¡Deberían estar jugando, no muertas!” se escuchó gritar una y otra vez a Paola Cácere, inmersa en profundo desconsuelo. Es mamá de Ludmila, la nena de 7 años que murió el domingo a la mañana junto a su prima, Tatiana (10), en el incendio de una precaria casa de madera en la Chacra 146 de Posadas.
Las dos niñas fueron sepultadas a media mañana de ayer en el cementerio La Piedad. Sus amigos del asentamiento y allegados directos no pudieron controlar sus impulsos, menos aún los familiares que se aferraron a los ataúdes antes de que los coloquen en nichos distintos.
Un pastor ofició las ceremonias religiosas, realizadas por separado aunque unificadas por el dolor causado por ambas pérdidas. En medio de todos, la hermana de 13 años (Selene) que había quedado a cargo de los niños no paraba de culparse por lo sucedido. “Fue mi culpa. Perdón. No pude sacarlas. Pobres mis chiquitas”, repitió varias veces abrazada a sus hermanos menores, sobrevivientes de la tragedia al igual que ella.
“Es un momento demasiado doloroso para todos, no sólo para la familia. La muerte de estas nenas se dio de una manera horrible a pesar del tremendo esfuerzo que hicimos para sacarlas de la casa. No puedo borrar de mi cabeza los gritos desesperados de las dos, cuando el fuego avanzó. Pero fracasamos, con todo lo que eso implica y duele el doble cuando se trata de criaturas inocentes que deberían estar disfrutando de su infancia”, opinó una vecina del barrio.
En esa línea, con lágrimas en los ojos, otra mujer acotó que “será momento de apoyar a esas madres, en primer lugar, pero después cada uno analizará qué responsabilidad le cabe. No es correcto dejar a niños tan chicos sin el cuidado de algún adulto, pero no es la primera vez que pasa y seguro va a seguir pasando, sobre todo en el contexto de pobreza en el que cientos de familias que tienen que salir a ganarse el pan”.
 
Rescate fallido
Cuando se produjo el siniestro los cinco menores estaban solos, debido a que su madre y padrastro habían viajado hacia la localidad de Jardín América, se informó oficialmente.
Minutos después de las 6 de la mañana, dormían aún cuando un cortocircuito en la rústica conexión eléctrica generó el chispazo que en minutos cubrió de fuego el inmueble de ocho metros de frente por siete de fondo, según lo determinado por los peritos de la Comisaría Séptima que intervinieron el área después de los bomberos.
Los cuerpos calcinados estaban uno sobre otro sobre lo que quedó de una de las camas cuchetas y los vecinos aseguran que Tatiana murió tratando de despertar a Ludmila.
“Salimos con mi marido pero el fuego había agarrado completamente la puerta y la ventana, que eran las únicas formas de entrar o salir. Empezamos a tirar agua, otros trataban de romper la pared pero fue imposible”, contó Ana Esquivel, asegurando que “la disposición de los espacios en la casa terminó siendo una trampa porque la única puerta estaba en la parte donde se inició el fuego. Los chicos que pudieron salir sufrieron algunas quemaduras”.
De acuerdo a su relato, una vez a salvo los sobrevivientes narraron que lo último que vieron fue a Ludmila tratando de despertar a Tatiana. “Estaba por salir pero como la prima no se podía despertar ella volvió y empezó a sacudirla. No pudieron salir. Los cuerpos estaban sobre lo que quedó de la cama”, recordó.

Asfixiadas
El titular del Juzgado de Instrucción Dos, César Yaya, ordenó la realización de autopsias por medio de las cuales a última hora del domingo se confirmó que murieron asfixiadas por inhalación de monóxido de carbono. Los forenses del Cuerpo Médico del Poder Judicial trabajaron hasta entrada la noche y después, entregaron los cuerpos a los progenitores.

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