Diego Orlando Spagnuolo, ex titular de la Agencia Nacional de Discapacidad (Andis), atraviesa días de incertidumbre. Asegura que desde el Gobierno le ofrecieron el patrocinio de estudios de abogados a través de emisarios, pero que rechazó la propuesta. Aún así, no define si enfrentará solo la investigación judicial o si buscará una salida negociada en calidad de “imputado colaborador”.
Quienes lo rodean describen a Spagnuolo en un estado de “miedo por su vida” y una mezcla de bronca y decepción con la cúpula libertaria. Se siente traicionado por Javier Milei, por su hermana Karina, por los Menem y por la ministra Sandra Pettovello. “Si yo hablo, armo un quilombo padre”, confió a un allegado, aunque por ahora mantiene silencio público y evita responder a la prensa.
Su círculo íntimo afirma que solo firmó tres licitaciones durante su gestión, incluida la de limpieza, que recayó en la misma empresa que había ofertado el mejor precio. “El resto estaba en manos de Garbellini”, subrayan. La sospecha en torno a quién lo grabó alimenta tensiones dentro y fuera de la Casa Rosada: se menciona a sectores kirchneristas, a exaliados como Marcela Pagano o incluso al consultor Fernando Cerimedo, a quien Spagnuolo apunta directamente.
En paralelo, surgieron versiones de que borró los mensajes intercambiados con Javier y Karina Milei en los teléfonos entregados a la Justicia. Sus defensores lo justifican: “Todos tenemos nuestra vida en los celulares. Tiene lógica que los haya eliminado”.
Mientras tanto, sus vínculos personales se reducen: su ex pareja vive en España, su madre en Bahía Blanca y su hermano atraviesa problemas de salud. En ese contexto, Spagnuolo confiesa a sus amigos que buscaba limpiar el área, anular pensiones irregulares y volver al sector privado, pero terminó “usado y metido en un baile que no era suyo”. Hoy, el exfuncionario define en soledad si se presentará ante la Justicia como arrepentido o si intentará recomponer puentes con el Gobierno.