A los 18 años, el 27 de marzo de 1982, la vida de Gabriel Massei cambió para siempre. Mientras realizaban el servicio militar cerca de Comodoro Rivadavia, a los 120 conscriptos del Regimiento de Infantería les ordenaron cargar bolsones y frazadas para zarpar. Nadie les dijo cuál era el destino, ni cómo sería la misión. Apenas, la orientación de un periodista que sostenía que marcharían a las Islas Georgias del Sur y Sandwich del Sur. Unas horas después llegaría la explicación: estaban viajando a la Guerra de las Malvinas.

A 38 años de aquel terrible enfrentamiento que costó la vida a 649 argentinos, 255 británicos y tres civiles isleños, más otros en la postguerra, Massei, ex piloto campeón en diversas categorías del automovilismo, detalló para LA NACIÓN su experiencia en Malvinas. La fecha, siempre especial, también lo es por otro motivo. En plena cuarentena por el coronavirus, el homenaje en Marcos Juárez, su ciudad, no podrá ser. Aunque anoche sonó la sirena de los bomberos para recordarlo a los protagonistas. «Acá hay 20 ex combatientes y tenemos una gran relación. Siempre se hace algo, aunque ahora estamos con lo de la pandemia«, puntualiza.

Tiempo de recuerdos. Lo primero que hizo Massei fue arrojar al mar la chapita identificatoria con su nombre. «Yo sabía que no iba a morir«, dice. Llegaron a las islas el día del desembarco y permanecieron entre Ganso Verde y Darwin. Les decían que iban a «aniquilar» a los ingleses. Viviendo en una escuela, las madrugadas pasaban entre simulacros de alerta roja. Gabriel se emociona al recordar al teniente primero Esteban y a cada uno de sus compañeros. No dice más que maravillas de ellos. En una barranca cercana al mar sintió de cerca la muerte. Ruidos, confusión, desesperación. La frase es espeluznante. «Sentimos un zumbido de tres aviones que nos pasaron por arriba de la cabeza tirando balas de metralla. Picaban en el agua. Nos salvamos de milagro«.

Durante la guerra, a las trincheras de los soldados argentinos se las llamaba «pozos de zorros». «Viví en uno durante 15 días, en el parque de una casa pegada al mar«, revela. Acechados por las bajas temperaturas, en San Carlos eran 46 los soldados. Apenas un grupo de jóvenes sin más recursos que un FAL y un puñado de cargadores. «Ahí tumbamos dos helicópteros, y otro fue averiado«. A pesar de la disparidad, de San Carlos lograron escapar de las fragatas misilísticas. «Al día de hoy no entiendo cómo no nos mataron. Nos tenían en sus manos. Mi explicación es que no quisieron«, cree.

¿Cuáles fueron los momentos de mayor temor a lo largo de 69 días cargados de angustia? «Uno fue el 1º de mayo, cuando los ingleses atacaron por primera vez. Pensé que se terminaba todo. Y otro, el 21 de mayo, cuando estando de guardia vi venir a los barcos ingleses«, dice.

La guerra llegaba a su fin. Los recuerdos siguen siendo nítidos. «El jefe inglés tomó una radio nuestra y se comunicó con nuestro jefe. Le dijo: ‘Si no se rinden hundimos al pueblo con todos adentro’. Y recibimos la orden de rendirnos. Nos tomaron prisioneros y nos llevaron a un galpón donde guardaban ovejas. En ese momento pensé que habíamos sobrevivido«, sigue Massei. Luego los llevaron a un barco, y los argentinos pusieron un cartelito en la puerta del camarote: avisaban que si les daban comida ellos podían pagarles con dinero que había llegado en encomiendas. Massei, con conocimiento de inglés, oficiaba de traductor y estableció una relación con dos soldados enemigos. «Ellos querían matar a Leopoldo Galtieri, no a nosotros. Les dábamos lástima«, detalla. Nunca tuvo miedo estando prisionero. Es más: antes de partir hacia la Argentina los británicos lo despidieron con un abrazo. «Hoy lamento mucho no saber los nombres de ellos», se emociona.

Gabriel Massei (sobre el margen izquierdo de la foto), durante la Guerra de las Malvinas

La crudeza del relato conmueve. «Estábamos a años de distancia de ellos», dice. Era una batalla con chicos de 18 o 19 años contra soldados formados y rentados con tres años de instrucción. Gabriel dice que en él no hay espacio para el odio. «Nunca lo tuve, no tengo resentimiento. Los conscriptos éramos unos pobres chicos. Yo escuché a los ingleses decir que les dábamos pena porque estábamos muertos de hambre y sin ropa. La última cena en el barco llegando a Uruguay fue inolvidable: nos dieron helado de postre«.

Al regresar a casa, el apoyo de su papá fue vital. Nacido el 13 de noviembre de 1963 en Marcos Juárez, Córdoba, desde muy pequeño Gabriel iba a las carreras de karting con Osvaldo, que también fue corredor. De hecho, en 1982 fue campeón de la Fórmula Entrecor. Ocupaba la mente ayudando en el campo, manejando el tractor. Y encontró en el automovilismo un motivo para seguir adelante. Allí no sólo compitió, sino que además celebró seis títulos al hilo en la extinta Fórmula 2 Nacional. En su extenso recorrido compitió contra, entre otros, los hermanos Di Palma, Luis Minervino y René Zanatta. «Este último me enseñó muchísimo, siempre me ayudó. Me dejaba que lo siguiera en la pista para mirar los movimientos«, detalla

«Arranqué en 1986 y Carlos Contín me dio la posibilidad de sentarme en un auto», agradece. Massei debutó en Concordia un 20 de abril. Rememora con alegría a sus amigos fierreros, como Rubén Guerini. «Y fue hermoso el hecho de manejar un coche fabricado por Oreste Berta. Él me enseñó mucho, junto a Guillermo Maldonado«, detalla.

El extenso currículum de Massei incluye la Fórmula Súper Renault, varios años en las distintas clases de Turismo Nacional y la Fórmula Entrerriana. «Fueron tiempos hermosos. Recuerdo con cariño los títulos y la gente con la que trabajé». Sólo le quedó una espina: » No pude saltar al TC 2000 por una cuestión presupuestaria. Nunca tuve la plata que hacía falta», dice. Ya en los últimos tiempos se dio el gusto en el Turismo Pista 1600 entrerriano. En 2017 fue subcampeón y en 2018 se coronó.

En 2019, cansado, Massei se alejó de las competencias. Hoy disfruta en Marcos Juárez de Stefano y Agustina, sus hijos, y de su esposa, Roxana, con la que se casó el año pasado. Sigue preguntándose por qué pasó todo, pero siempre encuentra motivos para ser feliz.

Fuente: La Naciòn

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