sus investigadores tiene a Gabriel Rabinovich, investigador que hizo un aporte clave para el desarrollo de la inmunoterapia para tratar el cáncer. También figura Ernesto Calvo, director del Instituto de Química Física de los Materiales, Medio Ambiente y Energía (INQUIMAE), investigador que desarrolló los nuevos métodos de extracción de litio sin afectar el medio ambiente, una de las promesas energéticas del futuro.  También firma la carta Raquel Chan, directora del Instituto de Agrobiotecnología del Litoral (IAL). Esta científica desarrolló una soja resistente a la sequía que espera la aprobación de ANMAT para que empiece a comercializarse: una promesa para la producción agrícola.

“A esta altura del año 2018 los institutos han recibidos, a cuentagotas, cuotas presupuestarias que contienen una reducción nominal significativa respecto a los montos recibidos en 2017. Con estos presupuestos –advierte la carta- que no alcanzan para pagar servicios públicos, garantizar la limpieza y seguridad de las instalaciones ni para realizar reparaciones y mantenimiento básico de equipos científicos, los institutos no pueden subsistir”.

Este es sólo uno de los tantos problemas que enfrenta el CONICET. La carta también advierte que los salarios de los investigadores y becarios se encuentran entre los más bajos de la región: un becario postdoctoral –graduados universitarios de dedicación exclusiva- tienen un salario por debajo de los 24.000 pesos. Investigadores jóvenes, agrega la carta, perciben “salarios apenas mayores”. Y los investigadores formados se encuentran en una escala salarial “desjerarquizada”. Esto representa una gran dificultad a la hora de evitar un éxodo de científicos, que podrían conseguir un puesto en el exterior con salarios en dólares y mucho mayor poder adquisitivo. “Es imposible evitar un nuevo éxodo de investigadores altamente capacitados”, dice la carta. Pero el problema no es únicamente salarial: “Este éxodo está estimulado también por la brusca reducción en el número de vacantes disponibles en el CONICET para nuevos investigadores y becarios”.

Otros problemas están vinculados a la falta de financiación de proyectos de investigación científica y tecnológica. Esto repercute directamente en las investigaciones en curso. “Estamos funcionando en situación de emergencia total. Mientras en el 2016 el presupuesto aprobado para Ciencia y Tecnología fue 1,53% del PBI, en 2017 se redujo a 1,28%. Y este año va a ser menos”, graficó el investigador Mario Pecheny, uno de los investigadores propuestos para integrar el Directorio del CONICET, en diálogo con Radio Con Vos.

El investigador destacó que en este reclamo “no hay grieta”, y eso se ve en la cantidad de directores de institutos que elevaron el reclamo. “La gente que reclama es gente que ya tiene su vida hecha, nosotros vamos a seguir trabajando. Seguramente muchos se irán del país. Ya hay una fuga de científicos”, señaló. “La previsibilidad de poder encarar una carrera científica en el país era un horizonte. Eso se perdió. Hoy las posibilidades de ingresar a una carrera científica se convirtió en una quimera”.

Además, las dificultades se están viviendo en el día a día. “Tanto las universidades como el CONICET destina casi la totalidad del presupuesto al pago los salarios, entonces no queda nada para subsidiar una investigación. Se necesitan reactivos, insumos importados. Los salarios en sí ya son bajos, pero si no tenés dinero para reactivos eso implica una interrupción de las investigaciones, se pierden años de trabajo”, agregó.

El reclamo reunió a lo más destacado de la elite científica argentina. Entre los firmantes aparecen los nombres de algunos de los científicos más destacados que tiene el país, muchos de reconocimiento internacional.

A continuación, algunos logros de 5 científicos argentinos que apoyan el reclamo:

Damasia Becú, directora de Instituto de Biología y Medicina Experimental (IBYME) de la Ciudad de Buenos Aires. Entre los investigadores destacados que trabajan en ese instituto está Gabriel Rabinovich, reconocido internacionalmente por sus aportes para el tratamiento del cáncer. En diciembre de 2017 el presidente Mauricio Macri lo distinguió como Investigador de la Nación. Unos meses antes, la prestigiosa Academia de Ciencias de Estados Unidos lo nombró uno de sus miembros, por ser uno de los investigadores más destacados y creativos del mundo. Sus hallazgos permitieron nada menos que el desarrollo de la inmunoterapia, que habilitó uno de los grandes avances en la lucha contra el cáncer.

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Andrea Gamarnik directora del Instituto de Investigaciones Biológicas (IIB) de la Ciudad de Buenos Aires, que se dedica a investigar el dengue y el zica y trabaja en el desarrollo de una vacuna contra estas dos enfermedades transmitidas por el mosquito aedes aegipy. Gamarnik integra la Academia Americana de Microbiología y en 2016 recibió el Premio internacional L’Oréal-UNESCO “Por las Mujeres en la Ciencia”. Esta distinción le fue otorgada tras ser seleccionada entre 2.600 destacadas investigadoras y en la premiación se destacó que la investigadora logró describir mecanismos claves que regulan la multiplicación del virus del dengue

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Ernesto Calvo, director del Instituto de Química Física de los Materiales, Medio Ambiente y Energía (INQUIMAE) de la Ciudad de Buenos Aires, desarrolló un novedoso método de extracción del litio sin afectar el medio ambiente. En 2017 obtuvo el primer puesto del concurso internacional Bright Minds Challenge (Mentes brillantes), que se llevó a cabo en la ciudad de Amsterdam. El novedoso método que propone el científico -especialista en fisicoquímica, electroquímica y nanotecnología- consiste en extraer litio de salares de altura de manera eficiente, limpia y sostenible. Argentina tiene una de las mayores reservas de litio del mundo y se apuesta a este mineral como una de las promesas energéticas del futuro.

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Carlos Edmundo Lanusse, director del Centro de Investigación Veterinaria de Tandil (CIVETAN). Lanusse es un veterinario reconocido internacionalmente por sus avances en torno a la salud animal. En 2015 recibió el premio “Excellence in Research Award” otorgado por la World Association for the Advancement of Veterinary Parasitology (WAAVP). En ese momento se destacó su aporte al conocimiento dentro de las disciplinas Farmacología y Parasitología Veterinaria a través de numerosas publicaciones en revistas especializadas y capítulos en libros de la especialidad que han alcanzado gran repercusión mundial y a la formación de un grupo de trabajo que se convirtió en centro de referencia internacional en la materia.

Raquel Chan, directora del Instituto de Agrobiotecnología del Litoral (IAL) Santa Fe. El equipo dirigido por Chan logró repercusión internacional por el desarrollo de la tecnología HB4, que permite producir semillas resistentes a la sequía y fue la primera tecnología transgénica desarrollada 100% en la Argentina.  Chan recibió el Premio Konex en Biotecnología y el premio Jorge Sabato del Ministerio de Ciencia, Tecnología e Innovación Productiva de la Nación (MINCYT). 

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