El viejo ferrocarril de la Línea Urquiza conectaba la Ciudad de Buenos Aires con Posadas, pasando por varias localidades ubicadas casi en tu totalidad al borde del río Uruguay. Pasajeros cuentan sus experiencias mientras sueñan con poder volver a subirse una vez más a esos vagones que dejaron huellas en sus vidas.

 

Su sonido era inconfundible. Los niños y adultos lo esperaban ansiosos en cada pueblo para darle la bienvenida. Su andar se fue haciendo más lento con el paso de los años, pero hasta sus últimos días su figura fue igual de imponente, con los colores celeste y blanco en ocasiones confundiéndose con las banderas argentinas que lo aguardaban en las estaciones para recibirlo.  Todos los que lo conocieron no admiten debate en ese punto: “El Gran Capitán es más que un tren”. Sí, en presente. Porque son los pasajeros, que no aceptan el prefijo ex, lo que lo mantienen vigente en cada anécdota que cuentan y se resisten a hablar en pasado por miedo a que termine definitivamente por caer en el olvido.

 

El Gran Capitán fue como se conoció popularmente al ferrocarril de la línea Urquiza que conectó la Mesopotamia partiendo desde la Ciudad de Buenos Aires hasta Posadas, pasando por las provincias de Entre Ríos y Corrientes, conectando 50 localidades, de las cuales 29 tenían paradas fijas y con una tarifa de bajo costo. La línea tal como se la conoce quedó constituida en 1949 y en las primeras dos décadas había que hacer un cruce obligatorio en barco desde Zárate hasta Ibicuy, o viceversa. Hasta que en la década del 70, el ferry fue reemplazado por el Complejo Ferrovial Zárate (norte de la Provincia de Buenos Aires) – Brazo Largo (Entre Ríos).

A casi 10 años de último viaje, pasajeros vuelven a subirse a bordo de la locomotora invitados para contar sus historias de viaje y explicar cómo lo que a la vista parece ser un simple tren, terminó por dejarles una marca en sus vidas.

 

“Gracias al Gran Capitán me reencontré con quien hoy es mi esposo”

 

Cuando Claudia escucha hablar del Gran Capitán, la primera palabra que se le viene a la mente es “amor”.  Nació en la Patagonia, pero los caminos de la vida la llevaron a la gran ciudad, Buenos Aires, donde por iniciativa de una amiga comenzó a trabajar como moza en el tren Urquiza, recorriendo los vagones, ofreciendo agua para el mate, bizcochitos y café con leche en los días fríos a los pasajeros mientras el ferrocarril se adentraba en la Mesopotamia. Fue justamente uno de esos viajes el que le cambió la vida para siempre.

 

El tren quedó varado en una estación de Misiones con olor a chipa. Un cartel nos decía que estábamos en una estación llamada Apóstoles y ese lugar me recordó a alguien, a mi amigo Pedro que hace muchísimo no veía. No tenía celular, no tenía dirección, no sabía si ese lugar era el Apóstoles que él me había contado. Quedamos un día varados hasta que el tren se arregló y continuamos el viaje.

COMPARTÍ ESTA INFO CON TUS AMIGOS