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“Los 550 millones son un salvavidas para un enfermo grave que además se estaba ahogando. Con este salvavidas dejará de ahogarse pero seguirá estando muy grave”, dijo a Clarín el biólogo Alberto Kornblihtt, director del Instituto de Fisiología, Biología Molecular y Neurociencias que depende del Conicet y de la UBA. Se refiere al refuerzo presupuestario que el Ministerio de Ciencia, Tecnología e Innovación Productiva de la Nación anunció este miércoles luego de que la comunidad científica se manifestara frente al Congreso y alrededor de 250 directores de institutos que dependen del Conicet difundieran un comunicado en el que advertían que la entidad “está al borde de la parálisis”.

Según sostuvo este miércoles el secretario de Planeamiento y Políticas del ministerio, Jorge Aguado, el refuerzo se dispuso a través de “una decisión administrativa del Poder Ejecutivo Nacional” y se haría efectivo a partir de septiembre. “Alcanza para garantizar el funcionamiento del Conicet: les comunicamos a los directores de los institutos que se queden tranquilos porque esto cubrirá las paritarias, las becas y la ejecución de los proyectos en marcha”, aseguró el funcionario. Aguado dijo a Clarín que el refuerzo sería de 500 millones de pesos aunque los científicos consultados sostuvieron que se les informó que la partida presupuestaria será de 550 millones de pesos.

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Andrea Gamarnik dirige el Instituto de Investigaciones Bioquímicas de Buenos Aires, que depende del Conicet, y fue una de las firmantes de la carta en la que los directores expresaron su preocupación por el “estado de emergencia” de esa institución. “El refuerzo es algo positivo en este contexto, pero es un paliativo que va a cubrir un pequeño porcentaje de los compromisos que el Conicet ya tenía asumidos”, reflexionó. Y dio ejemplos de la crisis que denuncian los investigadores: “El año pasado presentamos un proyecto del que participarían diez grupos de investigación y que requería de un millón de pesos por año para llevarse adelante. Nos lo aprobaron y hasta ahora no recibimos ni un peso para hacerlo funcionar”.

Según describió Gamarnik, distinguida con el premio internacional L’Oréal-UNESCO “Por las Mujeres en la Ciencia” entre 2.600 investigadoras destacadas, ese proyecto buscaría “entender cómo el virus del zika causa la enfermedad y buscaría herramientas como drogas o vacunas para establecer estrategias anti-virales”. “Todo ese presupuesto dependía del Conicet”, confirmó la viróloga. Aunque ya transcurrieron casi ocho meses completos del año, el instituto que encabeza recibió sólo el 40 por ciento del presupuesto que tiene asignado.

“Es bueno que el gobierno haya escuchado el reclamo de la comunidad científica en la importante manifestación frente al Congreso y en la carta de 250 directores de institutos del Conicet”, sostuvo Kornblihtt, que definió la partida presupuestaria extraordinaria como un “salvavidas” y agregó: “Baste recordar que en 2017 el refuerzo para el Conicet por encima de lo aprobado por el Congreso fue de 1.009 millones pero el dólar a fin de 2017 estaba a 18 pesos y la masa salarial que cubrir era obviamente menor”. Según explicó, esa masa era menor no sólo porque la inflación hizo crecer nominalmente los salarios, sino también porque “sigue creciendo el número de personas que integran el Conicet, aunque el ritmo de ese crecimiento baja”.

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“Los principales problemas subsistentes son los salarios y becas extremadamente bajos que desalientan a los jóvenes, la dramática pérdida del poder adquisitivo de los subsidios para investigación dado que se han fijado en pesos y hubo grandes devaluaciones, el hecho de que los insumos para la investigación son importados y se pagan en dólares, y la imposibilidad de compra y renovación del equipamiento, incluso con partidas aprobadas, ya que esas partidas no siguieron la devaluación”, reflexionó Kornblihtt. Y también dio ejemplos: “Un anticuerpo de los que usamos en nuestro laboratorio cuesta 300 dólares en Estados Unidos y 900 acá, por los derechos aduaneros y los impuestos“.

El instituto que encabeza Kornblihtt, junto con otros grupos de investigación, había conseguido la aprobación de la compra de un microscopio con dos terminales que cuesta 800.000 dólares y que, explica el biólogo, “permite ver las moléculas dentro de las células e investigar así enfermedades neuro-degenerativas y cáncer”. “Fue aprobado pero la burocracia demoró tanto la compra que ahora la partida en pesos alcanza para la mitad de lo que cuesta el equipo porque hubo una mega-devaluación”, sostuvo.

“El refuerzo servirá para una parte de todo lo comprometido. Pero el tema más profundo es analizar la concepción que se tiene de la ciencia y la tecnología en un país. Si se quiere dar un presupuesto para mantener algo a flote y que no desaparezca, o si querés que el país se apoye en la ciencia y la tecnología para salir adelante: esa es la discusión”, reflexionó Gamarnik.

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