En medio de la pandemia de coronavirus y ante la actitud del presidente Jair Bolsonaro, 25 de los 27 gobernadores de Brasil se reunieron por teleconferencia para acordar medidas contra la pandemia por fuera del gobierno nacional.

 

Los gobernadores brasileños tomaron así clara distancia del presidente Jair Bolsonaro, quien este miércoles a la mañana acusó al paulista Joao Doria de hacer «electoralismo» con la estrategia de la cuarentena y   culpó al conjunto de crear «pánico» e «histeria». 25 de los 27 mandatarios declararon que van a mantener las reglas de aislamiento social, pese a los cuestionamientos del jefe de Estado.

 

Así surgió de una teleconferencia realizada entre 26 mandatarios de estados provinciales, que se «autoconvocaron». Todos, sin excepción, acordaron implementar los protocolos de la Organización Mundial de la Salud.

 

No hubo el más mínimo contenido ideológico en las decisiones adoptadas por los gobiernos. No existió diferencia entre los gobernantes que pertenecen a partidos de derecha, de centro y de izquierda. Las autoridades de los Estados, que representan todo el arco político brasileño, unificaron sus posturas.

 

Wilson Witzel, social cristiano de Río de Janeiro, declaró: «El aislamiento del presidente Jair Bolsonaro, creció de forma exponencial esta semana. Y la crisis sanitaria provocada por el coronavirus pone en duda, cada vez más, su capacidad para continuar al frente del cargo. Los próximos días serán cruciales».

 

Renato Casagrande, de Espírito Santo -del centrista Partido Socialista Brasileño– sostuvo que «el pronunciamiento de Bolsonaro fue desconectado de las orientaciones de los científicos, de la realidad del mundo y de las propias acciones del Ministerio de Salud. Él confunde y menosprecia, además de dificultar el trabajo de los Estados y de los municipios. Desprecia los efectos de la pandemia y muestra que el país está sin dirección».

 

Con la misma dureza se expresó Ronaldo Caiado, del derechista Demócratas y gobernador de Goiás (el Estado donde está precisamente Brasilia). «Fui un aliado de Bolsonaro de la primera hora y durante todo el tiempo. Pero no puedo admitir que ahora venga un presidente de la República a lavarse las manos y responsabilizar a los demás por el colapso económico o por la falta de empleos que pueda acontecer en el futuro», enfatizó el gobernador.

 

«Esto no forma parte de la postura presidencial. Un estadista debe tener el coraje de asumir las fallas. No puede responsabilizar a los otros», agregó y fue durísimo al final: «No voy a tener más diálogo con ese hombre. Las cosas precisan llegar a un punto final».

 

Desde un ángulo de 180 grados, el gobernador de Piauí, del Partido de los Trabajadores, dijo: «Es muy difícil no manifestarse frente al discurso del presidente del país. Va en contra de todas las recomendaciones de la Organización Mundial de la Salud. Nosotros vamos a seguir los dictados comprobados por la ciencia. Mantendremos todas las medidas de prevención que buscan evitar la difusión del Covid-19».

 

La radicalización del presidente Bolsonaro, no sólo en su mensaje del martes por la noche sino, peor aún, en sus violentas críticas al gobernador Doria, testimoniadas en un video, colocó al jefe de Estado en una crisis más acentuada y abierta. Dividió aguas en el debate que el gobernante trató de instalar: la economía versus la cuarentena. Su postura llevó inclusive a su vicepresidente, el general Hamilton Mourao, a buscar una diferenciación.

 

«Debe quedar claro que todos nosotros defendemos, hasta el presente, el aislamiento y el distanciamiento». Luego señaló que, a su juicio, las palabras de Bolsonaro no fueron las que expresaban mejor el pensamiento del gobierno. Sostuvo entonces: «Lo que él buscó fue poner de relieve la preocupación que tenemos todos nosotros con la segunda ola de la epidemia que es la cuestión económica. La primera, la actual, es la salud».

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