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Mientras el plantel de Banfield desayunaba en un hotel de la Ciudad Vieja de Montevideo, Julio César Falcioni llegaba al Hospital Italiano para realizarse una nueva sesión de rayos. El protocolo del tratamiento era muy claro y no había lugar para privilegios. En la sala, daba lo mismo si el paciente era una abogada, un arquitecto, una docente o el entrenador de un equipo de fútbol. Aunque el resto del día le deparara un camino diferente a cada uno.

El plan de Falcioni estaba claro. Y con un par de llamados terminó de concretarlo: llegó a Aeroparque después del mediodía y se subió a un avión rumbo a Montevideo.

Una semana antes, en la conferencia de prensa posterior al 2-2 del partido de ida ante Nacional por la fase inicial de la Copa Libertadores, con el último hilo de voz que le quedaba, le ponía cierre a la charla con un argumento tan lógico como inesperado. “A la mañana hice rayos, más tarde quimio y después tuve el estrés del partido”.

Falcioni se acerca y le da indicaciones a Nicolás Bertolo. (Foto: AFP).

Falcioni se acerca y le da indicaciones a Nicolás Bertolo. (Foto: AFP).

El reglamento de la Conmebol, el ente que regula todo lo que pasa en las Copas Sudamericana y Libertadores -entre ellas las inclusiones indebidas de los jugadores, algo de lo que se habla mucho por estos tiempos-, exige que sea el entrenador del equipo quien brinde la conferencia de prensa posterior a cada partido.

Ya en la noche fría y lluviosa de Montevideo, después de una dura eliminación, de aquella sesión de rayos matutina en el centro porteño y del viaje en avión contra reloj, Falcioni volvió a sentarse frente a los periodistas y, aclarando que no podría continuar debido a su afonía, se descargó contra el árbitro brasileño Sandro Ricci por no haber sancionado un penal muy claro que pudo haber cambiado la historia de la serie.

Falcioni entró a un quirófano del Hospital Italiano el 13 de diciembre de 2017 para una operación que esperaba sería de rutina. Que no demandaría una recuperación exigente. Es más, ya tenía las vacaciones planeadas para un par de días después de la intervención. Pero el rumbo cambió cuando los médicos detectaron que el problema en la laringe no era tan sencillo como parecía. Los detalles privados será el propio Falcioni quien decida si los hace públicos, cuándo y de qué manera. Aquí la historia es otra.

El martes, en Florencio Varela, el venezolano Marlon Escalante, cuarto árbitro del partido entre Defensa y Justicia y Banfield, por la ida de los octavos de final de la Copa Sudamericana, se acercó a Falcioni y le dijo que no podía hacer lo que estaba haciendo.

Se habían jugado apenas 5 minutos y los médicos del equipo local atendían a Jonás Gutiérrez (sí, justo otro que tuvo que atravesar un delicado momento de salud) quien finalmente salió reemplazado. Falcioni, a pocos metros, intentaba darle una indicación a Rodrigo Arciero y, como el lateral derecho no lo escuchaba, agarró un pequeño megáfono -ya lo usó en entrenamientos y lo llevó al partido contra Gimnasia del último sábado por Superliga- para ayudarse.

La escena duró un par de segundos. Lo suficiente para que uno de los jueces le enrostrara al entrenador la letra fría de los reglamentos por “alterar el normal funcionamiento del partido”. Lo suficiente también para generar una imagen que se viralizó en las redes sociales. Pero esta vez no se trató de un meme sin gracia. Ni siquiera es el taburete en el que se sienta Marcelo Bielsa o esos detalles accesorios que maquillan a un partido de fútbol. Aunque la repercusión pueda resultar efímera de la misma forma.

Al finalizar el 0-0 en Florencio Varela fue Sebastián Battaglia, ayudante de campo de Falcioni, el que habló con los medios. Para que eso fuera posible el delegado del partido debió dejar asentado en la planilla oficial que por “motivos de salud del entrenador” sería su asistente quien acudiría. Si esa explicación no figura en la planilla, Banfield -en este caso- recibe una multa económica.

Acá la historia es diferente. Alcanza con recordar lo que pasó el lunes. Luego de la derrota de Boca ante Estudiantes, Guillermo Barros Schelotto suspendió su conferencia de prensa argumentando “afonía”. En ese caso, bajo la órbita de la AFA, ni siquiera es necesario presentar una razón. Cuántas veces el entrenador de un equipo se retiró de una cancha sin hablar por el motivo que fuera.

La Conmebol, en cambio, tiene un reglamento y lo respeta a rajatabla. Una buena decisión. Más aun viniendo de un organismo que ofrece siempre el ejemplo. Un ente que jamás decidiría reducir sanciones disciplinarias por un motivo tan justificado como cumplir 100 años. Al que no se le cruzaría por la cabeza cobijar a dirigentes corruptos.

“Me dijeron que en partidos de Conmebol no lo puedo usar -escribe Falcioni vía WhatsApp acerca del megáfono-. Ojalá cambien de postura y me dejen”.

Con este panorama, Falcioni podría usar el megáfono (¿hace falta aclarar que lo usa por necesidad y no por placer?) en la cancha de Banfield contra Patronato, pero no podrá hacerlo en el mismo escenario unos días más tarde frente a Defensa y Justicia, en la revancha de la Sudamericana. Suena muy lógico…

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