[ad_1]

Gabriel Gudiño, tirado en el césped del Nuevo Gasómetro, agotado después de una corrida a fondo de casi 100 metros, celebraba la sanción del penal y al mismo tiempo pedía la pelota. Quería patear. Exigía el derecho que creía ganado por haber sido quien generó la infracción para una reacción de San Lorenzo en el momento más caliente del partido. Pero apareció Nicolás Blandi.

Es el capitán. Es el goleador. Es el que siguió jugando bien mientras el equipo generaba dudas. El que no titubea en el área y sigue haciendo goles. 

“Ni ahora somos los mejores, ni antes eramos los peores. Tenemos que seguir trabajando, con cosas para corregir, pero este es el camino y la idea que tenemos. Siempre es importante ganar y más de la manera en la que lo hicimos. Contra Lanús también habíamos jugado bien, pero por algunos errores puntuales se nos escapó el resultado. Esta vez lo que hicimos en la cancha se condijo con lo que obtuvimos”, resumió el delantero de 28 años.

Otra vez mostró todo su repertorio y dejó al desnudó las falencias de una defensa de Nacional muy lenta. En el primero de sus goles, el del 2-0 del Ciclón, aceleró a fondo, ingresó al área y sacó un bombazo. El segundo, el que cerró la cuenta y le da más aire para ir a Montevideo, fue de penal, con un toque certero hacia la izquierda de Conde, que voló al otro palo.

“Había mirado unos videos y sabía que se movía para desconcentrar. Por eso no lo miré: fui concentrado a la pelota y por suerte entró”, reveló sobre el penal. 

Y con la misma contundencia se encargó de aclarar la disputa con Gudiño por esa pelota que terminaría en el 3-1. “Somos compañeros: él lo quería patear, pero yo quería asumir mi responsabilidad. No hubo ninguna pelea, lo importante es el bien de San Lorenzo”. 

Y para que el equipo del Pampa Biaggio esté bien es clave Blandi.

Con sus dos gritos en la fría noche del Bajo Flores ante Nacional acumula 49 goles en 124 partidos. En la Superliga ya dejó su sello en la primera fecha contra Tigre y en la segunda frente a Lanús. Las dos veces se había ido con gusto agridulce por empates que no convencían.

Ahora la sensación es otra. Sus goles valen un triunfo, Y pueden convertirse en el pasaje a cuartos de final.

[ad_2]

Fuente

COMPARTÍ ESTA INFO CON TUS AMIGOS