La veda rige desde el viernes a las 8. Macri hizo su último acto en Vicente López, y Alberto F. en Córdoba. Ambos esperan convencer a los indecisos y poder volcar la balanza a su favor.

Termina la primera fase de un proceso electoral dominado por la incertidumbre. Desde las 8 de la mañana del viernes regirá la veda que prohíbe los actos proselitistas. En 48 horas se celebrarán las PASO, que -como su nombre lo indica- nacieron para dirimir las internas de los partidos. Sin embargo, ninguna de las 10 fuerzas o frentes que se presentan elegirá a su candidato presidencial por esta vía.

Sin embargo, la tensión está latente, en un escenario signado por la polarización. En esta batalla está en juego el poder en la Argentina por los próximos cuatro años, y oficialistas y opositores coinciden en que estas primarias podrían funcionar como una suerte de primera vuelta y la elección general, como un hipotético balotaje. En la Provincia esa hipótesis adquiere otra dimensión, porque -sin balotaje- en octubre se definirá la elección para gobernador.

Mauricio Macri, de todos modos, apuesta por lo bajo a una victoria en tres tramos. En el Frente de Todos hablan -cada vez más en voz más alta- de un triunfo en primera vuelta.

Durante la campaña el Presidente y Alberto Fernández lograron concentrar las expectativas y agudizaron un escenario de polarización. Ambos cerraron ayer sus campañas en dos distritos fundamentales, y esperan volcar de su lado a los indecisos.

Macri eligió el Centro Asturiano de Vicente López, un distrito amigable dentro de la Provincia, la madre de todas las batallas, para acompañar a María Eugenia Vidal. Sin balotaje y, según los propios sondeos que comunican en el oficialismo, la gobernadora tendrá dificultades para retener el principal distrito electoral del país. En la víspera de veda, el macrismo apostó a las redes y lograr ser tendencia con: #YoVotoMM y #YoVotoAlGato. Es esta estrategia, el propio Macri bromeó en su discurso con este apodo peyorativo que le inventaron sus opositores.

El candidato kirchnerista optó por Córdoba, el segundo distrito nacional. Eligió el estadio Orfeo, donde Cambiemos cerró la campaña de la general en 2015. Aspira a mejorar la performance que el kirchnerismo consiguió ese año y condicionar las chances del oficialismo; que hace 4 años edificó su victoria en la provincia mediterránea.

Cristina Kirchner, en tanto, eligió acompañar a su candidato a gobernador, Axel Kicillof, en el cierre de la campaña bonaerense, en Merlo, antes de partir a Santa Cruz, donde votará el domingo. La ex presidenta no volverá para estar en el bunker de Fernández en Chacarita.

La otra fuerza que busca arrimarse al podio es Consenso Federal, de Roberto Lavagna y Juan Manuel Urtubey, quienes eligieron la localidad de San Martín, en el Conurbano, junto a Eduardo “Bali” Bucca, el candidato a gobernador. Cerca del ex ministro de Economía se entusiasman con dar una sorpresa el domingo.

Resta saber qué performance tendrán José Luis Espert y Juan José Gómez Centurión, que según los análisis esmerilan las chances del Gobierno. También qué caudal cosecharán las opciones de la izquierda, el FIT Unidad y el Nuevo MAS.

Juntos por el Cambios insistió hasta el último momento para imprimirle un carácter épico a la elección. El objetivo es que la ciudadanía concurra a votar. En el Gobierno temen que la participación en las PASO se acerque a la de 2015, cuando fue del 72%. Saben que entre los votantes que se ausentan en las primarias y acuden a la elección tienen un perfil más oficialista que opositor. Estiman que una victoria del Frente de Todos por una diferencia importante podría sacudir al mercado, el dólar, incidir en los precios y hacer más tortuoso el camino a las generales de octubre.

Los Fernández, en cambio, apelan a las muestras de unidad y al músculo del peronismo. Al apoyo de los gobernadores en el interior y de los intendentes del PJen el Conurbano.

El Presidente permanecerá el viernes en Olivos mientras el equipo de campaña que coordina Marcos Peña compartirá un asado en su búnker de la calle Balcarce. En el entorno de Fernández no tenían planes.

Las sospechas del Frente de Todos que denuncia ante la Justicia electoral una posible manipulación del escrutinio provisorio por parte del Gobierno alteró el cierre de una campaña, que -para todos los actores- fue más calma de lo que se anticipaba.

El Ejecutivo accedió a que haya veedores judiciales para verificar el escrutinio, que se realizará con el software de la empresa Smartmatic. El Gobierno acusó al kirchnerismo de “querer” embarrar la elección. La oposición habla de fraude. Este domingo se terminan las palabras y las acusaciones cruzadas.

 

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