¡Corran. Corran. Me hincó. Corran!”. Las últimas palabras de Claudia Dino (27) fueron para poner a salvo a sus hijos. Luego dio algunos pasos hacia un montículo de piedras, se dejó caer y minutos después murió desangrada como consecuencia una certera puñalada en el tórax que recibió de parte de su concubino, Daniel Omar Salvayot (18), frente a una de sus mejores amigas.
El hecho sucedió el sábado a la noche en el barrio Municipal de la pequeña localidad de San Martín de Tours, distante unos 20 kilómetros de Oberá. Es un asentamiento donde la joven madre vivía junto a los pequeños desde hace alrededor de tres años y medio, cuando decidió escapar de la violencia que sufría a manos de una pareja anterior.
No bastó. Se convirtió en la cuarta víctima de femicidio en Misiones en menos de dos meses y, al igual que durante los golpes que recibió anteriormente, los niños también fueron testigos de la secuencia devenida en muerte. Se mancharon las manos defendiendo a su madre de la furia del padrastro y hasta imploraron que deje de lastimarla.
Por estas horas, los cuatro menores permanecen al cuidado de una tía materna sin poder entender qué pasó. Pese a las carencias, también son contenidos por los vecinos que permanecen estupefactos aunque creen que fue un final anunciado.

 

Relación resquebrajada
El asesinato fue cometido pocos minutos antes de las 22 y quienes conocían los vaivenes de la relación hablan de una muerte que se veía venir. Es que el vínculo se habría vuelto conflictivo, cargado de reclamos que daban paso a frecuentes peleas, incluso en los espacios que ambos compartían casi con la misma pasión, como la cancha de fútbol.
Los conocedores de su historia coincidieron en que la inesperada muerte de un bebé durante el parto, hace poco más de cinco meses, potenció las discusiones.
“Se destrataban tanto al punto de que ella habría llegado a confesar varias veces a una amiga sus intenciones de separarse, de rehacer su vida de una manera tranquila, junto a sus hijos, pero después de cada enfrentamiento terminaban juntos”, señalaron.
Tampoco hubo denuncias policiales por violencia doméstica, aunque los dos poseen antecedentes por peleas callejeras y enfrentamientos en espacios sociales.
Desde el entorno del acusado aseguran que la víctima “lo humillaba, lo golpeaba frente a sus propios amigos”, en tanto que allegados a ella sostienen que “en los ataques de furia que tenía, el acusado amenazaba con matarla”, hasta que finalmente habría cumplido.
En ese contexto ocurrió el crimen, interpretado por los vecinos del barrio como “una emboscada con premeditación”. Cuentan que Salvayot esperó detrás de un baño tipo letrina a que ella regresara de la iglesia y la atacó sin dar muchas explicaciones. Pero antes de consumar el hecho “se tomó el trabajo de llamar a su madre avisando que había matado. Después ejecutó el plan”, dicen.
 
“Empezó a tirar cuchillazos”
María Alejandra Tachile (23) salió en defensa de su amiga, pero no pudo salvarla de la muerte porque también debió esquivar las estocadas que lanzaba el acusado, dijo. Es testigo directo.
Con lágrimas en los ojos recordó que “estaba en casa cuando me llamó una conocida, desesperada. Me pidió que mire por Claudia porque él (por Salvayot) había llamado a la madre diciéndole que ya la había matado. No había luz, por eso agarré el teléfono celular y fui rápido hasta su casa, noté que estaba lo más bien e incluso me dijo que recién había llegado de la iglesia”, fueron sus primeras palabras.
Y continuó: “Me pareció raro que este tipo haya dicho eso, porque él siempre la amenazaba pero nunca cumplía, por lo que le devuelvo a la llamada a esta amiga para decirle que no se preocupara y cuando salgo, por la parte de atrás, veo que él estaba detrás del baño con un cuchillo en la mano. Me asusté. Le grité a Claudia, para informarle que estaba él ahí, escondido. Ella salió rápido y le reclamó a los gritos, que qué estaba haciendo ahí, por qué siempre involucraba a otra gente y que le entre en la cabeza que si tenían que arreglar las cosas, tenía que ser en la casa”.
María observó todo y su relato es contundente y escalofriante. “Él también empezó a gritarle cosas, intercambiaron insultos y la apuñaló, sin más. Solamente mi teléfono alumbraba algo, pero pude ver cuando le clavó el cuchillo en la panza a mi amiga por lo que salté encima para frenarlo, pero no pude. Empezó a tirar cuchillazos para todos lados y hasta esquivé un par. En eso los chicos salieron, comenzaron a gritarle que deje a su mamá, que no la mate, se sumó mi marido a los golpes y tampoco pudo frenarlo. Estaba enceguecido”, detalló.
Pero el drama continuó y recordó que “con sus últimas fuerzas, Claudia caminó unos pocos metros, se desplomó entre unas piedras que hay al costado de la casa y les gritaba a los chicos ‘¡Corran. Corran. Me hincó. Corran!’. Yo trataba de calmarla, de parar la hemorragia con una toalla y él (por el acusado) aprovechó para escaparse en moto. En el camino otros vecinos quisieron tumbarlo a piedrazos, pero no pudieron. Mientras eso pasaba me quedé con ella, para que no se duerma, esperando la ambulancia que nunca llegó. Claudia murió ahí, con sus hijos llorando sobre su cuerpo”.

 

Buscó ayuda con su familia
El periplo de Salvayot por la zona a modo de prófugo duró alrededor de siete horas. Estando en la clandestinidad llamó a su mamá -que estaba en el paraje Isolina, de San Ignacio, junto a su padre- para pedirle que regrese.
Mientras tanto, deambuló por casas de algunos parientes, en la zona del Kilómetro 20 -más conocido como El Mástil-, contando que un rato antes había peleado con un tal Negrón y que defendiéndose de un ataque, lo apuñaló.
Cuando sus padres llegaron a la casa se enteraron de la intensa búsqueda policial y no mucho tiempo después cayó el acusado, con la misma versión.
Supuestamente se enteró en ese momento de que su concubina estaba muerta e, incluso, ante eso, manifestó deseos de matarse. Para la mayoría en el pueblo, forma parte de una treta para confundir a los investigadores.
Lo cierto es que después de permanecer alrededor de una hora y media con su familia, sus progenitores decidieron entregarlo a la Policía, que llegó inmediatamente con patrulleros para trasladarlo hasta una celda de la Comisaría de San Martín. Los detectives incautaron el cuchillo que presuntamente utilizó para cometer el crimen, en tanto que las presuntas manchas de sangre de su pantalón serán peritadas para saber si son compatibles con material genético de la víctima.
Esperará que la titular de Juzgado de Instrucción Uno de Oberá, Alba Kunzmann de Gauchat, decida citarlo a la instancia indagatoria. Podrá, en ese ámbito, extender su defensa contando cómo fueron los hechos que colocaron al tranquilo pueblo en mapa nacional de los femicidios.
“No quiero que los separen”
Los cuatro hijos de Claudia, de 12, 10, 7 y 3 años, están ahora al cuidado de Miriam Fernández, una de las tías maternas que por el momento tendría la custodia temporaria, pero su intención es obtener cuanto antes la tenencia definitiva.
Su casa está ubicada a pocos metros de la de Claudia, por eso fue testigo de los padecimientos de los chicos. Sabe que se enfrentará a un camino largo, pero está segura de lo que quiere.
“No sabés lo que sufrieron estos chicos, a pesar de que su mamá hacía de todo para mantenerlos. Lo que tuvieron que atravesar ahora es terrible y sabiendo que en muchos casos como este los menores van a parar a los hogares de tránsito hasta tanto alguien los adopten, yo deseo con todo el corazón hacerme cargo de ellos y poder tenerlos juntos, que crezcan teniéndose entre hermanos”, dijo Miriam.
En ese punto, agregó: “Tengo dos hijos, mi casa no es grande, pero amor sobra. No quiero que los separen. No se merecen crecer lejos unos de otros”.
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