El régimen de Teherán, que en un principio rechazó las acusaciones de que un misil había atacado el Boeing, admitió tres días después que la Guardia Revolucionaria había derribado la aeronave por error. Y desde entonces enfrenta protestas en las calles.
“Se han realizado extensas investigaciones y algunas personas están arrestadas”, dijo hoy el portavoz judicial Gholamhossein Esmaili en declaraciones citadas por medios iraníes, aunque no aclaró cuántas personas habían sido detenidas ni las identificó.
Por su parte, el presidente Hassan Rohani pidió la formación de un tribunal especial para investigar: “La judicatura debería formar una corte especial con un juez de alta categoría y docenas de expertos. Este no es un caso corriente. Todo el mundo estará mirando a esta corte”.
Rohani además describió lo ocurrido como un error “doloroso e imperdonable” y dijo que su gobierno investigaría “por todos los medios”. “La responsabilidad recae en más de una persona”, añadió y afirmó que los que fueran declarados culpables “deben ser castigados”. También aseguró que ordenó acelerar las pesquisas para conocer cuanto antes las causas y prometido tanto a las familias como a los países con nacionales entre las víctimas que “el gobierno seguirá el caso con todas sus capacidades y poderes”.
La noticia llegó en medio de una seguidilla de manifestaciones en los últimos días lideradas por iraníes indignados por el derribo del avión el miércoles pasado y los aparentes intentos de altos cargos del gobierno por ocultar la verdad. Videos difundidos en internet parecían mostrar a las fuerzas de seguridad empleando munición real y gases lacrimógenos para dispersar protestas.
El avión, que volaba hacia Kiev, capital de Ucrania, llevaba a 167 pasajeros y nueve tripulantes de varios países, incluidos 82 iraníes, 57 canadienses (muchos iraníes con doble ciudadanía) y 11 ucranianos, según las autoridades. Había varios niños entre los pasajeros, incluido un bebé.
Irán atacó el avión mientras se preparaba para una posible respuesta estadounidense a su lanzamiento de misiles balísticos en dos bases iraquíes en las que había tropas estadounidenses estacionadas y en represalia por la muerte en Bagdad del general Qassem Soleimani, el militar de mayor rango de Irán, mediante un ataque aéreo estadounidense.
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