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“Cuando se apague la luz, estaré con los niños, enseñándoles qué pasa cuando se enciende y deseando que se les encienda. Pero para mí ya no. Y espero que cuando se acabe no me encuentren”, avisaba Víctor Valdés en agosto de 2015, cuando una lesión ligamentaria lo había alejado del arco del Barcelona y de la gran exposición pública. Tres años después, cuando la luz del fútbol profesional ya se apagó para él, ahí está: enseñándoles a los niños y deseando que la luz se encienda para ellos.

El ex guardavalla del seleccionado español (fue campeón en el Mundial de Sudáfrica 2010 y la Eurocopa de Polonia-Ucrania 2012) inició hace dos semanas su primera experiencia como entrenador. Lo hizo en la Escuela Deportiva Moratalaz, un modesto club ubicado en el sudeste de Madrid cuyo labor está orientada a la formación de niños y adolescentes. “Es una etapa ilusionante. Empezar con chavales siempre es bueno”, afirmó Valdés, quien se encuentra a cargo del equipo Juvenil A.

Los primeros días de labor fueron acompañados por un éxito deportivo, ya que su conjunto se quedó con el Madrid Youth Cup, un certamen de pretemporada en el que intervinieron equipos de la región como Atlético de Madrid, Leganés y Alcorcón y algunos invitados como la selección de Yokohama (Japón), rival al que derrotó en la final.

Valdés, de 36 años, obtuvo su licencia UEFA A y B, que le permite entrenar a equipos de categorías juveniles, a fines de mayo, tras realizar un curso de seis semanas destinado a futbolistas que integraron el seleccionado español o que jugaron al menos ocho temporadas en la Liga.

En las aulas del predio que la Real Federación Española de Fútbol posee en el municipio madrileño de Las Rozas, compartió experiencias, saberes y aprendizajes con otros hombres con destacado pasado en la Roja como Raúl González, Xavi Hernández, Xabi Alonso y Marcos Senna.

La carrera deportiva y la vida del arquero catalán, que defendió durante 12 temporadas la valla de Barcelona, con el que obtuvo 21 títulos, cambiaron radicalmente el 26 de marzo de 2014, cuando, en una maniobra sin mayor riesgo ni exigencia, sufrió esa maldita lesión durante un partido ante Celta en el Camp Nou por la 30ª fecha de la Liga de España.

La maniobra que derivó en la lesión, desafortunada en su desenlace, se gestó en una intervención del guardavalla que terminó siendo su condena: a los 22 minutos del primer tiempo, cuando el Barsa ya ganaba 1 a 0 con un gol de Neymar, el árbitro Miguel Ángel Ayza Gámez sancionó un penal para el conjunto gallego por una mano del brasileño Adriano que había sido cometida claramente fuera del área.

Valdés, capitán del equipo esa noche, reclamó airadamente y Ayza Gámez terminó cambiando su decisión. El tiro libre del chileno Fabián Orellana fue controlado por el arquero, que en la caída sufrió la rotura del ligamento cruzado anterior de la rodilla derecha. “Esa falta cambió mi vida. Si hubiese sido penal, seguramente no me habría lesionado. Cambiaría ese día, no haber sido el capitán, porque sin el brazalete seguramente no habría ido a pedir que lo sacara del área. Nunca lo olvidaré”, lamentó Valdés un año más tarde.

Pese a estar lesionado, Valdés abandonó Barcelona al final de esa temporada y partió hacia Manchester United. En Inglaterra recién volvió a una cancha 10 meses más tarde, el 26 de enero de 2015, en un partido con el equipo sub-21 de United frente al de Liverpool.

Pero por diferencias con el entrenador del club inglés, el holandés Louis Van Gaal (quien lo había dirigido en el Barsa), jugó muy poco (apenas dos partidos en el equipo principal) y terminó marchándose a mediados de 2015 a Standard Lieja de Bélgica, en el que su actividad también fue casi nula. Su último club fue el Middlesbrough inglés, antes de retirarse a fines de 2017.

“La lesión me hizo volver a sentir lo que es la vida no siendo futbolista. Los futbolistas vivimos una vida irreal. Afortunadamente, volví a la vida real, a pagar un café, a tocar monedas y esa cura de humildad me ha servido”, contó Valdés en una entrevista en agosto de 2015, cuando su carrera entraba en su recta final. Ahora, ya definitivamente instalado en esa vida, su energía está orientada en la formación.

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